Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
Comienzo con este una pequeña serie de posts sobre las canciones que llevo en mi lápiz, y que por tanto acabo escuchando casi seguro una vez al día. Pocas cosas pueden dar más pistas sobre mi estado de ánimo y sobre lo que me va interesando en cada momento, y además en general son canciones muy buenas, así que lo que escribo puede servirle a alguien. Allá vamos.
1. Pues es curioso, pero la que comienza la lista no sé ahora mismo como se llama. Es una cancion progressive, de esas que es imposible escucharlas quieto. Para no iniciados, el progressive es esa música discotequera que se caracteriza por descomunales subidas, habitualmente apoyadas en fuertes cajas y percusiones. La última vez que escuché esta canción sin ser en mi propio mp3 fue en un coche en Badajoz a toda pastilla -pues como previo de juerga no tiene precio- y me la dio a conocer un excompañero de piso de Barcelona, que la utilizaba para fines parecidos. Advertencia, no es “la canción de los tambores”, que esa sí sé como se llama.
2. Angelina, de Dylan. Prototipo de la canción misterio, una de las más extrañas y sobrecogedoras canciones de amor jamás escritas. Se desconoce a quien se la dirigió el maestro, y de no haber sido rescatada en las Bootleg Series, permanecería en el olvido de las profundidades más abisales, las de las viejas tiendas de discos de segunda mano, y las de la Red de Redes, quizá peores. Imágenes inolvidables, como “He visto trozos de hombre marchando a tomar el cielo, veo al jinete desconocido, al caballo blanco”. Y en medio de este desierto, de este valle de los gigantes, mientras la sangre se seca en nuestro pelo, vemos a esa mujer cuyos ojos serían el orgullo de una serpiente, que fue robada con tres años y que ya ha tomado venganza. Por ella le pediremos piedad a Dios y dormiremos en lugares malditos. Oh Angelina..
3. Take this waltz, de Leonard Cohen. La conozco desde hace casi quince años, cuando entró en mi vida en una de esas míticas cintas puercas; incompleta, mi incultura de aquella época (sólo ligeramente mayor que la actual) me mantuvo en la inopia sobre su autor hasta que me lo reveló Carlos un día que pasó por mi casa; más tarde averigüé que la jicha que le da un sabor tan especial a la última estrofa es la dulcísima Jennifer Warnes. Me compré I’m your man, un disco supremo, sólo para tener esta joya entera en la época pre-internet. Qué decir cuando se juntan dos genios como Leonard y Lorca en este vals donde hay un violín que a ratos suena a slide, donde manda el piano –a veces los vientos- y los coros proporcionan una oscura profundidad. Es una historia o monólogo de ansiedad y deseo, con algunos toques surrealistas y otros de una belleza que parece sencillamente imposible. Lo bailé, momento de una vida, con Rosa, aunque no en Viena sino en Barcelona.
4. Fallen, de Franz Ferdinand. No puedo decir mucho de este corte en particular, porque hace poco que entró, pero sí que muy pocas veces he sentido la sensación de alteración y torrente que provoca este grupo, que por cierto conocí como teloneros de U2 en el concierto de Madrid. Que en esas pésimas condiciones (de día, técnicos montando, la gente a otra cosa) consiguieran la atención del personal ya merece un monumento. Pero es que a veces dan sensación de fuerza incontenible, con la voz que parece aleatoria hasta que de repente entra en la línea armónica del guitarreo ametrallador. Difícil resistirse, y no recomendable para nostálgicos, depresivos motu propio o, en general, gente tranquila.
5. Amie, de Damien Rice. Una canción que me llegó de Francia, y que en su extrema sensibilidad esconde tesoros de delicadeza, contrapuestos con referencias sutiles al sadismo (vía O). Al final, como dice el mismo Damien, no es nada extraño, a veces en la vida lo más duro y lo más suave no están en realidad tan lejos. De nuevo violines, más dialogantes que en la canción de Cohen, y esa guitarra que este sensacional músico hace sonar con una cualidad solitaria terriblemente personal e intransferible. Un verso que me identifica en momentos no tan buenos: “Just a little soldier in my road to nowhere”. No he podido traducirlo de modo que no pierda su cualidad de desamparo, lo siento.
6. Je te mentirai, versión de Patrick Bruel y Cabrel. Quizá el estándar que uno piensa cuando se pregunta por una balada francesa, y que a mí me trae recuerdos de Barcelona y de un disco, iniciático, que se llamaba “Una mica de França”. Pero en su dulzura que linda los peligrosos terrenos de la sensiblería, uno encuentra, a veces, una sensación de sincero desvalimiento que, dependiendo del ánimo, puede recorrer subida en un triste piano los áridos terrenos de la (auto)compasión, la indefensión y la resignación. Una melodía para escuchar en esos momentos en que haces por alguien algo que nunca harías por ti, y que sabes que puede incluso humillarte, ensuciarte, hundirte en el fango. Pero lo haces, o comprendes a quien lo haya hecho.
Sigamos con las songuitas. Me gusta esto, aunque hoy es un poco tarde, y como decía Serrat, ha sido un gran día.
7. Desenchantée. Otra canción de baile, aunque creo recordar que la original no lo era. Y también con tendencias progressive, aunque menos puras que la anterior. Yo pensaba que era una canción personal, pero luego leí la letra y en ella Kate Ryan se refiere al desencanto de una generación. Y la protagonista lanza un desesperado SOS “Todo es caos a mi alrededor, mis ideales hundidos, sólo busco un alma que pueda ayudarme!!!”. Y los sintetizadores marcando una melodía repetitiva y desasosegante. Mi mayor recuerdo de esta canción está unido a una noche de juerga en Lloret, cuando retuve la melodía pero no la letra, y desée con todas mis fuerzas haber tenido a mi alrededor a la gente apropiada para disfrutarla. No era así.
8. The blower’s daughter. Segunda y última aparición de Damien Rice aquí. Seguramente la canción que más tiempo lleva globalmente en el lápiz, y de las pocas que salieron, breve tiempo, para volver a entrar. Para quien no la conozca, es la que abre y cierra Closer, una película que sin ser buena como tal, merece la pena por lo adulto y real de lo que propone; pocas veces una canción encajó tanto con un filme. He leído las interpretaciones más variopintas de este tema, incluso conectadas con leyendas celtas, pero la que más me creo y más me gusta es, sencillamente, que Damien se enamoró de la hija de su profesor de flauta cuando era niño, y retuvo el recuerdo para siempre. Quizá es la canción de todo el mundo que más me altera cuando la escucho, significa demasiado para mí como para que pueda hacerlo con tranquilidad.
9. Jungleland. Me referí a ella hace unos pocos posts, cuando la descubrí en directo en youtube. Como ya dije allí, me parece la mejor canción jamás compuesta por nadie, con ligera diferencia sobre Stairway y la rapsodia bohemia. Tomando como punto de partida un enfrentamiento entre bandas, Springsteen desarrolla una larguísima letra donde poco a poco la historia se va abriendo, como círculos concéntricos, con toques ambientales, simbólicos y filosóficos, de ambición inusitada para un simple tema. No parece exagerado decir que los gritos finales de Bruce son la expresión máxima de la mística del rock, agotados ya los temas del amor y la muerte. Musicalmente, la canción es casi una sinfonía: comienza con el sutil violín de Suki Lahav ambientado unas frases de piano de Roy Bittan que anticipan el Romeo and Juliet de los Dire con un toque marcadamente naïf. La primera estrofa, contenida, se cierra con los primeros golpes batería que introducen un ritmo marcadamente rockero; un crescendo contenido, con un par de highlights, que puntea el solo de guitarra de Stevie. Cuando concluye esa primera parte, entra el esplendor indescriptible del saxo del Big Man, con tres minutos estremecedores de virtuosismo sin par, a través de la cual evoluciona el tema de lo concreto a lo abstracto, de la alegría al sufrimiento, de la eficacia a la grandeza... moviéndose en las fronteras del jazz. Acabado el inolvidable solo, de nuevo levísimo teclado para enmarcar la voz lejana que nos habla de consumación. Y para rematar, subida descomunal, irrepetible, con los seis bramidos del Boss que son ya historia de la música. Un Presto para terminar. Como la Heroica.
10. Crawling. Linkin Park a la palestra. Poco puedo decir de ellos, salvo que es un grupo en el que me gustaría introducirme porque están llenos de energía. Me encanta ese organito que de repente es perturbado por auténticos alaridos que nos llevan a los momentos más desquiciados del pobre Kurt. Y en el medio, estrofas donde se entremezclan el tono cansino de Thom Yorke, la cualidad descarnada de la voz de Eddie Vedder y guiños hiphoperos. Un estupendo cóctel con el que creo me emborracharé más de una vez los próximos meses.
Desde pequeño siempre sentí devoción por Mortadelo y Filemón. Fue una de las lectuas favoritas de mi pequeña infancia, hasta el punto de que con gran frecuencia alguna frase, situación o palabra particular (colodrillo, por ejemplo) me trae automáticamente a la cabeza la imagen de los dos divinos calvos que más me han divertido en mi vida. Un tipo de conversación que tengo de tarde, y que siempre me resulta muy placentera, es juntarme con otro de la secta mortadelista y comenzar a recordar, en el convencimiento de que con dos pinceladas que a cualquier otro le sonarían a chino, el interlocutor rápidamente se meterá dentro de la aventura que toque. En esa secta, por cierto, Víctor es el sumo sacerdote. Como no podía ser de otra manera, guardo un especial cariño hacia la figura de Francisco Ibáñez; para los escasos que no lo sepan, el creador de los dos agentes. En mi opinión, una gloria nacional. Tuve la fortuna de conocerlo en uno de los Salones del Comic a los que fui en Barcelona, y ha sido de las pocas veces en mi vida en que he podido intercambiar unos momentos cara a cara con un ídolo. Aunque es justo decir que en los últimos años el nivel de sus tebeos –como a él le gusta llamarlos- ha descendido considerablemente, es diáfano que sólo por sus aventuras largas de los 70 (mayúscula su colección Ases del Humor) merece un sillón en una ficticia tabla redonda de los mejores autores del comic europeo. Si fuera francés o americano, seguro que habría tesis titulada “La caja de diez cerrojos: un enfoque sobre la globalización”, “Implicaciones de la máquina del cambiazo en la teoría cuántica” o “Los cambios morfo-fisiológicos en Safari Callejero”. Ayer, cuando iba a jugar el típico partidazo de los viernes, un amigo (que además lee el blog) me sorprendió no sabéis hasta qué punto con un regalo de Navidad inesperado: un ejemplar firmado por el propio Ibáñez. Tan impactado que me quedé que creo que no fui capaz de expresar mi agradecimiento como debería haberlo hecho. Así pues, sirva este post como un intento de redención ante mi falta de expresividad. Gracias, Luis.

¿Dónde pongo lo hallado?
En las calles, los libros
La noche, los rostros
En que te he buscado
¿Dónde pongo lo hallado?
En la tierra, en tu nombre
En la Biblia, en el día
Que al fin te he encontrado
¿Qué le digo a la muerte tantas veces llamada a mi lado
Que al cabo se ha vuelto mi hermana?
¿Qué le digo a la gloria vacía de estar sano
Haciéndome el triste, haciéndome el lobo?
¿Qué le digo a los perros que se iban conmigo
En noches perdidas de estar sin amigos?
¿Qué le digo a la luna que creí compañera
De noches y noches sin ser verdadera?
¿Qué hago ahora contigo?
Las palomas que van a dormir a los parques
Ya no hablan conmigo
¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros
Las noches, todos los amigos

Miércoles.
1. Morgen. La primera reunión en mi cubil de esa gente con la que convivo día a día en un almuerzo que es mucho más que un acto social. Pretexto cumpleaños y atractivo chocolate belga. Presencias inolvidables en un gran círculo, como podéis ver afortunadamente inmortalizado, aunque borroso, por mi cámara moribunda.
2. Afternoon. Mi primer consejo de departamento, luchando con éxito moderado contra Morfeo. La celebración en el más distinguido Reform Club de Getafe, con la socialización que más me gusta: la que está basada en escasos pero fuertes baluartes de prometedora relación, pronto amistad quizá. Ya voy conociéndolos a todos, a mis compañeros lejanos cada vez más sólo en la distancia.
3. Vespre. Inma, siempre luminosa, contando en un garito sin nombre la historia tremenda de sus abuelos, y de los que vivieron con ellos. Y también el Buenos Aires que ha visitado estos días, ella merece esta ciudad y viceversa. Un cómic de Maitena intacto sólo haasta mañana, un barril de batido de chocolate en un Vips, sonrisas patakieras por doquier y el tren que se fue demasiado pronto.
4. Nuit. Al fin Rosa, al fin solos, al fin el abrigo imposible, qué regalo Dios mío. Y un restaurante con fuente donde parecía que no había nada, qué mejor que el gran carpaccio y los gnocchi, señales inequívocas de que pasé de los treinta y del disfrute que espero encontrar una nueva época. Dio igual que las velas se apagasen, no necesito ya verla para saber que está.
Jueves.
5. Manhana. Sabios y divertidos, se reunieron en la churrería agonizante de Diego de León los pioneros blogueros futboleros, sabios y divertidos, con Borja en el camino y Galder en el recuerdo. Hubo análisis, recuerdos, puyas y proyectos, pero entre tanta risa se necesitaba sutileza para captarlos. Los que menos veo y sin embargo, día a día, más presentes están. Viva la Red.
6. Mediodía. Comida final, los mismos rostros, alguno menos y más, de ayer alrededor de los bombones, palidecen en la seguridad de que hasta el 2007 se convertirán en un espacio en blanco (otros, lejos, deberán llenarlos). Por eso, los sentí un poco más cerca en el comedor casi vacío. Y me faltó Elisenda.
7. Sera. El último pádel, extraña y apropiadamente, cuatro desde el principio hasta el final, y hay agradable impresión de que es gente para tiempo (y no sólo con una raqueta en la mano). Y despedidas, en pista, coche y metro, cada cual con previo más prolongado que el anterior, y que más corto a su vez se hacía.
8. Nox. El colofón, asistencia a recitado de poemas con fondo musical por amigos de la parte consorte, mucha gente a la que me alegré de volver a ver, atmósfera estupenda, alguna reminiscencia a Lorca y muchas veces Feliz Navidad, todas las que haga falta. E incluso una más, dedicada a ti que me estás leyendo.
Que cada uno ponga al lado los nombres que correspondan...
Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.
Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,
hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,
hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,
hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.
Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal,
mujeres fatal.
Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,
hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,
hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.
Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,
hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.
Hay mujeres que compran a plazos un nicho en el cielo,
hay mujeres que cambian abrazos por ramos de azahar...
Joaquín Sabina
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/