Muerte y sólo muerte
Vuelvo a esta minitribuna después del descanso estival, donde mis ratos libres mentales se han concentrado en la resolución de un problema de mates que aún sigue aguantando tras dos meses de asedio. Por cierto, si algún lector tiene alguna idea de por qué los espacios f-locales, para f la proyección natural de la circunferencia en BZ/p, son K(G,1)’s, que la comparta conmigo. Ofrezco un tonel de Lacasitos si la cosa marcha.
La cuestión es que vamos a comenzar la temporada con un tema alegre de cojones, que es el siguiente. Cuando me muera, QUIERO QUE ME INCINEREN. Y si no, que me saquen los órganos que estén en condiciones –los pocos que queden- y los repartan por ahí. O que me inyecten medio litro de pentotal una vez que alguien haya certificado mi muerte. Cualquier cosa con tal de evitar la eventualidad de que me entierren vivo.
El principal motivo práctico por el que escribo esto aquí es el siguiente. Hasta hace poco, yo pensaba que para que te incinerasen tenías que dejárselo dicho a un notario o a alguien con algún tipo de poder legal. Mi pereza por buscar una notaría –aunque bien es cierto que debería, porque no tengo hecho testamento- sólo es comparable a la sensación de ridículo que sería decirle al tipo algo así como “Quiero dejar constancia legal de que quiero que me incineren”. Afortunadamente, hablando el otro día del tema, Rosa me dijo que basta con que hayas dejado bien clara tu voluntad cuando estabas vivo para que se haga. Así que lo proclamo bien alto aquí, porque sé de buena tinta que tengo lectores más jóvenes que yo que además llevan una vida más sana que la mía. Si os sobrevivo, dedicad un rato de vuestro tiempo a aseguraros de que me entierran muerto. Si por lo que sea estáis en el tanatorio hablad de este post, y si no os hacen caso, aprovechad el momento en que nadie mire para darme un buen tajo en la garganta, o ponerme una almohada contra la boca un par de minutos. Con eso sería suficiente.
Y es que mi miedo a la Muerte es cerval. No es miedo al dolor, ni mucho menos, ni al castigo, ni nada parecido. Es el hecho de que se acaba todo y no hay NADA. Todo lo que has sabido, todo lo que conoces, todo lo que vives, adiós. En su lugar, el cero. El cerebro se desintegra, deja de funcionar. La gente me dice “bueno, no hay nada, no vas a sentir nada”. Eso no me consuela en absoluto. Envidio a la gente que cree en algo después, pero ya estoy un poco mayor para el autoengaño: todas las pruebas apuntan a a que se acabó y basta. La verdad es que, ahora que lo pienso y reflexiono sobre ello, el sentimiento que tengo ante la Muerte no es de miedo, es de, cómo llamarlo, pena previa. Una pena inmensa, devoradora, desesperanzada. Con toda la dureza que da la finitud. Será por eso que siempre que me han hablado de qué pedirle a un genio de la lámpara (que no conceda metadeseos) haya pensado en la eterna juventud.
Sin embargo, si fallecer no me da miedo sensu strictu, me horroriza la idea de esperar la Muerte. Y en ese sentido, ser enterrado vivo, que a la claustrofobia une la imposibilidad de pensar en otra cosa, es para mí la más terrible de las pesadillas. Ninguna escena jamás me ha aterrorizado tanto, al menos en mi vida adulta, como esa de Kill Bill en que meten a Uma Thurman en la caja. Sólo me recuerdo a mí mismo en el cine de Zürich donde la vi, y la simple rememoración de la sensación me provoca temblores. Y las historias que corren por ahí de ataúdes arañados… No, por favor.
Así que ya sabéis, si no os caía mal, hacedme el mejor regalo semipóstumo y rematadme. Thanks in advance.
12 comentarios
Jordan Trunner -
Jordan Trunner
Mic -
Hay una solución híbrida que es definitiva despres de la mort: vaciado completo por dentro y después al horno. Las cenizas dicen que se pueden transformar en algo parecido a un diamante, aunque esto ya no sé si es muy científico...
Yo me quedo con el final híbrido (por si acaso la cago antes).
JL -
All that you fashion
All that you make
All that you build
All that you break
All that you measure
All that you feel
All this you can leave behind
All that you reason
All that you sense
All that you speak
All you dress up
All that you see
All you create
All that you wreck
All that you hate
Irene Adler -
All that you touch
All that you see
All that you taste
All you feel.
All that you love
All that you hate
All you distrust
All you save.
All that you give
All that you deal
All that you buy,
beg, borrow or steal.
All you create
All you destroy
All that you do
All that you say.
All that you eat
And everyone you meet
All that you slight
And everyone you fight.
All that is now
All that is gone
All that's to come
and everything under the sun is in tune
but the sun is eclipsed by the moon.
Y, bueno, según tú, es todo eso lo que se lleva la muerte...
Alberto -
Poe hablaba de una campanita con una cadena que llegaba hasta dentro del ataúd.
Cluje -
Lola, yo lo tengo clarísimo. Querría saberlo.
Glauka -
Míriam -
Miguel G. -
Ahí le has dado.
Yo te rebano el pescuezo, no te preocupes.
Lola -
Si alguien te dijera que sabe cuándo vas a morir, ¿querrías saberlo? Chunga pregunta. Unga.
blancohumano -
zuma -