Esta es la gruta de la sabiduría, el palacio del Sueño, entre lo simple y lo complejo, entre el espíritu y la barbarie.

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El musolari errante

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.

24/09/2004

Bienvenida!

Hola a todos y bienvenidos a mi blog!!! Me llamo Ramón, y es la primera vez que me meto en un berenjenal de estos, así que perdonad los fallejos técnicos que vayáis encontrando. Pienso escribir de todo lo que se me vaya pasando por la cabeza, desde las idas de ollas más filosóficas (quiénes somos, de dónde venimos) hasta las sensaciones más primarias (¡¡¡marchando otra chuleta!!!) ; y sobre todo, de mis aficiones, de cosas tan variopintas como la literatura, los perfumes, el ping pong, Beethoven, los tipos de vientos, o, por supuesto, el mus. Sin contar las mates, que como me pagan por ello, no me dejan llamarlo hobby.

Así que nada, entrad, pedid una copita y disfrutad. ¡Bienvenidos!
24/09/2004 17:14 Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

Tu canción favorita

Bueno, para empezar este tema, no estaría nada mal lanzar a mis maravillosos posibles visitantes una preguntita para rascarse un poco la cabeza y mucho los sentimientos: ¿Cual es tu canción favorita? Después de una larga experiencia, que me llevó a preguntar a peña en las cuatro partes del mundo, llegué a la conclusión de que existen dos tipos de personas, aparte de las que tienen el revólver cargado y las que cavan (Clint Eastwood dixit): las que te responder en un pispás y las que no te responden o te dicen algo tipo "No me considero capacitado para elegir".

En fin, las mías son Jungleland, de Springstee, Bohemian Rhapsody, de Queen, y Stairway to Heaven, de Led Zeppelin. Ah que me tengo que quedar con una de todos los tiempos? La Obertura 1812 de Tchaikovsky, en la cual al menos a cualquiera le sorprenderá que el instrumento estrella sean... los cañones!!!!

Bueno que se hace tarde; espero con ansiedaaaaaaad vuestras respuestas. En cuanto tenga tiempo, pronto, muy pronto, os haré un esbozo de los recuerdos y las sensaciones que hacen estas canciones tan especiales para mí.
24/09/2004 17:36 Enlace permanente. Tema: Música Hay 24 comentarios.

Russ Meyer ha muerto

Russ.GIFLa verdad, odio empezar algo tan fantástico como un blog de cine dando una necrológica, pero las circunstancias, la nobleza y la gratitud me obligan: Russ Meyer, el mago del pornosoft, el gran gurú de las mujeres con cara de niña y formas rotundas, a veces descomunales, ha muerto en su casa de California a los 82 años de edad, afectado por una pulmonía.

Mi contacto con Russ Meyer comenzó hace mucho tiempo, cuando la combinación de mi suerte y amor a la noche (cóctel explosivo por otra parte) me hicieron estar a horas intempestivas en casa de mi madrina, solo, viendo cualquier cosa medio interesante que cayera en la tele. Y dejé descansar el botón del mando cuando vi a un tipo que imitaba burdamente a Hitler golpeando, según los más estrictos cánones del masoquismo, a una señora que yo, aún a mi tierna edad, no podría por menos que calificar de estupenda. Y vi la peli, por supuesto, y como todas las cosas de mi infancia-pequeña adolescencia que me marcaron, la busqué cuando correspondió para averiguar que era ni más ni menos que la enloquecida "Más allá del valle de las Ultravixens", de 1979, que luego resultó ser su última obra. Desde entonces seguí a este hombre lo más cerca que pude, pero parece ser que su obra se está olvidando y que ni siquiera sus viejas películas son pasadas ya por televisión. Espero que haya aunque sea un pequeño homenaje. Desde aquí lo recordamos, verdad Enrikegj?
Descanse en paz.

Más información en http://www.elmundo.es/accesible/ultimas/noticias/00/1095853568.html
24/09/2004 20:51 Enlace permanente. Tema: Cine Hay 5 comentarios.

27/09/2004

Coitus interruptus concertil

Aaaaagh!!!!! Horror de los horrores!!!! No sé qué he hecho, pero tenía a 1/2 escribir un comentariito sobre los conciertos en los que he estado esta semana, y se me ha borrado. Bueno, la crítica la escribiré, lo juro sobre la tumba de Luis Regueiro, pero no ahora, me siento estafado por la red universal. De todos modos, os mando webs con información de los grupitos que fui a ver y sobre los que pienso escribir, a modo de aperitivo:

Fede Comín: http://www.atame.org/f/fede_comin/
Fran Fernández: www.franfernandez.com
Silvio Rodríguez (cantado por Fernando (?) Vilariño): www.silviorodriguez.net
Hardreams: http://www.planetametal.com/index.php?menu=161
Blowzy: No he encontrado web, sólo reseñas de que tocaban en el concierto tal o cual, sin crítica.
Bebe: http://www.rosimusic.com/modules/tienda_discos/singlelink.php?cid=103&lid=25924
La Unión: http://www.todomusica.org/la_union/index.shtml
27/09/2004 09:27 Enlace permanente. Tema: Música Hay 6 comentarios.

28/09/2004

Beckham y la decadencia del Madrid (I)

beckham.GIFAnoche justo antes de acostarme, mi pensamiento volvió al fútbol, principalmente gracias al libro de Nick Hornby “Fiebre en las gradas”, que me compré el otro día en el Abacus por el increíble precio de 2,30 E; un claro ejemplo de cosa que vale mucho más de lo que cuesta, y eso que hasta ahora lo he leído mucho más a salto de mata de lo que debiera (La Fiesta del Chivo rules, qué maravilla de novela).

Pues como decía, mi cabeza se volvió al deporte rey de reyes, y claro, no hay tema que más me debiera preocupar que la crisis del Madrid, y por tanto volví a él. Y digo “no me debiera preocupar” porque es que realmente no me preocupa; yo mismo asisto entre extrañado y curioso a este proceso de indiferencia ante todo lo que está ocurriendo alrededor desde el que ha sido mi equipo desde que tengo uso de razón, y al cual he dedicado un parte importante de los escasos momentos de irracionalidad de mi vida; bueno, quizá no tan escasos, pero porcentualmente irrelevantes.

¿Y por qué me cuesta tanto ahora emocionarme con los partidos? ¿Por qué ya me cuesta tanto imaginar el Bernabéu como un Coliseo, a los jugadores como depositarios de mi emoción, sobre todo a Florentino como una especie de favor providencial para que tuviéramos una lejana reminiscencia de Bernabéu aquellos que no vivimos los días de gloria? Y sobre ¿por qué veo como un marciano a ese mí mismo que tantas horas ha pasado en uno de los peores tugurios de Cerdanyola –el Reducto-, que cruzó mil veces París para seguir a su equipo, al que tiene el corazón lleno de mpgs de campos en los que nunca ha estado, de céspedes siempre refulgentes y lejanos, de Manchester, de Saint-Denis, de Ámsterdam, del santuario de Hampden Park? ¿Qué ha cambiado?

Por supuesto, hay bastantes razones, la decadencia de un imperio jamás empieza por un hecho aislado; sin embargo, si todos esos motivos hubieran de condensarse en una sola palabra, no habría duda, antes de empezar el párrafo ya pugnaba por salir de mis yemas en forma de impulso eléctrico: BECKHAM. Y a pesar de lo que mi padre crea y quizá también algunos que lo léais, que le tengo ojeriza al rubio, no es cierto, si se entiende por ojeriza la predisposición negativa e injustificada hacia alguien o hacia algo.

En realidad, mi relación mental con este individuo comenzó desde la admiración casi absoluta; creo que la primera vez que lo vi en acción fue en un partido del Manchester contra el Wimbledon, en la primera o segunda jornada de una Premier League anterior a 1996 (lo sé porque yo aún vivía en Badajoz); recuerdo, y aún creo que lo tengo grabado, la impresionante parábola desde la intersección de la línea de mediocampo con la banda que dejó clavado al portero y a todos los que tuvimos la suerte de presenciar la maravilla. Antes, por supuesto, ya había oído hablar al omnisciente Maldini de la aparición en la banda derecha del club de Old Trafford de un chaval que iba para estrella; y a fe que en esa jugada lo pareció.

Luego, en esa segunda década de los 90 -que también fue la del resurgir de mi equipo tras los oscuros años del Dream Team de Cruyff- le vi formar ese estupendo centro del campo Keane-Giggs-Scholes-Beckham, y poner desde lugares inverosímiles millones de centros para que los delanteros de turno (Yorke, Cole, Sheringham, Solksjaer, más tarde el estupendo Van Nistelrooy) se la clavaran a placer a los infortunados arqueros, bastaba un roce muchas veces. Dos de esos centros, por cierto, valieron una Copa de Europa.

Tampoco podía olvidar los maravillosos misiles lanzados a balón parado, por cualquier parte de la portería y casi desde cualquier sitio. Recuerdo en particular un friqui maravilloso, lanzado con efecto desde unos treinta metros, y no los treinta metros desde los que locutores entusiamados claman que han sido lanzados tiros casi al borde de la media luna; estoy hablando de un zapatazo desde más cerca del centro del campo que de la línea que, por cierto, le dio la clasificación a la Pérfida Albión para el mundial de Francia (o quizá una Eurocopa, ahora no estoy seguro). De hecho, también recuerdo un verano en que el Barsa pretendió al interior y yo temblé bastante.

Sin embargo, debía de acercarse ya el cambio de siglo, cuando me di cuenta de que no era oro todo lo que brillaba en Beckham... (continuará)
28/09/2004 21:04 Enlace permanente. Tema: Fútbol Hay 6 comentarios.

La fila de la desolación

Ahí van las lyrics:

They're selling postcards of the hanging
They're painting the passports brown
The beauty parlor is filled with sailors
The circus is in town
Here comes the blind commissioner
They've got him in a trance
One hand is tied to the tight-rope walker
The other is in his pants
And the riot squad they're restless
They need somewhere to go
As Lady and I look out tonight
From Desolation Row

Cinderella, she seems so easy
"It takes one to know one," she smiles
And puts her hands in her back pockets
Bette Davis style
And in comes Romeo, he's moaning
"You Belong to Me I Believe"
And someone says," You're in the wrong place, my friend
You better leave"
And the only sound that's left
After the ambulances go
Is Cinderella sweeping up
On Desolation Row

Now the moon is almost hidden
The stars are beginning to hide
The fortunetelling lady
Has even taken all her things inside
All except for Cain and Abel
And the hunchback of Notre Dame
Everybody is making love
Or else expecting rain
And the Good Samaritan, he's dressing
He's getting ready for the show
He's going to the carnival tonight
On Desolation Row

Now Ophelia, she's 'neath the window
For her I feel so afraid
On her twenty-second birthday
She already is an old maid

To her, death is quite romantic
She wears an iron vest
Her profession's her religion
Her sin is her lifelessness
And though her eyes are fixed upon
Noah's great rainbow
She spends her time peeking
Into Desolation Row

Einstein, disguised as Robin Hood
With his memories in a trunk
Passed this way an hour ago
With his friend, a jealous monk
He looked so immaculately frightful
As he bummed a cigarette
Then he went off sniffing drainpipes
And reciting the alphabet
Now you would not think to look at him
But he was famous long ago
For playing the electric violin
On Desolation Row

Dr. Filth, he keeps his world
Inside of a leather cup
But all his sexless patients
They're trying to blow it up
Now his nurse, some local loser
She's in charge of the cyanide hole
And she also keeps the cards that read
"Have Mercy on His Soul"
They all play on penny whistles
You can hear them blow
If you lean your head out far enough
From Desolation Row

Across the street they've nailed the curtains
They're getting ready for the feast
The Phantom of the Opera
A perfect image of a priest
They're spoonfeeding Casanova
To get him to feel more assured
Then they'll kill him with self-confidence
After poisoning him with words

And the Phantom's shouting to skinny girls
"Get Outa Here If You Don't Know
Casanova is just being punished for going
To Desolation Row"

Now at midnight all the agents
And the superhuman crew
Come out and round up everyone
That knows more than they do
Then they bring them to the factory
Where the heart-attack machine
Is strapped across their shoulders
And then the kerosene
Is brought down from the castles
By insurance men who go
Check to see that nobody is escaping
To Desolation Row

Praise be to Nero's Neptune
The Titanic sails at dawn
And everybody's shouting
"Which Side Are You On?"
And Ezra Pound and T. S. Eliot
Fighting in the captain's tower
While calypso singers laugh at them
And fishermen hold flowers
Between the windows of the sea
Where lovely mermaids flow
And nobody has to think too much
About Desolation Row

Yes, I received your letter yesterday
(About the time the door knob broke)
When you asked how I was doing
Was that some kind of joke?
All these people that you mention
Yes, I know them, they're quite lame
I had to rearrange their faces
And give them all another name
Right now I can't read too good
Don't send me no more letters no
Not unless you mail them
From Desolation Row
28/09/2004 21:01 Enlace permanente. Tema: Música Hay 1 comentario.

29/09/2004

Mi vida entre matrículas

matriculas.GIFEste comentario lo publiqué en la lista de correo de mis compañeros de la Autónoma. Como hay un debate soterrado (o no tan soterrado) entre catalanes y no catalanes, uno propuso como tema de debate el hecho de que las matrículas lleven distintivos autonómicos o no. Esta fue mi respuesta:

Bueno, aquí tengo que escribir algo porque el debate de las matrículas me toca MUY DE CERCA.

Como podéis suponer quienes habéis hablado conmigo de algo de esto, me importa un carajo que las matrículas lleven la E de España, la C de Cataluña, la P de Pirripipipipi o la T de Timeo danaos et dona ferentes. En ese sentido, y si pudiera elegir, pondría la foto de Zidane marcando el gol de la Novena (por estética y por emoción) u otra de mi admirada Celeste practicando sus dotes de experta felatriz (cosa que no necesita ningún tipo de justificación). Veo perfecto que cada uno pueda poner sus escudos de Cataluña, de Vietnam, de Sos del Rey Católico o de Burundi donde le venga en gana, no sólo en las "xapes", sino en cafeteras, ventiladores, pushing-balls o DVD's de los Ropper. La verdad, me da lo mismo.

Pero UN MOMENTO, ahora estamos hablando de las matrículas.Esto creo que no lo he comentado por aquí, pero estos numeritos han sido mis compañeros de viaje durante muchísimos kilómetros de andandini, soy un paseante solitario Y como mi cabeza no descansa, decidió que algo tenía que hacer con ellas. Asi que comencé por practicar el criterio de divisibilidad por once, lo cual me hacía sentirme afortunado cuando había una matrícula que efectivamente lo era, y de paso valoraba ese coche en particular como algo especial.

Más adelante, como si fuera sexo, la cabeza me pedía más, y comencé no sólo a examinar si los números eran divisibles por once, sino en caso de serlo, cuál era el resultado de la división; esto prolongaba sensiblemente el placer. Pero la cosa llegó a su culmen cuando aprendí a jugar al mus, y me convertí en un adicto a ese arte. Esto provocó que las matrículas dejaran de tener una finalidad puramente lúdica en mi vida para convertirse en una parte fundamental de mi entrenamiento musolari. Me explico: para los que no sepan jugar al mus, éste es un juego de origen vasco que se juega con baraja española de cuarenta cartas... Perdón, que me voy por las ramas. Quiero decir que cada jugador de mus tiene cuatro cartas, y con ellas juega, pudiendo comunicar su combinación al compañero mediante una seña (por ejemplo, tres reyes y un as es mandar un beso, dobles parejas es levantar las cejas). Ádemás, muchas combinaciones tienes nombre (tres reyes y un as se llama solomillo, tres reyes y un caballo el mazo, tres ases y un rey avión, y así muchas). Así, haciendo una traducción del valor de las cartas al lenguaje matriculil, con sota=8, caballo=9, rey=10 y las demás cartas su valor, cuando iba caminando por la calle iba rememorando nombres de combinaciones y practicando disimuladamente las señas. Disimuladamente, para que no llamaran a los loqueros, claro. Este entrenamiento colaboró, entre otras cosas, en mis dos títulos consecutivos en el campeonato de mus de los Bermejales y en muchos otros desafíos menores.

Sin embargo, hace un tiempo, empecé a mirar con horror que aparecían, en el nuevo formato, algunas matrículas de cinco o más números, sin la más mínima consideración.Y aún más, en algunas hasta letras extrañas. ¿Hay derecho a eso???? He conocido, lo juro por mis muertos, a opositores de notarías que yendo por la calle, para repasar el código civil (2000 artículos) iban cambiando mentalmente la primera cifra de la matrícula por un uno o un cero dependiendo de la paridad, y recitando de memoria el artículo correspondiente.¿Qué han hecho ellos, o yo, para que los ínclitos señores de la UE, o del Gobierno, o de dónde sea, nos jodan la vida?

Claro que hay debate. Y chungo. Gritad conmigo:

¡¡¡¡QUEREMOS MATRÍCULAS DE CUATRO CIFRAS!!!!
29/09/2004 10:12 Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

30/09/2004

La vía europea al best-seller

Hoy se me ha hecho muy tarde en la facultad y no tengo tiempo para escribir, así que os mando un artículo de Pérez-Reverte que me gusta bastante, en particular lo que dice de "Herrumbrosas lanzas". Si me apetece lo comentaré más adelante.


UNA EXCEPCIÓN
La vía europea al best-séller

ARTURO PÉREZ-REVERTE LA VANGUARDIA 30 de octubre de 1998

Soy un novelista profesional, y teorizar sobre literatura se lo dejo a quienes tienen ganas y tiempo para ello, o a quienes viven exclusivamente de sentar cátedra sobre lo que escriben otros; del mismo modo que la faceta artística de la literatura -que sin duda existe- se la dejo a los artistas profesionales, expertos en angustias creativas y duchos en las fascinantes zozobras de lo sublime. Yo me dedico a contar las historias que me apetece contar, y a hacerlo del modo más eficaz posible; así que me importa un bledo si la novela en general o en particular está muerta, o no. En lo que a mí respecta, procuro que la mía siga viva, y eso me mantiene lo bastante ocupado como para no andar perdiendo el tiempo en dimes, diretes y chorradas.

Esta vez, sin embargo, debo hacer una excepción. Después del encuentro que tuve hace unos días en la feria del libro de Francfort con Ken Follet, algún amigo me ha pedido que defina un poco algunas de las ideas que allí apunté, ofreciéndome para ello, con toda gentileza, las páginas de La Vanguardia. Así que en eso estoy ahora, dándole a la tecla en la esperanza de que esto no parezca una justificación ni nada por el estilo. Que maldita la necesidad que tengo de justificar nada; pues todo autor consecuente con su propia obra se justifica muy a fondo, creo, en todas y cada una de las páginas que escribe.

Le decía yo en Francfort al señor Follet, más o menos, que toda novela es en principio respetable, desde Marcial Lafuente Estefanía a Dostoievsky, mientras haya un lector que encuentre en ellas diversión, reflexión, compañía, esperanza, sabiduría, consuelo o cualquiera de las innumerables posibilidades que ofrecen los libros. En ese contexto, el llamado best-séller, etiqueta con la que a menudo, en un exceso de simplificación, se clasifican globalmente los libros más vendidos, constituye en principio un género tan digno como cualquier otro. Hay que ser un perfecto bobo para exigir que doña Luisa, que apenas tuvo estudios, que se casó con un animal de bellota a los dieciocho años, que trabaja catorce horas diarias haciendo desayunos para marido e hijos, yendo a la compra, preparando la comida, fregando, haciendo la cena, termine su jornada dedicando un rato cada noche a leer el Ulises, de Joyce. Bendita sea para ella Corín Tellado, si eso la hace evadirse, y soñar, e imaginar otras vidas. Y tal vez, pues los libros son al fin y al cabo como las cerezas, que tiras de uno y terminan saliendo otros, eso la lleve un día a leer otras cosas. Y si no, pues qué diablos. Tampoco pasa nada.

Mejor que las teleseries
Quiero decir con eso que todo libro puede ser útil, y nadie tiene derecho a despreciar el trabajo de nadie, ni sus consecuencias. Y en ese contexto, el best-séller, entendido como novela popular en su más primario sentido, que es el de entretenimiento o aventura, resulta perfectamente legítimo y respetable si está bien hecho. Incluso el tan denostado best-séller anglosajón puro y duro, de usar y tirar, que apunta como mucho a una fugaz trayectoria cinematográfica, cumple una función de entretenimiento nada desdeñable, que por supuesto es siempre preferible a una estúpida serie de televisión a base de policías y señores de Arkansas, aunque a primera vista parezcan lo mismo. Pero es que, además, dentro de tan amplio género se han producido obras notables, como Shogun, de James Clavell, el Chacal, de Forsythe o, en otro registro, las novelas de John le Carré, incluyendo Los pilares de la tierra, del propio Follet. De cualquier modo, lo que el best-séller anglosajón posee son unas técnicas narrativas altamente eficaces, que arrancan tanto de la novela popular europea del XIX como del lenguaje cinematográfico. Unas técnicas muy interesantes cuyo estudio y aplicación, al menos como referencia, resultan de extraordinaria utilidad a la hora de abordar cualquier materia novelesca de un modo actual, para un público lector que posee -obviarlo es una estupidez suicida- una amplia enciclopedia audiovisual en continua recarga y evolución. Entendida la novela, por supuesto, como se entendió siempre y como algunos -sobre todo los lectores, que es lo que cuenta- seguimos entendiéndola todavía: el planteamiento de un problema narrativo basado en acción, pensamiento, o la combinación de ambos, y la resolución de ese problema mediante las herramientas más eficaces, trama, personajes, estilo y estructura, que el autor sea capaz de aplicar en su trabajo. Porque -y esa es otra- por mucho arte, talento, imaginación y demás dones estéticos o divinos de que disponga el novelista, sin trabajo riguroso y disciplinado n o hay nada que rascar. Y, pese a lo que afirmaba recientemente algún exquisito e imprescindible novelista de diseño, las novelas no se escriben picoteando de flor en flor, un poquito hoy y otro poco el mes que viene, a base de inspiración divina y de hacer vida de escritor en mesas redondas, talleres literarios, columnas periodísticas y barras de bares de moda. Se escriben echándoles muchas horas, y días, y meses de constante disciplina y trabajo.

Dicho todo lo cual, y respetando a todo el mundo, se impone puntualizar un par de cosas. Y precisamente ese par de cosas son las que me llevaron hasta Francfort para conversar con el señor Follet, pese a que tengo a gala no frecuentar ese tipo de eventos. La principal es que, dicho con todos los respetos, no hay que mezclar las churras con las merinas. Quiero decir que quien sitúe El ojo de la aguja y El nombre de la rosa, ambas indiscutibles best-séllers, o La tapadera y El perfume, o El exorcista y Peón de rey en un mismo paquete, es un perfecto simple y un cretino. Porque frente al clásico best-séller anglosajón, frente a un planteamiento novelesco que tiene por objeto exclusivo el mercado, y donde pocas ambiciones suelen plantearse más allá del aquí te pillo y aquí te mato, frente al huérfano ejercicio de la acción y el entretenimiento sin más pretensiones que lograr impactos rentables en las listas de más vendidos, frente al todo vale prepotente y descarado sin otro sostén que las cifras del enorme mercado en lengua inglesa, a menudo la novela europea con éxito de ventas posee en buena parte, y ganado por derecho propio, un amplísimo margen de independencia y de calidad perfectamente compatible con las ventas masivas, y que es al mismo tiempo fiel a sus propias raíces y a su memoria. Y que además goza del respaldo del número de lectores suficiente, pese a los agoreros y a los enterradores prematuros, para justificarla y sostenerla con plena salud.

No podía ser de otro modo, por otra parte. En el panorama de la novela actual, frente a conceptos culturales en materia novelística limitados en el tiempo y el espacio, que a veces rozan el ombliguismo insular, como en el caso británico, o huérfanos -y a veces manifiestamente bastardos-, como el norteamericano, cuya memoria colectiva directa tiene menos de trescientos años pese a la pervivencia en ella de tradiciones muy importantes, la novela vocacionalmente europea, entendida ésta como un amplio paisaje cultural que incluye Iberoamérica y no excluye absolutamente a nadie, cuenta con un denso y riquísimo pasado a sus espaldas. Una herencia de tres mil años de solera que nace en la Biblia y la cultura mediterránea oriental, pasa por Grecia y Roma, llega a España y al sur de Europa enriquecida por el islam, florece en la latinidad medieval y el renacimiento, viaja a América en naves españolas y retorna en forma de barroco para estallar en una inmensa fiesta de ideas y de posibilidades en los siglos XVIII y XIX. Es precisamente ese contexto, ese paisaje, el que hace posible una novela actual europea, respaldada por toda aquella historia y memoria, que puede plantar cara con pleno éxito a la invasión del huérfano bastardo, apunté antes- best-séller anglosajón a palo seco.

Las armas del enemigo
Otra cosa es que se haga o no se haga. Otra cosa es que muchos novelistas europeos, a menudo dispuestos a escribir para el qué dirán de ciertos críticos y mandarines que tienen secuestrada la cultura desde hace décadas, sigan siendo víctimas de sus propios complejos; y que en países como Alemania e Italia se resignen a abandonar la cabecera de las listas de ventas a las traducciones de best-séllers norteamericanos, como si escribir historias y que la gente las lea fuese algo de lo que un escritor deba avergonzarse. Otra cosa muy distinta sería que, en vez de pasarse la vida teorizando en debates televisivos y suplementos literarios y llorando sobre el presunto cadáver de la novela, los escritores europeos no se resignaran a pasar por el aro de la crítica "culturalmente correcta" y volvieran la vista hacia ese inmenso caudal narrativo, hacia esa larga tradición e inmensa memoria que es su orgullo y su fuerza. Y que aplicando, eso sí, técnicas narrativas eficaces, modernas, extraídas sin complejos del mismo cine o la misma literatura anglosajones, consolidaran un género de novela de amplias ventas y futuro, que goce del respaldo de sus lectores y tenga, al mismo tiempo, posibilidades de librar en el exterior la batalla de una literatura europea capaz de competir en el mercado internacional con la dignidad de su rica memoria. Usando, ¿por qué no?, las mismas armas del enemigo. Haciendo compatibles tradición, profundidad y entretenimiento.

La prueba de que ese puede ser el camino que sostenga y revitalice la narrativa europea es que -como resulta fácil apreciar si se sigue la evolución de tiradas en países como España en los últimos diez años, con cifras impensables hace veinte- los lectores responden de forma masiva, calurosa, cuando se les plantea ese tipo de oferta narrativa de calidad, referida a su propio ámbito cultural y a su memoria. La prueba, por hablar sólo de tres títulos recientes, es la acogida entusiasta en España, en decenas de miles de lectores, a la magnífica novela El hereje, de Miguel Delibes; a Peón de rey, de Jesús Fernández, o a la extraordinaria El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas. Y no me refiero a novela histórica forzosamente, sino a novelas de muy diversa índole que incluso al tratar el presente se asientan en una tradición larga y hermosa: la de los miles de años que nos hicieron posibles y que José María Guelbenzu, en un artículo publicado hace pocos días, destacaba con especial lucidez. Novelas que -y esto es fundamental- en España alcanzan mayor cifra de ventas que las de Ken Follet. Novelas asentadas en una memoria, no lo olvidemos, que también resulta atractiva para el mundo anglosajón y norteamericano, donde Europa sigue fascinando e interesando -¿qué novela más europea que la extraordinaria V, de Thomas Pynchon?- y donde, además, la creciente penetración hispana del sur, que lleva consigo su propia memoria latina, crea grandes posibilidades a medio y largo plazo.

El sistema americano
El principal obstáculo en Estados Unidos sigue siendo que allí, donde un sistema comercial eficacísimo es capaz de poner en el mercado internacional de lengua inglesa, de forma masiva y en pocos días, cualquier libro con vocación de muy vendido o muy leído y donde pese a la usual ordinariez del mercado existen, sin embargo, notabilísimos vínculos de memoria histórica europea que incluyen amplias comunidades cultas italianas, judías, etcétera, las editoriales suelen carecer de lectores cualificados capaces de rastrear, leer y descubrir novelas en otras lenguas que la inglesa. Y eso, dificulta la penetración. Aunque las cosas están cambiando y la presencia de autores en lengua castellana, o española, que dicen allí, es cada vez más intensa.

En cuanto a la vieja Europa, yo creo que sólo en el aprovechamiento de la tradición está el futuro; pues eso permite a quien escribe hacerlo con el aplomo de saber de dónde viene y adónde va. Picasso es imposible sin Velázquez, sin Rembrandt, sin Brueghel. Nadie, salvo los soberbios, los cretinos o algunos "bobenzuelos" a quienes vuelven locos los elogios de críticos cantamañanas, puede creerse de veras capaz de escribir nada que merezca la pena o que perviva cuando se trabaja con una memoria literaria o cultural que empieza en Kundera o en la última película de Tarantino. Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, Dostoievsky, Galdós, Valle, Stendhal, Quevedo, Virgilio, Homero, Dickens, Dumas, Stevenson, Melville y todos los otros, los de siempre, los viejos maestros que nos enseñaron a contar historias como siempre se contaron, siguen siendo necesarios antes de dar el primer teclazo; porque en ellos obtenemos el aplomo y el equipaje y en ellos afinamos las armas de la lengua, el estilo y la estructura. Y la novela europea todavía puede ser algo más que asaltar una gasolinera porque la vida no tiene sentido, o quedarse seiscientas páginas mirándose el ombligo... ¡Qué diablos! Quienes no tienen nada que contar, y encima pretenden que la gente pague por leer los avatares de un vacío personal que no interesa sino al autor mismo, harían mucho mejor en dejar libres las mesas de novedades y dedicarse a otra cosa. Y quienes sí desean hacerlo, quienes de veras tienen historias hermosas que escribir para que miles de desconocidos reflexionen, gocen, sientan, comprendan, vivan más vidas y las añadan a la propia, deberían abordar la tarea sin complejos y más pendientes de su trabajo que de lo que dirá tal o cual crítico al día siguiente. Para eso, naturalmente, es necesario desvincularse de los clanes de compadres, de los mercachifles y los parásitos que se autoadjudican el papel de árbitros y convierten las páginas de cultura de los diarios en feudos personales, y trabajar sin complejos con la certeza de que, en literatura, el lec tor es el único que, después del naufragio, cuando por fin el mar se cierra sobre los mástiles del "Pequod", reconoce a los suyos.

A base de recrearse en su propia agonía, de escribir y aplaudir novelas basadas en personajes incapaces de escribir una novela, cierto tipo de gente mató la novela en Francia y en Italia y han estado a punto de matarla también de verdad en España; no por agotamiento del género, como equivocadamente creen algunos, sino por el imperio del esnobismo y la gilipollez y la vacuidad elevada a teoría literaria, a obra maestra imprescindible y a pequeña miniatura imperecedera. No todos tenemos mala memoria, y además las hemerotecas están llenas de definiciones como esas, aplicadas por críticos que siguen pontificando impávidos en ciertos suplementos literarios -los mismos que antes afirmaban que Faulkner y Benet eran el canon- elogiando obras y autores "imprescindibles" que, a los dos meses, todo el mundo, y con justicia, olvida piadosamente. Y, al contrario, son ahora algunos de sus ahijados, compadres y pupilos quienes, poco a poco, cada vez con menos complejos -el autor que dice no importarle vender libros miente como un bellaco-, recurren a estructuras y lenguajes tradicionales, al género policiaco como sostén de la trama, a la historia como memoria y clave del presente, al paisaje cultural común iberoamericano, y miran alrededor para contar novelas como siempre se contaron. Novelas que pretenden abarcar una parte del mundo narrando una historia con planteamiento, nudo, desenlace y con los puntos y las comas en su sitio.

Por fortuna, no todos se "benetizaron" en España por una palmadita en la espalda y un elogio en las páginas de turno. Y hubo gente que se arriesgó, con suerte o sin ella.Y gracias a la resistencia individual opuesta por nombres como Mendoza, Marsé, Sampedro, Torrente y algún otro, la novela de toda la vida, la escrita como Dios manda, siguió viva aquí, mantuvo el cordón umbilical con sus lectores de siempre y pudo enlazar con una generación de novelistas más jóvenes que, con una oferta variadísima, constituyen hoy un sólido núcleo de una veintena de nombres que en su mayor parte son, o serán, perfectamente exportables y traducibles. Por ese camino, la vieja Europa, o al menos la parte que nos toca de ella, puede en mi opinión enarbolar, con absoluta tranquilidad, pabellón propio. Porque best-séller como definición de libros más vendidos, de acuerdo. Nada que objetar al término, porque en él caben Ken Follet, Mendoza, Sepúlveda, Eco, Martín Gaite, Le Carré, D'Ormesson, Prada, Grisham, Marías, Gala, Terenci, Vázquez Figueroa, Clancy, Sampedro, King, Rivas, Baricco, Marsé, Almudena y tantos otros. Libros de éxito, vale. Todos en las librerías, y bendita sea la época en que cada lector puede escoger lo que cuadra con su gusto y no verse obligado, como en otro tiempo lo estuvimos, a exiliarse en novelas extranjeras o en los clásicos, renunciando al presente o sintiéndose miserable porque se aburre con Herrumbosas lanzas.

Todos en las librerías y en las listas, digo, pero cada uno en su sitio. Por mucho que se empeñen los malintencionados y los imbéciles, ni Stephen King es lo mismo que Umberto Eco, ni Ken Follet lo mismo que Jean d'Ormesson, o que Antonio Gala. Y además, Carmen Martín Gaite vende aquí más que Tom Clancy. Así que, mucho ojo. Todos juntos, vale. Pero no revueltos. Y que el buen Saramago nos bendiga a todos.

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