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El musolari errante

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.

05/10/2005

La persistencia de la memoria

la_persistencia_de_la_memoria.jpgDe todos es bien sabido que uno de las situaciones más indeseables en que puede hallarse una persona es no tener nada que comer, y que el hambre es uno de los afinadores de la inteligencia humana más poderosos que se conocen. Los hombres han llevado a cabo todo tipo de estratagemas para vencer la más fundamental de las escaseces, y sobre este tema se han llegado a escribir libros. Sin embargo, la iniciativa más original que conozco en este sentido tuvo lugar a finales de los años 40, y la llevaron a cabo una serie de prisioneros de guerra de la División Azul, que acuciados por la falta de alimento, decidieron... comerse un bosque!!! Y no sólo se contentaron con dejarlo como si por allí hubiera pasado una plaga de langosta, sino que mientras lo hacían proclamaban a los cuatro vientos que aquello sabía como los más exquisitos manjares. Cuál no fue su sorpresa cuando al cabo de unos días vieron que su piel empezaba a adquirir un tono algo verdoso., y cundió el pánico. Bastantes de ellos murieron de la intoxicación.”

Esta anécdota se me vino a la cabeza esta mañana en el bus que me trae a la Universidad, y tenía la ambición de inaugurar con ella una serie que se titulará “Preguntas que Google no puede responder”.; en este caso, la pregunta iba a ser: ¿Cómo se llamaba el bosque? De hecho, el motivo de ponerla es que yo había sabido el nombrecito y lo había olvidado. Sin embargo, la cosa no se me iba de la cabeza y al cabo de un rato de darlo por imposible, me di cuenta de repente de que podía acordarme. Tras pensar otro poco, recordé la terminación, y un poco más tarde, que empezaba por T y sonaba a diminutivo. Un rato de modorra (este viaje es larguito) y el nombre se vino a la cabeza como una centella.

Todo esto me dejó reflexionando sobre los extraños mecanismos de la memoria humana. Primero la voluntad llevó a un trozo de mi cerebro a informarme de que la información “podía ser encontrada”, lo cual ya es un avance enorme. Después, como que encontró un pequeño paquete de información literal, la T inicial, y de información semántica, o comprensiva (no sé como llamarlo bien), “el parecido a un diminutivo”.Y fueron estas dos pistas, especialmente la segunda, las que es un acto ajeno ya a la voluntad recordaron el nombre completo. No sé, pero la impresión que me he llevado es que no sé nada sobre el funcionamiento del cerebro, y que desde luego, desde un nivel de profano, no me recuerda nada al modo de búsqueda de un ordenador. Pero me resulta muy llamativo, y me gustaría saber quién ha pensado sobre este tema, y si algo es conocido, con mayor o menor certeza.

Por cierto, el nombre del bosque era Tschaika.
05/10/2005 09:32 Enlace permanente. Hay 16 comentarios.

07/10/2005

Versionando que es gerundio

Un jueguecito de canciones, que hace tiempo que no pongo ninguno: se trata de escribir nombres de canciones tales que su autor las haya cantando o tocado pero que se hayan hecho más famosas interpretadas por otra persona. Por ejemplo, Eloise, de Barry Ryan, versión de Tino Casal.

Buen finde
07/10/2005 15:07 Enlace permanente. Tema: Música Hay 27 comentarios.

10/10/2005

Donde Google no llega (I)

Me ha costado, pero al final he conseguido por mí mismo, y de hecho sin pretenderlo, encontrar algo que le diera principio a este serial. Carmen ha puesto una pregunta que también valdría como comentario en el anterior post.

La cosa arranca de que el otro día, en la comida de mi nuevo departamento, se estuvo discutiendo con cierta pasión sobre la preeminencia del fútbol o el baloncesto como espectáculo deportivo. Y yo después de ver el Portugal-Liechtenstein del otro día, no dudo de que no hay deporte que pueda concentrar tanto en noventa minutos, singularizándose sus partidos en la memoria como los de ningún otro deporte. O si no, juzgad vosotros.

Supongo que a nadie extrañará la abismal diferencia que existe entre Portugal, actual subcampeona de Europa, y Liechtenstein, un país diminuto con escasa tradición futbolística. Además, el partido se jugaba en casa del poderoso, que a la vez podía clasificarse perfectamente para el mundial en ese partido. Yo no lo vi, estaba zascandileando por mi casa, pero sí que vi los momentos puntuales "gloriosos", que fueron:

1) Con 0-0 en el marcador, balón volando desde el otro campo al área de Portugal. El portero y el central se chocan, el balón rebota en uno de los dos y cae mansamente a los pies de un lichtensteinista que pasaba por allí. El hombre casi no se cree el regalo, da los dos o tres pasos que le separaban de la portería, marca a puerta vacía y, supongo que embargado por la emoción, se choca contra el poste.

2) Mismo resultado, en la otra área. Con el portero de Liecht por los suelos, tira Figo a bocajarro, y un defensa que había bajo los palos hace un despeje perfecto con los dos puños a la vez mandando el balón fuera, y lanzándose a continuación al suelo lamentándose de su segura expulsión. El árbitro verifica que el último en tocar fue liechtensteiniano, ve que el balón ha sido por línea de fondo y lógicamente señala...córner.

3) Con 1-1, balón que le llega a Pauleta dentro del área, que lo controla, agarrado por un defensa. Tres segundos después, el agarrón a dos manos se transforma en abrazo, y un poco más tarde, el abrazo en derribo. Como un oso pardo, vamos. Esta vez el árbitro sí que señala el punto fatídico. De hecho, si no lo hace, sale de allí convertido en guarnición de arroz de marisco.

4) El penalty lo lanza Figo, y el balón, tras superar el tercer anfiteatro, entró sin problemas en la Troposfera para provocar el segundo eclipse de la semana.

Al final ganó Portugal con un gol faltando cinco minutos, pero ¿a que es sorprendente todo esto? Por cierto, la pregunta Googlera es encontrar una foto del momento en que el de Liecht saca la pelota con la mano; yo he sido incapaz. Si alguien tiene la gentileza de mandarla, la publico.

Saludines
10/10/2005 17:42 Enlace permanente. Tema: Fútbol Hay 7 comentarios.

11/10/2005

A trabajos forzados

Hoy me sorprendido al verificar algo que Lola me dijo hace unos días, y es que el soneto con el que Sabina comienza su estupendo directo "Nos sobran los motivos", no es suyo, sino de Quintero, León y Quiroga. Y mirando esto, he recordado que algo parecido me ocurrió hace tiempo, cuando la tímida y frágil voz de Antonio Vega me descubrío la joya de Antonio Gala que es el motivo de este post. Viniendo de Madrid en coche el domingo pasado y abandonados en la noche en medio de una caravana infernal, las rotundas sentencias que hablan de esclavitud, dependencia y sufrimiento llegaron a mis oídos una vez más, y yo me prometí a mí mismo que pronto las compartiría. Así que ahí van, por mucho que en general no esté de acuerdo con ellas:

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia.

Porque en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

11/10/2005 18:14 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

13/10/2005

Sólo sé que no sé nada

nobel.gifLa verdad es que debería ponerme a hacer ya algo productivo por la vida, porque hoy me he levantado tardísimo, pues como ya se sabe:

En la fiesta nacional
yo me quedo en la cama igual
pues la música militar
nunca me supo levantar.

Por tanto, anoche me acosté muy tarde y hoy cuando ha sonado el despertatres a las seis y media de la mañana me he reído mucho, y he continuado soñando que estaba en Eriván (Armenia) con un compañero de facultad, pero que no nos daba tiempo a visitarla porque el último autobús de vuelta a Colmenarejo era a las 00:00.

Sin embargo, tengo que escribir este post ahora mismo, por una razón bien sencilla: es alusivo, o colateral, al Premio Nobel de Literatura, cuyo ganador va a hacerse público dentro de menos de una hora. Como los que me conocen, aparte de perder el tren, saben cuánto me interesa tanto la Literatura como los premios, llevo varios días expectante, hasta que hoy he visto una reseña del tema en el País.

Y lo que me ha impulsado a postear no es el deseo de que gane mi amado Dylan, ni la polémica sobre la ganadora del año pasado, a la cual recuerdo también que le dediqué un postito, sino lo mal que me he sentido cuando he visto la inmensa cantidad de candidatos de los cuales no conozco ni el nombre (unido a otros de los que sí lo conozco, pero no he leído nada)!!! Yo creo que soy una persona que leo bastante, y que además me interesa lo relacionado con la Literatura, e intento conocer autores nuevos, tendencias vanguardistas, etc. ¿Cómo es posible que haya tantas personas cuya obra es presuntamente merecedora del Nobel, y que me son completamente desconocidas?

Voy a hacer una pequeña prueba. Os voy a dar la lista de todos los que no conozco, y emplazo a quienes me lean que me digan si conocían a alguno de ellos, si han leído algo, etc. Este post, por tanto, va dirigido a grandes lectores que sé que me leen: Palimp, Irene, Milady, Alberto, ILSa, etc. Quiero saber si es que yo soy así de zoquete o, realmente, son autores MUY desconocidos, y la Academia sueca rebusca mucho.

Ahí va la lista:

- Ali Ahmed Said, llamado Adonis
- Tomas Transtoemer
- Ko Un
- Pramoedya Anante Toer
- Orhan Pamuk
- Joyce Carol Oates
- Assia Djebar
- Cees Nooteboom
- Michel Tournier
- Inger Christensen

Y los candidatos de los que no he leído nada, aunque sí los conozco, más o menos: John Updike, Philip Roth, Don de Lillo, Margaret Atwood, Claudio Magris, Ryszard Kapuscinski e Ismael Kadaré (también podéis comentar de estos).
13/10/2005 15:19 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 11 comentarios.

17/10/2005

Correos' dead men

mensaje_botella.jpgMi historia con las cajas del Pato merece contarse. Cuando me dieron la plaza de Madrid, hace ya tres semanas, empaqueté todos mis artículos, documentos y otros papeles (excepto los más importantes, que se vinieron conmigo) en tres cajas que pensaba enviar directamente de Universidad en Universidad, desde la Autónoma de Barcelona a la Carlos III de Madrid. En principio pensé enviar al menos una de ellas a través del Departamento, pues Lola me había dicho que eso era posible. Por tanto, la llamé para confirmarlo, y mi gozo en un pozo; esa oferta sólo era válida para menores de 25 años; así que encima de no enviárseme las cajas, se me llamaba viejata sutilmente. La cuestión es que entonces realicé la planificación mental de lo que tenía que hacer, y era un coñazo supremo; tomar un carro y llevar las cajas al menos en dos viajes (cada una pesa alrededor de 18 kilos) a la estafeta de correos más cercana, lo cual implicaba o bien a) Salvar un desnivel de unos cuarenta escalones a pulso o bien b) Encontrar la llave para bajar el ascensor a las mazmorras, búsqueda sólo comparable a la del Santo Grial o las Minas del Rey Salomao. Y cuando estaba inmerso en estos pensamientos, me llegó, aun no sé de dónde, un rumor: "quizá puedas mandarlas a través del departamento". En la siguiente toma se me ve como una centella subir los tres pisos hasta secretaría y hablar con Tonich, el apagafuegos oficial del departamento y uno de los más preparados y eficientes burócratas (además de simpático) que me he echado a la cara. Y él me explica: “tenemos que hablarlo con el responsable económico del departamento, que casualmente está pasando por ahí”. Y nada, abordamos al individuo (que fue un gran colega dando clase, por cierto) el cual dijo algo así como “Sin problema, lo enviamos, y si sale muy caro le cargamos parte del coste a tu proyecto de investigación”. De alguna manera lo arreglarían, la cuestión es que yo no recibí mayor mención posterior al asunto. Cuando ya estaba todo ufano con las cajas en secretaría, me dice Tonich “Mmm creo que habrá que embalarlas, si no en Correos seguramente no nos las admitan”; así, mi última media hora de relación cajil en BCN fue convertido en el Puto Amo del Papel de Envolver. Por cierto que me divertí viendo pasar a la gente conocida que se paraba –una pared de la secretaría es transparente- y como primero me miraban con cara de extrañeza, luego comprendían, y dependiendo de si ya sabían de mi partida o no, entraban o no a decirme adiós. La verdad es que esos últimos días me sentí muy querido allí.

Así que pasaron esas semanas, yo me sentía afortunado por haber sido capaz de quitarme ese peso –nunca mejor dicho- de encima, y cuando llegué al campus de Colmenarejo y ya me dieron despacho y tal estuve varios días esperando que llegara mi envío, que no me había auto-enviado (puesto que no sabía el tiempo que tardaría en estar “oficialmente” aquí) sino que lo puse a nombre de una profesora de aquí que ejerce de anfitriona. La cuestión es que la cosa se retrasaba, hasta que al cabo de unos días nos llegó un aviso de que las cajas estaban en la sucursal de Correos de Colmenarejo; como venía el número de teléfono en el papelajo, llamé y me dijeron que la costumbre en los envíos que iban a la Uni que no eran cartas era dejar el aviso –y el tío dejaba implícito que tenía que ir a recogerlos yo, claro-. Le expuse mi caso, que eran tres cajas grandes, y yo no tenía coche, y al final el hombre me dijo que sí, que se lo diría al cartero que lleva el correo y que me las traerían. Muy contento seguí esperando, y las cajas seguían sin venir. Así, hablé con la conserje, Justi, quien me dijo no solamente que las cajas no habían llegado, sino que era realmente extraño que el mensajero las trajera, puesto que no solía hacerlo. Aquello me escamó bastante, máxime al recordar la ambigüedad de lo que me había dicho el hombre de Correos, así que volví a llamarle. El hombre más o menos seguía más o menos con la misma cantinela, aunque con un dato nuevo: por él sí me las traían, pero todo dependía del cartero, Héctor. Afortunadamente para mi estabilidad mental, el individuo en cuestión se hallaba en ese momento en la oficina, así que pude hablar directamente con él. Cuando le pregunté sobre el particular, comenzó una interminable diatriba diciendo que él no estaba empleado por Correos sino por una compañía de mensajería que tenía un convenio con la Carlos III, que antes sí que había llevado a cajas a la Universidad “como un favor” pero que últimamente había demasiadas, estaba harto y no llevaba ni una más, que para que él trajera las cajas antes tenía que celebrarse una reunión de nosequién del Comité de algo con nosecuántos, y otras historias por el estilo.La verdad, me abrió la puerta a un interesante mundo del cual era completamente ignorante, el de la angustia existencial mensajeril. Cuando al grito de “Éste no me las trae” mi cabeza había puesto ya el automático, el tipo me dice: “Yo voy ahora a la Universidad, si quiere hablamos”. Cuando le pregunté si eso me daba más posibilidades de convencerle, me dijo que no, así que hastiado y cabreado, todo a la vez, le dijo adiós y corté. Sólo unas horas después me di cuenta de que una hipotética conversación cara a cara hubiera versado seguramente sobre las milagrosas propiedades de las propinas, pero ya os digo, era un mundo nuevo para mí. Muy mosqueado, miré en la página de Correos, y los muy jichos se curan en salud: en ningún sitio dicen que el Paquete Azul se entregue en casa, así que hay que andar con ojo si uno hace un envío a un pueblo.

Así que ya tenía el problema planteado: cómo llevar tres cajas de dieciocho kilos desde un lugar indeterminado de Colmenarejo hasta mi despacho, también indeterminado (hasta hoy mismo no he sabido que al final permaneceré en éste, Deo gratias, pero esa es otra historia). Cualquiera diría: pues nada, se le dice a alguien que tenga coche que te lleve, y santas pascuas. La idea, buenísima, tiene sin embargo dos graves defectos: el primero, que cuando uno está recién llegado a algún sitio, no tiene confianza con la gente para pedir según qué tipo de favores, en un lugar donde al que además mucha gente no va en su propio vehículo; y segundo, que aun cuando encontrase al Buen Colmenarejano, debería dejar el coche a unos 50 m de la entrada, con lo cual lo obligaría moralmente a ayudarme o esperarlo. Y no es plan. Con una cosa más: debería ser capaz de guiarlo hasta la oficina, cuando no tenía ni idea de dónde estaba. Así que la localización, materia en la que soy experto, se convirtió en el primer problema por resolver. Pronto descubrí que la información que uno puede encontrar sobre Colmenarejo en las profundidades de Internet es comparable a la que se puede encontrar sobre Internet en los pozos de Colmenarejo. Así, por ejemplo, la página web de Correos me decía que la sucursal con la que acababa de hablar por teléfono directamente no existía.

Como podéis suponer, ya estaba un poco nervioso por el tema este, pero no podía dejarlo porque al cabo de quince días devuelven el correo al remitente, y difícilmente lo encontrarían en Barcelona. Decidí, en un relámpago de lucidez, que el problema de averiguar la dirección de la sucursal era trivial, pues bastaría llamar a la sucursal (lo del emplazamiento, como después se verá, no era tan sencillo). Así, el siguiente paso de la gymkhana era decirle a la profesora que había puesto como destinataria que me firmara el justificantede que yo podía recoger el envío. Fui a buscar a la mujer y, por supuesto, no estaba. Mi mente perversa y sin escrúpulos pensó en la excitante posibilidad de falsificar la firma, pero tras un repaso atento del aviso descubrí con horror que también hacía falta fotocopia de su carné de identidad. Tratando de ser positivo, pensé que bueno, por lo menos no la pedían compulsada. Esperé pacientemente hasta el día siguiente, y la chica, que estaba enferma, tampoco vino, y tampoco el siguiente... Ya hemos llegado al miércoles, faltando dos días para que se cumplieran los quince, y víspera de la Virgen del Pilar, fiesta nacional.

Pensando que tenía que acabar con el problema antes de que este hiciera lo propio conmigo, decidí gastar el último comodín y hacer mi tercera llamada a Correos. El hombre me informó de que no era necesaria la fotocopia del carnet, bastaba el número de DNI y la firma de la destinataria. Es curiosa la extraña variedad de formas con las cuales la esperanza puede abrirse camino hasta el corazón humano. También me dijo esa voz amiga la dirección de la sucursal, y cuando me preguntó si conocía el pueblo poco me faltó para echarme a reír histéricamente soltando espumarajos por la boca. Concluí el miércoles escribiéndole a mi destinataria para que me mandara los datos, y empleé el Pilar como día de reflexión, que no me sirvió para nada excepto para concluir que por mis huevos el viernes estaban las cajas en la Uni.

A pesar de un compañero se había ofrecido gentilmente a hacerme el traslado el viernes al salir de clase a las 12, yo no estaba nada convencido de aceptar, debido a los inconvenientes morales que he contado más arriba. Afortunadamente el viernes mi destinataria vino, y pude tener al fin el justificante que necesitaba, documentos que en el colmo de los colmos, llené de tachaduras debido a una equivocación al rellenarlo. Ahora ya sí, el problema era puramente de transporte, y como ya estaba todo lo frito que podéis suponer con el asunto, decidí tirar por la calle del medio y llamar a un taxi para que me hiciera el traslado, aunque no acababa de ver claro si ir en bus hasta Correos o llamarlo desde allí. Entré de nuevo en Inet para buscar el número de radiotaxi de Colmenarejo, para rápidamente concluir que este pueblo ofrece un campo virgen, con rápidas posibilidades de promoción, a todo taxista que se anime a montar el chiringuito allí. Lo más que encontré fue el de los taxis del pueblo más cercano, Galapagar (galápago estaba yo ya, de tanto buscar!!!). Ya decidido a llamar a los taxistas de allí, encontré (increíbleeeeeee) un callejero del pueblo en la web, y haciendo pequeños cálculos de distancia concluí que la idea de ir con las cajas, incluso en tres viajes, hasta la parada de bus era descabellada. Como último intento, antes de llamar a los taxis esos, decidí ir a la Conserjería de mi facu a preguntar si realmente no había taxis en Colmenarejo: como de costumbre, la redonda chica del mostrador me dijo primero que sí pero luego que no, que los que había eran los de Galapagar. Le pedí por favor que me apuntara el teléfono, para ver si coincidía con el que yo había encontrado (en una página en inglés!!!), y cuando me lo escribió y bajé los ojos para mirarlo, algo se interponía entre mi vista y el papel, un cartón pardo, a cuyo lado estaba escrito el Pato...

AAAAAAAAAAAGHHHHHHH!!!!!!!! SON MIS CAJAAAAAAAAS!!!!

Creo que esto lo grité mentalmente, porque no llamaron a los loqueros ni nada, pero os juro que así lo sentí en mi cabeza. Aún no sé quién las trajo, ni por qué ese preciso día, ni cuál había sido el motivo del cambio de política... Me limité a preguntar qué debí hacer para que me las subieran, y la chica me rogó que esperara a Justi. Cuando me ofrecí a subirlas yo, su ceño cambió y el ruego se transformó en orden. Harto de sentirme como un personaje de Kafka, volví a mi despacho y bajé (400 metros o por ahí de distancia) de nuevo. Cuando le pregunté a la jefa que qué debía rellenar, me dijo que no, que tenía que llamar por teléfono para comunicar la incidencia. Casi con lágrimas en los ojos, suplicio de Tántalo a la cúbica, subí de nuevo y di el último paso, llamar. Y aunque me dijeron que hasta el lunes no me las subirían, el mozo apareció hace un rato, y creo que la presencia de mi compañero de despacho (vicerrector para más señas y una persona supereducada) fue lo único que me disuadió de arrodillarme, descubrirme, dar gracias y declararme esclavo sexual del mozo para el resto de mi vida.

En fin, esto es todo. Nunca se sabe donde te puede estar acechando la aventura, o la desventura.
17/10/2005 11:34 Enlace permanente. Tema: Vivencias Hay 8 comentarios.

18/10/2005

Guerra al tópico (II)

marse_juan.jpgHace tiempo, comencé una sección del blog donde me proponía encuadrar actitudes que se salieran de los tópicos reinantes. Aunque con frecuencia ando ojo avizor leyendo periódicos, es difícil encontrar a esta gente que se sale de lo políticamente correcto. Sin embargo, estos días he encontrado algo, en relación al Premio Planeta, que ha sido fallado recientemente, en favor de la novelista catalana Mari Pau Janer. Juan Marsé, escritor al que respeto mucho como tal (su novela "Últimas tardes con Teresa" siempre la voy recomendando por ahí) protagonizó una discusión bastante desagradable con la autora, y posteriormente ha dimitido de su puesto como miembro del jurado. Su punto de vista refleja lo que se piensa con bastante frecuencia de los premios literarios, aunque pocas veces alguien del mundillo habla tan claro. Os dejo un extracto de las declaraciones de Marsé, que aparecen hoy en las páginas de Cultura del País.

Un periodista requirió su opinión sobre el nivel de calidad de las novelas presentadas. Marsé respondió contundente: "Mi opinión personal es que el nivel es bajo y en algunos tramos subterráneo. Alguna novela promete, apunta alto en sus planteamientos, pero se acaba frustrando. El premio no puede quedar desierto, así que nos vemos obligados a votar la menos mala".

"Ocurre, simplemente, que estoy un poco harto de novelas insustanciales con premio o sin premio que ocupan tanto espacio mediático en perjuicio de otras con empeños más honestos y ambiciosos, pero que apenas les dejan espacio para respirar", declaró ayer Marsé. "Sé que esto tiene difícil arreglo, que así está el mercado, que el cotarro cultural y mediático es el que tenemos y que responde a intereses y bolsillos que tienen muy poco que ver con la literatura según yo la entiendo, pero en cualquier caso yo me niego a dar gato por liebre, ya sea como miembro del jurado en un concurso literario o como simple ciudadano al que le piden una opinión sobre un libro".

[...]

"Aunque sólo fuera por respeto a los demás autores que se han presentado al concurso y no han llegado a la final, yo no podía celebrar las novelas ganadoras, que considero fallidas. Los autores, que esta vez no han llegado, también merecen la verdad. Lamento ser el malo de la peli, y reitero mi respeto a los compañeros del jurado, a su secretario y a su portavoz, pero creo que lo mejor es que me retire", declaró a este diario.

"En cuanto a la novela ganadora y a la finalista, no dudo de las buenas intenciones de la autora y el autor respectivos y les deseo lo mejor en próximas aventuras, pero las buenas intenciones no tienen nada que ver con la buena literatura".

"Me gustaría añadir lo que ya dije una vez en relación con la literatura de ficción, tal como hoy se nos vende, en tanto premios: que es una literatura que se asemeja cada vez más al mundo del prêt-á-porter, y que el verdadero reto para un escritor actual no es entrar en ese mundo, sino ser capaz de rechazarlo".
18/10/2005 09:29 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

24/10/2005

Piratas de andar por casa

 

 Disculpadme por la ausencia momentánea, pero ahora estoy escribiendo también con cierta regularidad en el blog "Notas de fútbol" (que por cierto, a quien le interese el deporte rey, está muy bienWink), y eso me ha impedido aparecer con más regularidad.

  Hoy me ha llamado la atención una entrevista que he visto en El País Digital, y que os recomiendo fervientemente. El entrevistado es David Bravo, abogado experto en propiedad intelectual, y coincido fuertemente con sus tesis, que se fundamentan en la tolerancia y en lo exagerado que es llamar piratería a la descarga de contenidos de Internet para el disfrute personal. Como muestra, un botón en forma de pregunta.

   P. Que opinas de las campañas de publicidad con fondos públicos en contra de la pirateria y en contra de la descarga de libros, peliculas y música de internet (sin animo de lucro y para uso privado)

   R. Me parecen indignantes en lo que se refiere a la descarga de obras intelectuales para uso privado. Pero además de indignantes llevan a una reflexión interesante sobre los llamados "costes de exclusión". Los costes de exclusión son aquellos desembolsos económicos necesarios para mantener a terceros fuera de nuestra propiedad. En la propiedad tradicional esos costes los soportan individualmente los propietarios. Por lo general una puerta de mediana calidad y un cerrojo suele ser suficiente para evitar que alguien entre en tu propiedad. En esos casos el Estado solo actúa en casos excepcionales. Pero ¿qué sucede cuando unos cuantos propietarios están empeñados en proteger como una propiedad lo que es etéreo e inapropiable? Lo que sucede es que los costos de exclusión se disparan. De nada sirve una puerta y un cerrojo para mantener a terceros fuera del uso de algo como la música. Se necesita algo diferente y mucho más caro. Para hacer frente a esos costos se echa mano del Estado que tiene que hacer una inversión desproporcionada porque intenta controlar que millones de personas no entren en un lugar que carece de paredes, puertas y ventanas. Se necesitan grandes gastos en policía especializada en redes telemáticas, investigación en tecnologías que rastreen los pasos de los internautas, campañas de disuasión etc., El resultado es que somos nosotros los que pagamos esos altos costos de exclusión que necesitan los “propietarios” de las obras. Si yo pudiera elegir, y dado que parece imposible frenar lo que es una práctica habitual de millones de personas en todo el mundo, preferiría que esos gastos se dirigieran no a impedir el uso libre de las obras intelectuales sino a equilibrar los efectos que este uso pudiera tener sobre los creadores. En lo que respecta a los fondos privados de la industria, creo que sería más útil para ellos que los dirigieran a cambiar un modelo de negocio que ya nada tiene que ver con los tiempos en los que vivimos. La otra opción que queda es perseguir y controlar lo que hacen todos y cada uno de los ciudadanos delante de su ordenador. Esa opción además de poco deseable, se me antoja imposible.

 Y el final de la entrevista también ha sido homérico:

   P. Una pregunta, por qué vende usted su libro, no sólo en los kioskos, sino también en Internet, y no lo regala en formato pdf o html, directamente? Si yo digitalizo su libro, podría colocarlo a disposición de todo el mundo, gratis, en una red p2p? Gracias

  R. Se confunde usted, el libro también puede descargarse libremente desde esta página en diversos formatos: http://elastico.net/archives/005194.html

 

 PD: Para quien no lo supiera, la web del País vuelve a tener gran parte de sus contenidos en abierto desde hace algún tiempo.

24/10/2005 17:53 Enlace permanente. Tema: Música Hay 3 comentarios.

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