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Rosa me dice que tanta adicción no es normal, y yo la creo, tiene razón. Estamos hablando de mí, que la última serie con capítulos más o menos sucesivos que recuerdo haber seguido es Yo Claudio, allá por los últimos ochenta. Y ahora no sólo es que me esté convirtiendo en el primer cliente de Fox TV, es que por las noches buceo por internet buscando información, fotos, argumentos de los capítulos que no he visto, lo que sea, cuando hablo con la gente siempre sale el tema (y encuentro a otros como yo, que diría 091), recuerdo como si del Padrenuestro se tratase los horarios de los próximos episodios...
No sé por qué me hago el interesante con el texto, si ya habréis visto la foto que he puesto, ahora que lo pienso. Pues sí, me he convertido, como tantos hijos de vecino, en una víctima más de los trucos de prestidigitador del doctor Gregory House. Me siento delante de la tele, y siempre creo que sé lo que va a pasar: la mini-introducción contando el caso, la reunión en los primeros cinco minutos en el despacho donde todas las pruebas salen negativas y me pierdo en los tecnicismos del diálogo, las borderías del médico, las vueltas de tuerca argumentales, esas escenas médicas que incomodan tanto a mi novia... y el toque final de genio para curar al paciente de turno. Siempre lo mismo.
¿Demasiado fácil, verdad? Si así fuera, hubiera visto uno o dos capítulos (probablemente uno solo) y le hubiese dado carpetazo al asunto. Pero como ya habréis adivinado, hay algo más, o de hecho, muchísimo más. Muchas sutilezas. El extraño y triángulo de House con Cameron y Cuddy, donde hay mucho dolor, mucha admiración, el peso del pasado, atracción, caridad y lucha. Ese extraño y único amigo que intenta salvarle contra su voluntad, y es su solitario punto de contacto con esa relatividad que hace vivible el día a día. Y Foreman y Cameron, tensión, nada amistad y sin embargo Alison sintiendo la casi-muerte del neurólogo como si se le fuese un hermano.
Y esas réplicas... Me he dado cuenta de que mi reacción ante las frases cortantes de House es de tres tipos:
a) Carcajada
b) ¡Cómo se ha pasado!
c) ¡¡Sí señor!!
Pero cuando uno se ríe, ¿lo hace de la políticamente incorrecto, del ingenio, de la posición de estupidez en que queda el otro? Y si es de tipo b) ¿Se ha pasado por ser demasiado sincero? ¿Por hacerle conscientemente daño al otro? ¿Con motivo/sin motivo? ¿Por tener demasiada razón? ¿Por brusco? ¿Por duro? ¿Por autocompasivo? Y en el último de los casos, pues a veces es porque es así, porque quisiéramos ser los mejores en lo nuestro. O tener un poder cuasi-taumárgico para salvar vidas como él. O poder resumir toda su miseria y su grandeza en una línea (¡Las drogas me alivian el dolor y me permiten hacer mi trabajo!). O inspirar un respeto tan grande por tu sabiduría que todo lo mucho y malo que contiene tu personalidad acaba pasando a segundo plano.
Y claro, luego está todo ese rollo Holmes que para los devotos del gran Sherlock, como yo, son un antídoto infalible. Que ambos se planteen sus graves responsabilidades como simples problemas lógicos, por ejemplo. Que el primer paciente de House se llame Adler y el último a día de hoy, Moriarty. Y que éste le dispare y afirme regirse por sus mismas normas. Y que House no suene muy diferente de Holmes, y aún menos Wilson de Watson. Y drogadictos (ese capítulo en que sale pinchándose), melómanos... Hasta viven ambos en el 221B. Y, sobre todo, que los guionistas sean tan sumamente finos para meter todo esto sin que llame la atención...
Demasiadas cosas. Demasiado que pensar en cada momento, tras cada frase, cada mirada, cada caso, cada paciente. Demasiado profundo e inteligente para no asumir el desafío de ver cada capítulo procurando, digamos, que no se te escape más de la cuarta parte de lo que te están proponiendo. Demasiado lujo prescindir de ello.
Y luego, encima, ves el capítulo “Tres historias”, y ya, pues claro, te caes de culo. Y cuando te recuperas, pues no te levantas: te quedas de rodillas y, como un subnormal, un gimnasta o un mahometano, le haces reverencias a la tele pensando en los tipos que han hecho posible una cosa así. Qué genios, los cabrones.
PS: El trailer del primer capítulo de la tercera temporada. Se llama "Meaning".

Hacía alrededor de cinco años que no los veía, y hoy ha llegado el momento. Otra vez ese amanecer en el burdel, silencios y miradas. Y ese “Vamos a por él”, a rescatar al amigo torturado, su cuerpo exánime y sangrante. La convicción en los ojos de todos de que ese viaje era de no retorno, una lotería a vida o muerte sin boletos, asumida con la misma despreocupación con la que habían vivido. La despedida de esas putas que ya vieron la negrura en la mirada de los cuatro.
Dos insoportables minutos en que las cámaras les siguen bajo ese sol abrasador, en un pueblo anónimo, en una frontera que podría ser cualquiera. Toda la desolación del mundo está reflejada en la extraña apostura de estos caminantes decididos, representantes de un mundo que ya no existe, solos ellos con su libertad. Nunca vista tanta promesa de violencia como en esos fusiles sostenidos con aire desgarbado, pero firme; nunca salió tanto olor a matanza de una postal aparentemente tan pacífica.
Y lo más sorprendente es que cuando finalmente Pike, Dutch, Lyle y Tector llegan a la presencia de Mapache y ven delante de sí cómo su camarada es apuñalado cobardemente en la garganta, la orgía de sangre y muerte que se desencadena consigue superar la más siniestra de nuestras expectativas. Nada ahorra Peckinpah en estos cinco minutos para la historia del gran cine: ni el asesinato en masa, ni las mujeres usadas como escudos humanos, ni la agonía cruel de nuestros cuatro hombres, filmada con detalle escalofriante. Nadie ha retratado la violencia como él en ese final inolvidable: ese montaje frenético (cortesía también de Lou Lombardo) a las alturas de Marienbad o Memento, las subhistorias dentro de la propia masacre, la alternancia jamás igualada de cámara normal y lenta, la deconstrucción de la secuencia y consiguiente dilatación del tiempo fílmico hasta niveles inimaginables... Muchos lo han intentado después, pero el legado del maestro de Fresno continúa incólume. Como el recuerdo en mi cabeza de cuatro valientes.
¿Que no os creéis que sea para tanto? Pues echad un vistazo aquí.Hola! Sólo deciros que estaré una semana offline, porque vuelvo a Lisboa, una de esas ciudades de las que uno nunca se va del todo. Alfama y San Jorge...
Así, para que no me echéis mucho en falta, os dejo aquí un regalito maravilloso, que he sacado de aquí, donde también está el original inglés. El Ulises de Tennyson.
De nada sirve que viva como un rey inútil junto a este hogar apagado, entre rocas estériles, el consorte de una anciana, inventando y decidiendo leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro, que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy. No encuentro descanso al no viajar; quiero beber la vida hasta las heces. Siempre he gozado mucho, he sufrido mucho, con quienes me amaban o en soledad; en la costa y cuando con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso; pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento, he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos, no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas; y he bebido el placer del combate junto a mis iguales, allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya. Formo parte de todo lo que he visto; y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye una y otra vez cuando avanzo. ¡Qué fastidio es detenerse, terminar, oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio! Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra sería del todo insuficiente, y de la única que tengo me queda poco; pero cada hora me rescata del silencio eterno, añade algo, trae algo nuevo; y sería despreciable guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles, y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae, más allá del límite más extremo del pensamiento humano. Éste es mi hijo, mi propio Telémaco, a quien dejo el cetro y esta isla. Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar en esta labor, para civilizar con prudente paciencia a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente a que se sometan a lo que es útil y bueno. Es del todo impecable, dedicado completamente a los intereses comunes, y se puede confiar en que sea compasivo y cumpla los ritos con que se adora a los dioses tutelares cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío. Allí está el puerto; el barco extiende sus velas; allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros, almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí, y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido. La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo. La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin, alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse, no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses. Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas: el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos. No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo. Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos los resonantes survos, pues me propongo navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan todos los astros del occidente, hasta que muera. Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan; es posible que demos con las Islas Venturosas, y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos. A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar de que no tenemos ahora el vigor que antaño movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: un espíritu ecuánime de corazones heroicos, debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida a combatir, buscar, encontrar y no ceder.
Traducción: Randolph D. Pope
Hola! Sólo deciros que estaré una semana offline, porque vuelvo a Lisboa, una de esas ciudades de las que uno nunca se va del todo. Alfama y San Jorge...
Así, para que no me echéis mucho en falta, os dejo aquí un regalito maravilloso, que he sacado de aquí, donde también está el original inglés. El Ulises de Tennyson.
De nada sirve que viva como un rey inútil
junto a este hogar apagado, entre rocas estériles,
el consorte de una anciana, inventando y decidiendo
leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro,
que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy.
No encuentro descanso al no viajar; quiero beber
la vida hasta las heces. Siempre he gozado
mucho, he sufrido mucho, con quienes
me amaban o en soledad; en la costa y cuando
con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia
irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso;
pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento,
he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres
y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos,
no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas;
y he bebido el placer del combate junto a mis iguales,
allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya.
Formo parte de todo lo que he visto;
y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual
se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye
una y otra vez cuando avanzo.
¡Qué fastidio es detenerse, terminar,
oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio!
Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra
sería del todo insuficiente, y de la única que tengo
me queda poco; pero cada hora me rescata
del silencio eterno, añade algo,
trae algo nuevo; y sería despreciable
guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles,
y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo
de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae,
más allá del límite más extremo del pensamiento humano.
Éste es mi hijo, mi propio Telémaco,
a quien dejo el cetro y esta isla.
Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar
en esta labor, para civilizar con prudente paciencia
a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente
a que se sometan a lo que es útil y bueno.
Es del todo impecable, dedicado completamente
a los intereses comunes, y se puede confiar
en que sea compasivo y cumpla los ritos
con que se adora a los dioses tutelares
cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío.
Allí está el puerto; el barco extiende sus velas;
allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros,
almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí,
y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida
tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos
con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido.
La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo.
La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin,
alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse,
no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses.
Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas:
el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos
lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos.
No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.
Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos
los resonantes survos, pues me propongo
navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan
todos los astros del occidente, hasta que muera.
Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;
es posible que demos con las Islas Venturosas,
y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos.
A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar
de que no tenemos ahora el vigor que antaño
movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida
a combatir, buscar, encontrar y no ceder.
Traducción: Randolph D. Pope
Dios, que impresión me han causado estos versos de Gamoneda. No son cosas para leerse a las cinco de la mañana, cuando estoy a punto de acostarme y debo enfrentarme solo a la tiniebla del sueño en los dominios de la canícula. ¡¡¡No, no lo son!!!
De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios,
una liendre lasciva, orinales
y la liturgia de la traición.

Llevaba un tiempo sin escribir nada, porque se me ha juntado el último fin de semana en Badajoz (y las obligaciones sociales que eso conlleva), la visión obligada de todo lo que me quedaba de las dos temporadas de House, que me ha llevado mucho tiempo, y sobre todo el ICM, el Congreso Internacional de Matemáticos, que se está celebrando aquí en Madrid y al que estoy asistiendo desde hace algunos días.
Es curioso que en un evento como éste, donde estamos inscritos unos 4000 matemáticos, la estrella indiscutible esté siendo uno que no está. Me explico. Este congreso de Madrid pasará principalmente a la Historia porque en él se ha alcanzado el consenso sobre el hecho de que la conjetura de Poincaré está resuelta. No entraré a detallar el contenido del problema, sobre el cual hay información estos días a todos los niveles, pero sí al menos daré una idea de su importancia. Se trata de una pregunta que fue formulada en 1904, que decenas de matemáticos del más alto nivel han intentado resolver sin éxito desde entonces, y cuya respuesta significa un paso muy importante en la comprensión de este Universo tan complicado en el que vivimos. La persona que venciese al problema tendría asegurado un puesto en la Historia, trabajo en la Universidad que lo desease, la mayor distinción posible en Mates (medalla Fields) de un prestigio comparable al premio Nobel, fama mundial... y por si a alguien no le convencen estos argumentos tan románticos, un millón de dólares.
Pues ha aparecido esa persona: se llama Grisha Perelman, tiene 40 años y vive en San Petersburgo. Su extraña historia ha sacudido estos días los medios de comunicación: su carácter huraño, el hecho de que haya resuelto el problema trabajando en solitario, su resistencia a aceptar cualquier clase de honor, su rechazo de la medalla Fields, los motivos que ha dado... Todo esto está en los periódicos de estos días, y es sencillo de encontrar.
Sin embargo, el objetivo de este post no es haceros yo la misma sinopsis del Perelmangate que podéis encontrar en cualquier lado, sino remitiros a este link. Es un artículo de la revista New Yorker, donde se describe la historia de la conjetura, con especial énfasis en el último ataque, y en todos sus protagonistas. Os garantizo que es una historia jugosa, donde se ve lo mejor y lo peor de la condición de científico y también, por qué no, de la condición humana, que diría Malraux. Y nos lleva de la ciudad prohibida de Pekín a las playas del Pacífico, pasando por la ópera de los zares o historias de samurais. Y hay política, y dinero, ansia de poder, amistad, egoísmo, tenacidad, genio... Todo lo que puede esperarse de algunas de las mentes más valiosas del mundo, luchando por un sueño. Os lo recomiendo.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/