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Llevaba ya tiempo oyendo un ruido de fondo, y ayer sobre las once conseguí identificarlo. Es algo así como una risa que a ratos se convierte en carcajada, y la voz que la profiere lleva en su fondo el residuo de muchas voces, órdenes y gritos. Aunque parezca imposible, he llegado a la conclusión que el extraño sonido viene de Londres, y cuando lo escucho, también una media sonrisa cruza mi cara, la de la comprensión que siempre hace más digerible la tristeza, el "yo te lo dije". Se lo dije a todo el que quiso escucharme, en este mismo blog, en el otro y en el de más allá. Y ahora, si nos fiamos del pasado, quedan nueve años de espera. A ver si transcurren rápido.
Anoche terminamos los Soprano. Está al nivel del Padrino, con lo que queda dicho todo.Hoy robo. Magnífico texto de Boyero sobre los finales de algunas películas:
Connery cantando su himno antes de ser despeñado del puente, ante la conmovida y orgullosa mirada de Caine en El hombre que pudo reinar. El jocoso e irrebatible "nadie es perfecto" de Con faldas y a lo loco. La despedida entre el Gordo y Eddie Felson, la negativa suicida de éste a pagar la lacerante deuda a su socio capitalista, la seguridad de que ya no es un perdedor aunque le espere el destierro y la ruina en El buscavidas. La puerta que se va cerrando y que deja sin causa y en definitiva soledad a Wayne en Centauros del desierto. Bacall despidiéndose del pianista, del brazo de Bogart y con Brennan llevándoles las maletas en Tener o no tener. La enloquecida Gloria Swanson bajando por las escaleras mientras que Stroheim grita "acción" en El crepúsculo de los dioses. El desolado Nino Manfredi diciéndole a José Isbert que nunca volverá a matar a un reo y éste respondiéndole con escepticismo: "Eso dije yo la primera vez" en El verdugo. Viridiana, su primo y la criada jugando a las cartas en Viridiana. Paco Rabal aceptando la manzana mientras que empiezan a sonar los tambores de Calanda en Nazarín. Diane Keaton observando el tributo de los soldados al marido que le ha mentido, al nuevo rey, en El Padrino. La mirada rota de Pacino, sentado en un jardín invernal, recordando con dolor, en la segunda parte de El Padrino. Cable Hogue, el superviviente a ese desierto en el que encontró agua milagrosa, aplastado por el primer coche que ha visto en su vida en La balada de Cable Hogue. El dolorido relato que le hace a su estupefacto marido Anjelica Huston, en una noche nevada, sobre el perdido y verdadero amor de su vida en Dublineses. El paseo de Pike Bishop y su banda hacia el baño de sangre propia y ajena, reclamando a su amigo y sabiendo que van a morir en Grupo salvaje. La transformación de la llorosa cara de Mia Farrow viendo bailar en la pantalla a Fred Astaire y Gingers Rogers en La rosa púrpura de El Cairo. El desesperado Brando persiguiendo por la calle a su último y asustado tren vital en Último tango en París. Romy Schneider pronunciando el temido "te amo" al apaleado Fabio Testi en Lo importante es amar. Y el más grandioso y lírico que se ha inventado el cine. Ocurre en un aeropuerto con niebla, en una ciudad llamada Casablanca.
Bueno, parece que mi podólogo curroromeriforme ha conseguido arreglarme el pie, y tanto la cojera como el dolor van remitiendo poco a poco. Por eso es ahora el mejor momento para recordar la cantidad de comparaciones que he recibido en los últimos tiempos con el amigo House, y constatar lo lógicas que resultaban.
- Cojera. Pues ya lo conté por aquí, un puto papiloma en el pie, y los líquidos cáusticos utilizados por el matasanos para acabar con él que me impedián apoyarlo. A veces parecía más Long John Silver por la incapacidad para apoyar. Al menos he resistido sin el bastón de fuego.
Zapatillas de deporte. Debido a la maldita molestia no podía utilizar otro calzado que ese, aparte de unas alpargatas que habrán provocado el consiguiente despelote en el alumnado. Zapatas que por otra parte se veía bien, pues como Greg, disfruto/sufro ser un larguirucho.
- Barba guarripela. Esto no es consecuencia directa del poblemita, pero sí de segundo orden. Primero, porque las zapatillas ya no dan un aspecto muy elegante –especialmente si son blancas y no pueden lavarse porque no te puedes mojar el pie- y segundo porque cuando te duele te importa un carajo la pinta que tengas, la cuestión es que uno acaba dejándose, y ni mira la ropa, ni se afeita, ni casi se peina, ni ná.
- Abuso de los calmantes. Sin llegar a los extremos de nuestro colega, me he paseado por los Madriles durante dos meses con una tableta entera de Nolotiles en el bolsillo de la camisa. Y vive Dios que más de una vez, ante el latigazo, no he tenido más remedio que tirarlos para dentro. Qué buenos son.
- Mala hostia. Tras el trance, me creo a pie juntillas el lugar común de que los cojos tienen mala leche. Vas andando a impulsos, trastabillado, doliéndote cada paso, y lo único que piensas es en cagarte en los muertos de todo lo que te molesta. Y la verdad, es difícil encontrar algo que no lo haga.
- Equipo. Un poco traído por los pelos, pero la semana pasada vinieron a visitarme a Madrid tres amiguetes y una amiga. Visto el panorama, estuvimos un rato con la bromita de su papel de Wilson, Chase, Foreman y Cameron respectivamente.
- Genialidad. Lo único que no venía de serie con lo todo lo de más arriba. Hay que joderse.

Díálogo no fingido entre Rosa y yo. No sé si resultará tan divertido leído como para nosotros lo fue. Como no sé muy bien quién dijo cada cosa, pongo 1 y 2 y yatá.
1: ¿Has visto el tipo que mandamos a Eurovisión, el Chikilicuatre ese?
2: No, no me he enterado de quién es.
1: Un impresentable de Buenafuente, vestido de setentero guarro, con un pelucón, unas gafas infames y una melena infame.
2: ¿Y qué canta?
1: Lo único que me acuerdo de la letra es que dice “Perrea, perrea”.
2: O sea que vamos a hacer un ridículo lamentable, qué vergüenza.
1: Bueno, tampoco tanto, si tenemos en cuenta que los irlandeses han mandado a un tipo disfrazado de pavo.
2: Puf! Teníamos que mandar todos los años a Juan Pardo, ese sí que daba la talla.
1: Y Perales, ¿te acuerdas? ¡qué crack! Un año mandamos a uno y otro a otro.
2: Eso, que uno salga allí cantando con los niños, y el otro con lo del puto barco.
1: ¡Ni hablar! Si sale Perales, con “Y cómo es él” tenemos el premio casi asegurado.
2: En qué lugar se enamoró de ti…
1: De dónde es…
1: Por qué ha robado un trozo de mi vidaaaaa…
2: Es un ladrón, que me ha robado todoooo…
1: La verdad es que la letra no es muy buena, bien mirado.
2: ¿Por?
1: Porque es redundante. Si al final ya va a decir que se lo ha robado todo, resulta absurdo que se fije antes en cosas parciales.
2: Si, pero quizá al principio sólo se dio cuenta de un trozo, y después ya de lo demás.
1: Es verdad, de hecho yo oí una de las primeras versiones de la canciones, y la segunda estrofa decía que le había robado otro trozo de su vida.
2: ¡Claro, tenía nueve estrofas originalmente, ahora me acuerdo! Y los productores le dijeron que nanay, cuando oyeron eso de “Me robado el quinto trozo de mi vida”.
1: Al final lo que cuenta es la canción, después de todo. Podemos mandar al Chiki Chiki, pero con una que no falle.
2: ¿Qué tal el himno del Sevilla? No hay nada más sentido y más famoso que eso, y encima con la carga de simpatía del tío… Nos lo llevamos fijo.
1: No te creas, imagina que los irlandeses mandan al pavo cantando elYou’ll never walk alone!!
2: Cierto! Y sacan allí una olla gigante con un montón de pavos yendo, todos con las bufandas del Liverpool. ¡Lo tendríamos perdido!
1: Es verdad, qué chungo es ganar en Eurovisión…
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