Blogia

El musolari errante

Shakespeare vía Marías

Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo.
Mañana en la batalla piensa en mí,
cuando fui mortal, y caiga herrumbrosa tu lanza,
pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla,
Mañana en la batalla piensa en mí,
desespera y muere. ¡Muere!

Cannibal corpse

Quería haber escrito algo ahora, pero la verdad es que no me siento demasiado inspirado, así que os dejo con un fragmento que me dejó buena huella cuando lo leí, hace pocos años. Procede de “la narración de Arthur Gordon Pym”, la única novela que escribió Poe, y que os recomiendo fervientemente. Uno de los más extraños finales que jamás haya encontrado, sugerente y a la vez aterrador. La novela completa está aquí, aunque es demasiado larga para leerla por Internet.

 

En el momento en que sucede el fragmento, el protagonista está con otros tres en la cubierta de un barco a la deriva, llevan varios días sin comer, y uno de ellos acaba de proponer que “uno tiene que morir para que se salven los demás”.

CAPÍTULO XII


 

Desde hacía algún tiempo, yo ya había sospechado que tendríamos que llegar a este último y terrible extremo, y había resuelto interiormente aceptar la muerte en cualquier forma y bajo cualesquiera circunstancias antes que echar mano de tal recurso. Mi resolución no se había debilitado en modo alguno bajo la presente intensidad del hambre que padecía. La proposición no fue oída por Peters ni por Augustus. Por ello, llevé a Parker a un lado y, pidiéndole mentalmente a Dios poder bastante para disuadirle del horrible propósito que abrigaba, disputé con él durante largo rato, rogándole en nombre de todo lo que él tuviera por sagrado, y aduciéndole todos los argumentos que lo extremado del caso requería, para que abandonase la idea y no la mencionase a ninguno de los otros dos.
Escuchó todo lo que le dije sin intentar rebatir ninguno de mis argumentos, y yo empezaba a creer que lo había convencido. Pero cuando dejé de hablar, me espetó que sabía muy bien que todo lo que yo había dicho era verdad, que recurrir a tal extremo era la alternativa más horrible que podía concebir la mente humana, pero que él había soportado hasta donde la naturaleza humana puede resistir, y que era innecesario que pereciesen todos, cuando con la muerte de uno era posible, e incluso probable, que al fin se salvasen los demás. Añadió que yo podía evitarme el trabajo de amonestarle por tal propósito, pues ya lo había resuelto en su mente aun antes de la aparición del barco, y que sólo el barco que tuvo a la vista le había impedido hablar del asunto más prontamente.
Le rogué entonces que ya que no quería abandonar su propósito, lo difiriese al menos para otro día, para ver si entre tanto aparecía algún otro barco que pudiera salvarnos, aduciendo de nuevo cuantos argumentos se me ocurrieron como más adecuados para conmover la dureza de su naturaleza. Pero me contestó que no había hablado con nadie hasta ver llegado el último momento posible, que no podía vivir por más tiempo sin tomar sustento de cualquier clase, y que por eso otro día más sería demasiado tarde, pues al día siguiente se habría  muerto.
Viendo que no podía conmoverle con nada de lo que le decía en tono suave, cambié de actitud y le dije que tuviese presente que yo era el que menos había sufrido de todos a consecuencia de nuestras calamidades; que, por consiguiente, mi salud y mis fuerzas se habían conservado hasta el momento mucho mejor que las de Augustus o Peters y que las suyas propias; en una palabra, que estaba en condiciones de imponerle mi voluntad por la fuerza si era necesario, y que si trataba de dar a conocer a los demás de algún modo su designio sanguinario y caníbal, no vacilaría en arrojarlo al mar. Al oír estas palabras, se arrojó inmediatamente a mi garganta y, sacando una navaja, hizo varios esfuerzos infructuosos para clavármela en el estómago, atrocidad que sólo su excesiva debilidad le impidió cometer. Mientras tanto, yo, en el más alto grado de ira, le iba empujando hacia el costado del barco, con la clara intención de arrojarlo por la borda. Pero se salvó de este fin por la intervención de Peters, que se acercó y nos separó, preguntándonos la causa de nuestra desavenencia, cosa que le explicó Parker antes de que yo tuviera medio de impedírselo.
El efecto de estas palabras fue aún más terrible de lo que me había figurado. Tanto Augustus como Peters, quienes al parecer habían venido meditando desde hacía tiempo la misma espantosa idea que Parker había sido sencillamente el primero en expresar, se unieron a su propósito, insistiendo en que se llevase a cabo inmediatamente. Yo había calculado que por lo menos uno de los dos primeros conservaría la suficiente fuerza de voluntad para ponerse a mi lado y resistir cualquier tentativa de realizar tan espantoso designio; y, con la ayuda de uno de ellos, no tenía miedo de ser capaz de impedir su consumación. Al resultar fallidas mis esperanzas, me vi obligado a atender a mi propia seguridad, pues una mayor resistencia por mi parte podía ser considerada por aquellos hombres hambrientos causa suficiente para prescindir de jugar limpio en la tragedia que sin duda se desarrollaría rápidamente.
Les dije que estaba dispuesto a someterme a la proposición, rogándoles simplemente que la aplazasen por una hora, a fin de que hubiese una oportunidad de que la niebla que se había adensado en torno nuestro desapareciese, y ver si era posible volver a divisar el barco que habíamos visto. Con grandes dificultades obtuve de ellos la promesa de aguardar durante este tiempo, y, como había calculado (pues una brisa se aproximaba rápidamente), la niebla se disipó antes de que hubiese expirado la hora; mas, como no aparecía ningún barco a la vista, nos dispusimos a echar suertes.
Con la mayor repugnancia me detengo a relatar la espantosa escena que siguió, escena que, en sus más minuciosos detalles, ningún acontecimiento posterior ha podido borrar de mi memoria en lo más mínimo, y cuyo horrendo recuerdo amargará todos los momentos futuros de mi existencia. Pasaré, pues, por esta parte de mi relato con la mayor presteza que la índole de los acontecimientos de que tengo que hablar lo permita. El único medio que ideamos para la terrorífica lotería, en la que íbamos a tomar parte, consistió en echar pajas. Hicimos unas astillitas, y se acordó que fuera yo el que las sostuviese. Me retiré a un extremo del barco, mientras mis pobres compañeros silenciosamente se situaron en el opuesto, vueltos de espaldas hacia mí. La ansiedad más amarga que experimenté durante este drama horrible fue la del rato que estuve ocupado en la colocación de las astillas. Son pocas las ocasiones en que el hombre deja de sentir el más profundo interés por la conservación de su vida, y este interés aumenta momentáneamente con la fragilidad del asidero al que se agarra la vida. Pero ahora que el silencioso, definitivo y grave asunto en que estaba comprometido (tan distinto de los tumultuosos peligros de la tempestad de los gradualmente próximos horrores del hambre) me permitió reflexionar sobre las pocas probabilidades que tenía de librarme de la más espantosa de las muertes, una muerte para el más espantoso de los fines, todas las partículas que podían constituir mi energía volaron como plumas llevadas por el viento, dejándome desamparado y presa del más abyecto y lastimoso terror. Al principio no tuve ni fuerzas suficientes para reunir las pequeñas astillas de madera, pues mis dedos se negaban por completo a cumplir su oficio y las rodillas me entrechocaban con violencia. Por mi cerebro pasaron rápidamente miles de proyectos absurdos para evitar tener que participar en la terrible lotería. Pensé dejarme caer de rodillas ante mis compañeros, suplicándoles que me permitiesen librarme de aquella exigencia; lanzarme de repente sobre ellos y, matando a uno, hacer inútil la decisión mediante la suerte; en una palabra, hacer todo lo que fuera preciso menos seguir adelante con lo que tenía en las manos. Por último, después de esperar mucho tiempo en esta actitud estúpida, me volvió a la realidad la voz de Parker, quien me apremiaba para que les sacase a ellos de la terrible ansiedad que estaban sufriendo. Ni aun entonces acertaba a colocar las astillas en mi mano, pues sólo pensaba en toda clase de astucias para que a cualquiera de mis amigos le tocase la paja corta, pues se había acordado que quien sacase la más corta de las cuatro pajas de mi mano muriese para la salvación de los demás. Antes de que alguien intente condenarme por esta aparente crueldad, debe colocarse en una situación semejante a la mía.
Por fin ya no era posible más dilación y, con el corazón casi saltándome del pecho, avancé hacia la parte del castillo de proa, donde me estaban aguardando mis compañeros. Tendí la mano con las astillas, y Peters sacó inmediatamente una de ellas. Se había salvado...; al menos, su astilla no era la más corta, y ahora había otra posibilidad más en contra mía. Reuní todas mis fuerzas y le ofrecí las astillas a Augustus. También sacó inmediatamente una, y también se salvó; y ahora tenía las mismas probabilidades de morir o vivir. En aquel momento se apoderó de mi alma toda la fiereza del tigre, me dirigí hacia mi pobre compañero Parker, con el odio más intenso y diabólico. Pero este sentimiento no duró mucho y, al fin, con un convulsivo estremecimiento y cerrando los ojos, le tendí las dos astillas restantes. Transcurrieron más de cinco minutos antes de que se resolviese a sacar su suerte, y durante este tiempo de inquietud que partía el corazón no abrí ni una sola vez los ojos. Por fin, una de las dos astillas fue rápidamente arrancada de mi mano. La decisión estaba tomada, pero yo no sabía si era en favor o en contra mía. No hablaba nadie, y yo no me atrevía a mirar la astilla que tenía en la mano. Peters me cogió del brazo y me obligó a abrir los ojos, viendo inmediatamente en el semblante de Parker que me había salvado y que él era el condenado. Falto de aliento, caí sin sentido sobre la cubierta.
Me recobré de mi desmayo a tiempo aún para ver la consumación de la tragedia en la muerte de quien había sido el instrumento principal de que se cumpliese. Sin embargo, no opuso resistencia, y cayó muerto en el acto de una cuchillada en la espalda por Peters. No debo detenerme a relatar la horrible comida que siguió inmediatamente; estas cosas han de imaginarse, pues no hay palabras con poder suficiente para impresionar el espíritu con el tremendo horror de su realidad. Baste decir que, habiendo apaciguado en cierta medida la rabiosa sed que nos consumía gracias a la sangre de la víctima, y habiendo desechado, por común asentimiento, las manos, los pies y la cabeza y arrojándolas junto con las entrañas al mar, devoramos el resto del cuerpo, en pedazos, durante los cuatro eternamente memorables días del diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de aquel mes.

Sencillamente canciones (III)

Sencillamente canciones (III)

Se ha hecho esperar esta entrega, pero bueno... Realmente hoy sólo traigo aquí una canción, pero en el disco incluye tres “introducciones” de las cuales tengo dos en el lápiz. Me trae muy buenos recuerdos, porque es una canción a dos voces que la cantaba (o mejor, la berreaba) con Javi cuando íbamos al Pryca en coche a hacer la compra de la semana, y no nos interrumpían las carcajadas. La música es aceptable, rockera estándar, y la letra... bueno, pues mejor transcribirla, porque no tiene desperdicio. Algunas de las frases me sirven de comodín habitualmente, como sabréis alguno de vosotros. Y el título del disco no tiene desperdicio: “Demasiao perro pa trabajá, demasiao carvo pa rocanró”. Ahí va la letra; si podéis encontrar la canción no lo dudéis, porque las dulces voces de los dos individuos son imponentes. Me faltan dos o tres palabras que no entiende ni Cristo. Con la M abrevio “Mateo”, y con la O abrevio “Otro”.

 

Intro 1: Ring, ring...

- Sí. dígame?
- Está Mateo?
- Sí, soy yo. Que quién es?
- Illo, soy yo otra vez tío. Illo me vas a dejar eso o no?
- Qué pesao eres tío! Illo déjame que eres mu pesao tío!
- Illo párate párate párate! Illo párate! Shhhh Párate, párate.
- Qué quieres?
- Que me dejes la muñeca to la noche, tío!
- Que no tío que no te dejo la muñeca, que la muñeca es mía, tío, que te compres
una! Mira, a chuparla!
- Illo! Illo haz el favor, t..! Illo, haz el favor tío! Illo, illo, illo, illl..! Grrrr ya te cogeré!!!
 
 
Intro 2:
Piiiiiiiiiiiiiii...
- Illo quién es? Que son las cuatro de la mañana para dar por culo con el puto timbre!
- Illo! Está Mateo? Está Mateo?
- Sí, soy yo. Quién carajo eres?
- Illo, illo haz el favor, me vas a dejar eso o no???
- Qué pesao eres tío! Eres más pesao que el que mató un cochino a besos! Déjame tranquilo tío!
- Illo, déjame la muñeca to la noche tío!
- Qué pesao eres tío!
- Favor, favor!
- Mira, al carajo!
- Illo, illoillo... ya te cogeré!

 

Intro 3:

 
- Mateooooooooooooo!!!! Illo, sal al balcón! Mateooooooooooooo!!! Eeeeeeeh!!!!
- Qué pasa tío, con esas voces!!!
- Mateooooooooooo!! Déjame la muñeca, tío!!!!!!!!
- Te voy a dejar un mojón, te voy a dejar!!! Vete ya tío, déjame intranquilo tío!!!
- Ya te cogeré, ya te cogeré.
- Illo además, como llamo a la policía..
- Mateooooooooooooooo!!!! P´acá!!!!!!!!!!!!!! Muñeca!!!!!!!!!!!!!
- Al carajo otra vez!
- Sí, ya te cogeré, ya te cogeré, gachón!

La canción:

M:Yo tengo en mi casa lo menos cinco muñecas hinchables
y mira que me las pide la gente
pero yo no se las dejo a nadie
Y en la fábrica tengo un amigo mío
que me las pide todos los días diez o doce veces
¡Mira que es pesao el tío!
Y a mí me duelen de hacerle cortes de mangas los brazos
porque ese tío es una jartá de pesao
¡ese tío es un coñazoooo!
¡Ojú, que miedo, por ahí viene, ojú por ahí viene el tío!
O: Illo, illo, illo, ven p'acá, ven p'acá, ven p'acá
¡¡¡¡¡Ayyyyyyyyy Aaaaaaaah que me la dejeeeeeeees!!!!!!!
O: ¡Illo déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un carajo!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un mojón!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Anda y vete a tomar por culo!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Dios mío, qué pesao...
O: Aaay, que tengo mucho poblema. ¡Que no paro de hacerme pajillas!
O: ¡Ay, por Dios te lo pido!
M: Como si me lo pides por la Virgen.
O: ¡Ay, me dejas la muñeca to la noche!
M: No me sale de los cojones.
O: ¡Ay por tus muertos tooooos!
M: ¡Ay, ni por mis vivos!
O: ¡Sisplaaaaaaaaaau!
M: Ponte de rodillas, ponte de rodillas.
O: ¡Y una leche! ¡Que me la dejes aaaah!
O: ¡Illo déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un...!
O: Que me dejes la muñeca to la noche
M: Ay que no me da la gana.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Ya puedes llorar sangre si quieres.
O: ¡Ay que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaaah!
O: ¡Ay que me gusta el olor a goma! ¡Sisplau!
M: ¡Pues cómprate un flotador!
O: ¡Ay que me la dejes! ¡Ayyyy Auuuu!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te voy a dejar un cipote.
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: No me sale del huevo izquierdo.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un mojón!
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaah! ¡Por favor te lo pido!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Cómprate un tigre y aráñate la cara!
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: ¡Cómprate un heavy y peléate con él!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te vas a comer lo que se comió Clavijo.
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! Sisplau y no te hagas el remolón aaah!
O: ¡Ven aquí por favor ahhhh!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te vas a comer lo que se comió Mahoma.
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: No me sale de los cojones.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Tío déjame tranquilo!
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaah!
O: ¿Es que no me estás viendo? ¿Cómo sudo?
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Aaaay no me da la gana dejarte ná!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Anda y vete a pegarle peos a una vaca.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Illo anda que ??? de calor.
O: ¡Que te compro un piso en Valderrama!
M: ¡A mí me da lo mismo que me compres lo que me quieras comprar, quillo!
O: ¡Con vistas al mar!
M: ¡Como si son con vistas a una ventana que hay una tía todas las mañanas cambiándose los sujetadores de tres en tres! ¡Déjame tranquilo tío, que eres una jartá de pesao, que eres más pesao que un collar de melones, que eres más pesao que mi suegra!
P.D: La canción no está en Internet, así que hago algo por la vida.

En el barro

... de estas veces que uno se obsesiona con un problema y no es capaz de quitárselo de encima. Y quiero escribir los correos, y seguir leyendo los crímenes de Oxford, que me está enganchando (aunque no tanto como el perro a medianoche), y ver alguna peli, que por fin pude disfrutar entera larga y sin cortes de Batman begins el otro día, y acabar el post que tengo a medio escribir sobre songuitas 3 y otro para el blog de fútbol sobre el Arsenal, pero no puedo, siento que mientras no esté seguro de que puedo levantar mi funtor desde las categorías de fusión al linking system voy a ser un inútil total para la vida social e interior. Y ahora voy a apagar el ordenador, porque son las dos de la mañana y ya va siendo hora de acostarse, y si consigo vencer la atracción del folio me acostaré boca arriba y sólo veré espacios de aplicaciones y Mor y Hom por todas partes y que tengo que elegir una manera de levantar y que no encuentro manera canónica de hacerlo (pero tiene que haberla!!!!). Y cuando haya pasado el tiempo y me haya cansado de sentirme inútil, o bien haya encontrado una solución que mañana por la mañana será falsa –es curioso como la desesperación se impone en ocasiones a la lógica-, o simplemente sea tan tarde que me resulte pornográfico estar despierto, me daré la vuelta, boca abajo con la cabeza hacia un lado como no duermo aunque no me imaginen haciéndolo así, y dormiré rápido, porque al final siempre me ocurre, un sueño sin sueños cuando me acuesto tan tarde.Y despertaré y seguiré con lo mismo, me será difícil desmarcarme en el autobús (le debo un post a mi asiento, no es broma, por cierto) a pesar de que sentarme en él actúa como el mayor de los narcóticos, y seguiré y seguiré y la casa derribaré y espero que Broto me haya escrito confirmándome mi intuición para que la vida me sea más fácil. Pero es improbable, tiene mucho trabajo, y yo seguiré dándole vueltas creyendo siempre que no hay salida, y si la hay tiene que pasar por ese epsilon subP,P de A que no acabo de entender correctamente, ni qué tiene que ver con E(P), ver que ocurre en el problema análogo de fibrados o sucesiones exactas sería interesante e instructivo. Pero no es la primera vez que me pasa, uno acaba saliendo del agujero y seguro que las cosas son así, como yo pienso aunque no haya sido capaz de probarlo, es muy bonita esta categoría L’/C para no cumplir lo que deseo. Y cuando por fin lo resuelva y me ponga a escribir de verdad con la sonrisa en el rostro me pondré aquí y diré que me salió y hala, listos de papeles let’s publish que diría girona y cerrado problema de cinco años, desde que mi topic en el msn era aprendiendo a celularizar, veía personas diferentes de las que veo ahora y pensaba cosas menos maduras que no alcanzaban a resolver ni casos sencillos, siendo el susodicho problema global mucho más difícil de lo que yo pensaba. Cuando creí haberlo resuelto diez veces y hubo cuatro semanas que recuerdo de reflexión furiosa y túnel y al final resultado nulo pero que me curtió con el fin de la tesis ya a la vuelta.

 Bueno, basta, basta, “guarda en ti la Musa que arde, pastelero”. Mein Herz brennt.

Píos deseos al empezar el año

Está arraigada la costumbre de comenzar el año con buenos propósitos y deseos. Sin embargo, no ha sido en general esta una tónica en mi vida; primero, porque sé de mi inconstancia para supuestos cambios de conducta, máxime si estos han de estar determinados por un motivo tan débil como una fecha; y segundo, porque los pocos deseos que tengo –sé que eso es una medida positiva de cómo funciona mi vida-  hay que mirarlos siempre como una construcción antes que un golpe de suerte, más un camino que un relámpago.

 

Sin embargo, a modo de aproximación, os dejo aquí unos viejos versos de mi adoradísimo y nearly alter ego fundamentalmente mental Jaime Gil (baste decir que tengo el propósito de visitar su tumba para rendirle cálido homenaje) que desde luego, vienen muy a cuento. Feliz año!!!

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
—o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

Rainy day women

 Que cada uno ponga al lado los nombres que correspondan...

 

Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.

Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,
hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,
hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,
hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.

Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal,
mujeres fatal.

Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,
hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,
hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.

Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,
hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.
Hay mujeres que compran a plazos un nicho en el cielo,
hay mujeres que cambian abrazos por ramos de azahar...

Joaquín Sabina

Dos días frenéticos en ocho fotogramas

Dos días frenéticos en ocho fotogramas

Miércoles.

1. Morgen. La primera reunión en mi cubil de esa gente con la que convivo día a día en un almuerzo que es mucho más que un acto social. Pretexto cumpleaños y atractivo chocolate belga. Presencias inolvidables en un gran círculo, como podéis ver afortunadamente inmortalizado, aunque borroso, por mi cámara moribunda.

 

2. Afternoon. Mi primer consejo de departamento, luchando con éxito moderado contra Morfeo. La celebración en el más distinguido Reform Club de Getafe, con la socialización que más me gusta: la que está basada en escasos pero fuertes baluartes de prometedora relación, pronto amistad quizá. Ya voy conociéndolos a todos, a mis compañeros lejanos cada vez más sólo en la distancia.

 

3. Vespre. Inma, siempre luminosa, contando en un garito sin nombre la historia tremenda de sus abuelos, y de los que vivieron con ellos. Y también el Buenos Aires que ha visitado estos días, ella merece esta ciudad y viceversa. Un cómic de Maitena intacto sólo haasta mañana, un barril de batido de chocolate en un Vips, sonrisas patakieras por doquier y el tren que se fue demasiado pronto.

 

 4. Nuit. Al fin Rosa, al fin solos, al fin el abrigo imposible, qué regalo Dios mío. Y un restaurante con fuente donde parecía que no había nada, qué mejor que el gran carpaccio y los gnocchi, señales inequívocas de que pasé de los treinta y del disfrute que espero encontrar una nueva época. Dio igual que las velas se apagasen, no necesito ya verla para saber que está.

Jueves.

 

 5. Manhana. Sabios y divertidos, se reunieron en la churrería agonizante de Diego de León los pioneros blogueros futboleros, sabios y divertidos, con Borja en el camino y Galder en el recuerdo. Hubo análisis, recuerdos, puyas y proyectos, pero entre tanta risa se necesitaba sutileza para captarlos. Los que menos veo y sin embargo, día a día, más presentes están. Viva la Red.

 

 6. Mediodía. Comida final, los mismos rostros, alguno menos y más, de ayer alrededor de los bombones, palidecen en la seguridad de que hasta el 2007 se convertirán en un espacio en blanco (otros, lejos, deberán llenarlos). Por eso, los sentí un poco más cerca en el comedor casi vacío. Y me faltó Elisenda.

 

 7. Sera. El último pádel, extraña y apropiadamente, cuatro desde el principio hasta el final, y hay agradable impresión de que es gente para tiempo (y no sólo con una raqueta en la mano). Y despedidas, en pista, coche y metro, cada cual con previo más prolongado que el anterior, y que más corto a su vez se hacía.

 

 8. Nox. El colofón, asistencia a recitado de poemas con fondo musical por amigos de la parte consorte, mucha gente a la que me alegré de volver a ver, atmósfera estupenda, alguna reminiscencia a Lorca y muchas veces Feliz Navidad, todas las que haga falta. E incluso una más, dedicada a ti que me estás leyendo.

¿Qué hago ahora? (jueves, dos de la mañana)

¿Qué hago ahora? (jueves, dos de la mañana)

¿Dónde pongo lo hallado?
En las calles, los libros
La noche, los rostros
En que te he buscado

¿Dónde pongo lo hallado?
En la tierra, en tu nombre
En la Biblia, en el día
Que al fin te he encontrado

¿Qué le digo a la muerte tantas veces llamada a mi lado
Que al cabo se ha vuelto mi hermana?

¿Qué le digo a la gloria vacía de estar sano
Haciéndome el triste, haciéndome el lobo?

¿Qué le digo a los perros que se iban conmigo
En noches perdidas de estar sin amigos?

¿Qué le digo a la luna que creí compañera
De noches y noches sin ser verdadera?

¿Qué hago ahora contigo?
Las palomas que van a dormir a los parques
Ya no hablan conmigo

¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros
Las noches, todos los amigos

Mortadeladas

Mortadeladas

 Desde pequeño siempre sentí devoción por Mortadelo y Filemón. Fue una de las lectuas favoritas de mi pequeña infancia, hasta el punto de que con gran frecuencia alguna frase, situación o palabra particular (colodrillo, por ejemplo) me trae automáticamente a la cabeza la imagen de los dos divinos calvos que más me han divertido en mi vida. Un tipo de conversación que tengo de tarde, y que siempre me resulta muy placentera, es juntarme con otro de la secta mortadelista y comenzar a recordar, en el convencimiento de que con dos pinceladas que a cualquier otro le sonarían a chino, el interlocutor rápidamente se meterá dentro de la aventura que toque. En esa secta, por cierto, Víctor es el sumo sacerdote. Como no podía ser de otra manera, guardo un especial cariño hacia la figura de Francisco Ibáñez; para los escasos que no lo sepan, el creador de los dos agentes. En mi opinión, una gloria nacional. Tuve la fortuna de conocerlo en uno de los Salones del Comic a los que fui en Barcelona, y ha sido de las pocas veces en mi vida en que he podido intercambiar unos momentos cara a cara con un ídolo. Aunque es justo decir que en los últimos años el nivel de sus tebeos –como a él le gusta llamarlos- ha descendido considerablemente, es diáfano que sólo por sus aventuras largas de los 70 (mayúscula su colección Ases del Humor) merece un sillón en una ficticia tabla redonda de los mejores autores del comic europeo. Si fuera francés o americano, seguro que habría tesis titulada “La caja de diez cerrojos: un enfoque sobre la globalización”, “Implicaciones de la máquina del cambiazo en la teoría cuántica” o “Los cambios morfo-fisiológicos en Safari Callejero”. Ayer, cuando iba a jugar el típico partidazo de los viernes, un amigo (que además lee el blog) me sorprendió no sabéis hasta qué punto con un regalo de Navidad inesperado: un ejemplar firmado por el propio Ibáñez. Tan impactado que me quedé que creo que no fui capaz de expresar mi agradecimiento como debería haberlo hecho. Así pues, sirva este post como un intento de redención ante mi falta de expresividad. Gracias, Luis.  

 

Sencillamente canciones (II)

Sigamos con las songuitas. Me gusta esto, aunque hoy es un poco tarde, y como decía Serrat, ha sido un gran día.

 

7. Desenchantée. Otra canción de baile, aunque creo recordar que la original no lo era. Y también con tendencias progressive, aunque menos puras que la anterior. Yo pensaba que era una canción personal, pero luego leí la letra y en ella Kate Ryan se refiere al desencanto de una generación. Y la protagonista lanza un desesperado SOS “Todo es caos a mi alrededor, mis ideales hundidos, sólo busco un alma que pueda ayudarme!!!”. Y los sintetizadores marcando una melodía repetitiva y desasosegante. Mi mayor recuerdo de esta canción está unido a una noche de juerga en Lloret, cuando retuve la melodía pero no la letra, y desée con todas mis fuerzas haber tenido a mi alrededor a la gente apropiada para disfrutarla. No era así.

 

8. The blower’s daughter. Segunda y última aparición de Damien Rice aquí. Seguramente la canción que más tiempo lleva globalmente en el lápiz, y de las pocas que salieron, breve tiempo, para volver a entrar. Para quien no la conozca, es la que abre y cierra Closer, una película que sin ser buena como tal, merece la pena por lo adulto y real de lo que propone; pocas veces una canción encajó tanto con un filme. He leído las interpretaciones más variopintas de este tema, incluso conectadas con leyendas celtas, pero la que más me creo y más me gusta es, sencillamente, que Damien se enamoró de la hija de su profesor de flauta cuando era niño, y retuvo el recuerdo para siempre. Quizá es la canción de todo el mundo que más me altera cuando la escucho, significa demasiado para mí como para que pueda hacerlo con tranquilidad.

 

9. Jungleland. Me referí a ella hace unos pocos posts, cuando la descubrí en directo en youtube. Como ya dije allí, me parece la mejor canción jamás compuesta por nadie, con ligera diferencia sobre Stairway y la rapsodia bohemia. Tomando como punto de partida  un enfrentamiento entre bandas, Springsteen desarrolla una larguísima letra donde poco a poco la historia se va abriendo, como círculos concéntricos, con toques ambientales, simbólicos y filosóficos, de ambición inusitada para un simple tema. No parece exagerado decir que los gritos finales de Bruce son la expresión máxima de la mística del rock, agotados ya los temas del amor y la muerte. Musicalmente, la canción es casi una sinfonía: comienza con el sutil violín de Suki Lahav ambientado unas frases de piano de Roy Bittan que anticipan el Romeo and Juliet de los Dire con un toque marcadamente naïf. La primera estrofa, contenida, se cierra con los primeros golpes batería que introducen un ritmo marcadamente rockero; un crescendo contenido, con un par de highlights, que puntea el solo de guitarra de Stevie. Cuando concluye esa primera parte, entra el esplendor indescriptible del saxo del Big Man, con tres minutos estremecedores de virtuosismo sin par, a través de la cual evoluciona el tema de lo concreto a lo abstracto, de la alegría al sufrimiento, de la eficacia a la grandeza... moviéndose en las fronteras del jazz. Acabado el inolvidable solo, de nuevo levísimo teclado para enmarcar la voz lejana que nos habla de consumación. Y para rematar, subida descomunal, irrepetible, con los seis bramidos del Boss que son ya historia de la música. Un Presto para terminar. Como la Heroica.

 

10. Crawling. Linkin Park a la palestra. Poco puedo decir de ellos, salvo que es un grupo en el que me gustaría introducirme porque están llenos de energía. Me encanta ese organito que de repente es perturbado por auténticos alaridos que nos llevan a los momentos más desquiciados del pobre Kurt. Y en el medio, estrofas donde se entremezclan el tono cansino de Thom Yorke, la cualidad descarnada de la voz de Eddie Vedder y guiños hiphoperos. Un estupendo cóctel con el que creo me emborracharé más de una vez los próximos meses.

Sencillamente canciones (I)

Comienzo con este una pequeña serie de posts sobre las canciones que llevo en mi lápiz, y que por tanto acabo escuchando casi seguro una vez al día. Pocas cosas pueden dar más pistas sobre mi estado de ánimo y sobre lo que me va interesando en cada momento, y además en general son canciones muy buenas, así que lo que escribo puede servirle a alguien. Allá vamos.

 

1. Pues es curioso, pero la que comienza la lista no sé ahora mismo como se llama. Es una cancion progressive, de esas que es imposible escucharlas quieto. Para no iniciados, el progressive es esa música discotequera que se caracteriza por descomunales subidas, habitualmente apoyadas en fuertes cajas y percusiones. La última vez que escuché esta canción sin ser en mi propio mp3 fue en un coche en Badajoz a toda pastilla  -pues como previo de juerga no tiene precio- y me la dio a conocer un excompañero de piso de Barcelona, que la utilizaba para fines parecidos. Advertencia, no es “la canción de los tambores”, que esa sí sé como se llama.

 

2. Angelina, de Dylan. Prototipo de la canción misterio, una de las más extrañas y sobrecogedoras canciones de amor jamás escritas. Se desconoce a quien se la dirigió el maestro, y de no haber sido rescatada en las Bootleg Series, permanecería en el olvido de las profundidades más abisales, las de las viejas tiendas de discos de segunda mano, y las de la Red de Redes, quizá peores. Imágenes inolvidables, como “He visto trozos de hombre marchando a tomar el cielo, veo al jinete desconocido, al caballo blanco”. Y en medio de este desierto, de este valle de los gigantes, mientras la sangre se seca en nuestro pelo, vemos a esa mujer cuyos ojos serían el orgullo de una serpiente, que fue robada con tres años y que ya ha tomado venganza. Por ella le pediremos piedad a Dios y dormiremos en lugares malditos. Oh Angelina..

 

3. Take this waltz, de Leonard Cohen. La conozco desde hace casi quince años, cuando entró en mi vida en una de esas míticas cintas puercas; incompleta, mi incultura de aquella época (sólo ligeramente mayor que la actual) me mantuvo en la inopia sobre su autor hasta que me lo reveló Carlos un día que pasó por mi casa; más tarde averigüé que la jicha que le da un sabor tan especial a la última estrofa es la dulcísima Jennifer Warnes. Me compré I’m your man, un disco supremo, sólo para tener esta joya entera en la época pre-internet. Qué decir cuando se juntan dos genios como Leonard y Lorca en este vals donde hay un violín que a ratos suena a slide, donde manda el piano –a veces los vientos- y los coros proporcionan una oscura profundidad. Es una historia o monólogo de ansiedad y deseo, con algunos toques surrealistas y otros de una belleza que parece sencillamente imposible. Lo bailé, momento de una vida, con Rosa, aunque no en Viena sino en Barcelona.

 

4. Fallen, de Franz Ferdinand. No puedo decir mucho de este corte en particular, porque hace poco que entró, pero sí que muy pocas veces he sentido la sensación de alteración y torrente que provoca este grupo, que por cierto conocí como teloneros de U2 en el concierto de Madrid. Que en esas pésimas condiciones (de día, técnicos montando, la gente a otra cosa) consiguieran la atención del personal ya merece un monumento. Pero es que a veces dan sensación de fuerza incontenible, con la voz que parece aleatoria hasta que de repente entra en la línea armónica del guitarreo ametrallador. Difícil resistirse, y no recomendable para nostálgicos, depresivos motu propio o, en general, gente tranquila.

 

5. Amie, de Damien Rice. Una canción que me llegó de Francia, y que en su extrema sensibilidad esconde tesoros de delicadeza, contrapuestos con referencias sutiles al sadismo (vía O). Al final, como dice el mismo Damien, no es nada extraño, a veces en la vida lo más duro y lo más suave no están en realidad tan lejos. De nuevo violines, más dialogantes que en la canción de Cohen, y esa guitarra que este sensacional músico hace sonar con una cualidad solitaria terriblemente personal e intransferible. Un verso que me identifica en momentos no tan buenos: “Just a little soldier in my road to nowhere”. No he podido traducirlo de modo que no pierda su cualidad de desamparo, lo siento.

 

6. Je te mentirai, versión de Patrick Bruel y Cabrel. Quizá el estándar que uno piensa cuando se pregunta por una balada francesa, y que a mí me trae recuerdos de Barcelona y de un disco, iniciático, que se llamaba “Una mica de França”. Pero en su dulzura que linda los peligrosos terrenos de la sensiblería, uno encuentra, a veces, una sensación de sincero desvalimiento que, dependiendo del ánimo, puede recorrer subida en un triste piano los áridos terrenos de la (auto)compasión, la indefensión y la resignación. Una melodía para escuchar en esos momentos en que haces por alguien algo que nunca harías por ti, y que sabes que puede incluso humillarte, ensuciarte, hundirte en el fango. Pero lo haces, o comprendes a quien lo haya hecho.

  

Un test imprescindible

Bueno, va siendo hora de revitalizar un poco la alicaída sección de sexo de este blog. Y para ello, nada mejor que enviar al personal a un fantástico test que he encontrado hace un rato, y que está aquí. Me lo he pasado de maravilla haciéndolo, los que lo han propuesto no tenían mucho freno. Y no estoy descontento con mi resultado. Eso sí, en inglés.

Solemne

Solemne

Hoy he recordado un momento que me encanta, que es ya parte de la Historia de la Música. De muchos es sabido que Beethoven (mi compositor favorito, by the way) ha sido el gran impulsor, a través de sus maravillosas obras, de sentimientos que son básicos en lo que la Humanidad tiene, precisamente, de humana: la libertad, la alegría, el  heroísmo... No es tan conocido, en cambio, cómo terminó su vida siendo bastante enemigo de todo modo de religión organizada.

 

A pesar de esto, cerca ya del final y en plena etapa cumbre de su creatividad –la última de las tres en las que normalmente se divide su evolución musical- compuso una de sus obras cumbre: la Missa Solemnis, segunda composición de este estilo abordada por el compositor tras la misa en Do de muchos años antes. Es imposible explicar aquí la magnificiencia de la Solemne: sus descomunales proporciones, que la hacen inviable para la liturgia; el comienzo del Gloria, con escalas ascendentes que semejan ángeles remontándose en el firmamento; o el maravilloso solo de violín que da comienzo al Benedictus, quizá el momento más célebre, por sutil y delicado, de toda la partitura.

 

Yo quería referirme aquí a un momento concreto que siempre me ha llamado mucho la atención. En el cuarto número del Credo, se escucha nítidamente a los cantantes la presentación de la Tercera Persona: “Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur, qui locutus est per prophetas.” A partir aproximadamente de la mitad de la frase, el volumen de la música va ascendiendo, mientras el coro grita, cada vez con más fervor, “Credo, credo”. Y cuando uno espera la afirmación de fe en la Santa Iglesia, Católica y Apostólica, el mar de fondo es tan descomunal (especialmente con los vientos lanzados a toda máquina) que se hace imposible entender nada. Sólo vuelve el mensaje cuando súbitamente se callan los trombones y se oye “Creo en el perdón de las pecados”, que dará paso, unos segundos después, a la monumental fuga “Et vitam venturi saeculi”.

 

Sólo un genio como Beethoven podía realizar tamaña profesión de fe mediante un silencio. Quizá porque entonces su vida ya lo era. Cuánto lo admiro.

A day in the life

Me he levantado a las ocho, después de concederme una hora de crédito respecto a mi despertador. Lo primero del día ha sido hacer una crónica del partido del Madrid de anoche, que ha estado basada en la idea de la contradicción. Me ha llevado bastante rato, aunque creo que al final ha merecido la pena (“Un buen día” --> Los Planetas). Me he dado una ducha que me ha hecho sentir bastante frío –Noviembre ya se nota en Madrid, mucho más en Colmenarejo-. Cuando me disponía a irme, los compañeros de la lista de Diarios de Fútbol (cómo me gusta esa lista!!!) habían disparado sobre puntos calientes de mi post, como la posible resignación del Bernabéu, las debilidades del Madrid y la aportación de Robinho. La contestación me llevó otro buen ratito.

 

Acabados estos “deberes”, me fui camino de la Uni. Para ir aprovechando el tiempo, estuve repasando en el metro las partes de la demostración del artículo de Bob y Joana sobre categorías de transporte que debía adaptar para la propia prueba que yo tengo entre manos. Ya me avisó de nuevo la soñera a la altura de Ciudad Universitaria, así que cuando tomé el bus en Moncloa ya sabía lo que iba a pasar. Debí dormirme antes de partir, y volví a la consciencia en Torrelodones, como media hora después. Fue fácil salir del túnel, retomé mi artículo y... voilà! ¡Realmente si nos quedamos sólo con los céntricos que contienen al strongly closed nos queda un linking system (en sentido un poco amplio)! Esto suena a galimatías, pero simplifica extraordinariamente lo que tengo que escribir.

 

Eufórico subí al despacho, saludé a Pablo y me puse a comprobar los detalles. Sin duda, sin duda. Magnífico. Un buen rato verificando, y a comer. Faltaban hoy parte de los informáticos porque había una presentación de Microsoft, pero aun así nos juntamos un número decente de personas. Durante la comida –spaghetti y patatas con carne en mi caso, decentes- fijamos el paddle para mañana. Laura no estará, pero parece ser que se confirma su interés; necesitamos gente así. Tras el café reglamentario, vuelta al zulo, donde estuve solo casi toda la tarde. Un momento para dar noticia del sorteo de Octavos de Final de Copa, y a comenzar a escribir a mano la prueba de mi resultado, cosa que me llevó todo el resto de la tarde. Justo antes de irme, miré un pequeño video de goles de Ronaldo en el Barcelona (se me caen los lagrimones cada vez que lo hago) y contesté un par de mails que me pedía el cuerpo contestar.

 

A la vuelta, repetición de la historia, con fase REM en el bus y despertar bastante más duro que en la ida. En el metro retomé “El poder y la gloria”, el libro que estoy leyendo ahora, y que me ha motivado más esta vez. Habla del marxismo en México. Justo antes de llegar, entré en el seudoOpencor a la mandarina que hay aquí cerca, y compré unos Doritos para hacer con los chiles (por si tenía que cenar solo), una pizza (por si estaba Rosa) y chocolate, que es poco menos que imprescindible en este piso. Cuando llegué a casa, albricias ya estaba Rosa. Estuvimos charlando un buen rato mientras desaparecían los Doritos, y viendo el partido del Barsa hasta que éste marcó el primer gol. Después me pasé al Multichampions.

 

En el descanso, cena a base de pizza, con el detalle peculiar de que, por el mal funcionamiento de los encendedores del piso, tengo antes que prenderle fuego a un palo de los chinos en la hornilla para a continuación meterlo en el horno y que salte la chispa. A continuación, estuve haciendo un poco de limpieza de periódicos, pues con la suscripción que me regaló la Madrina se me acumulan de mala manera. Bendito problema, de todos modos. Cuando terminé esta parte, Rosa ya estaba en Territorio Morfeo, y a mí me correspondía cambio de sillón para que ella pudiese estirarse. En este desde el que escribo, he visto el séptimo capítulo de la tercera temporada de House, que está remontando tras un pequeño bache al principio. El capítulo de hoy estupendo, con un suicidio inducido, House contando por qué se dedica a la medicina y John Larroquette (el fiscal de Juzgado de Guardia, para quien tenga memoria), gordo como un trullo, haciendo un secondary role estelar. Cuando ha terminado, un poquitín de charla en el msn mientras Rosa, sorprendentemente despierta de nuevo, se dedica a contarse su vida por móvil con su amiga del alma. Acaba de meterse en la piltra, y yo la seguiré en breve, porque va a dar la una. Un día bien aprovechado.

The walls

El otro día le recomendé a un compañero de la facultad “La música de Erich Zann”, de Lovecraft, uno de los cuentos más terroríficos que he leído en mi vida. Trata de un tipo que vive en una calle de París (que luego es incapaz de volver a encontrar) que escuchando a través de la pared descubre una música extraña que toca un violinista que es mudo. Consigue conocerlo, y poco a poco va descubriendo que esa música está mucho más allá de ser simplemente extraña...

 

El protagonista está aterrorizado, pero por lo menos la delgadez de la pared le lleva, por un lado, a una poderosa experiencia de intensidad, y por otro a la gloria literaria de la mano del prodigioso y tarado cerebro del genio de la Arkham ficticia. Es un poco de suerte eso; donde yo vivo, sólo compartimos dos paredes. En una vive un mujer de noventa años, sorda como una tapia, a la que cuida una mujer rumana de unos cuarenta y tantos que es un encanto, aunque tiene pinta de haber sido fuertemente golpeada por los ir y venir de la vida. De ese lado escucho la tele cuando voy tarde a la facultad (y a veces el Más Deporte (!!!) si me quedo a comer en casa), la voz de plañidera de la vieja salmodiando “Elena, Elena” en un tono de voz cada vez más elevado, la respuesta de la susodicha “qué quiere, Abbbela?” y tertulias vespertinas con otras mujeres que aparecen con frecuencia, y que según fuentes fidedignas son descendientes de la mujer, probablemente en grado superior al quinto.

 

En el otro lado, la pared opuesta es en la que se apoya la cabecera de nuestra doble cama. Ahí sé de buena tinta que vive un matrimonio que, por el tono y la textura de las voces, debe frisar los cuarenta y tantos. De estos sé bastante poco, y de hecho no conozco ni sus rostros (debido a que no entran por el mismo portal que nosotros). Sin embargo, he colegido que al menos en algunos momentos de su vida, la pareja no debe llevarse demasiado mal, a juzgar por cómo gemían en algunos momentos en que yo, a unos dos metros de ellos y bajo la ardiente canícula veraniega, intentaba infructuosamente dormir la siesta. Uno de estos días, el sueño voló de mi lado a la vez que escuchaba la perentoria frase “Qué bien lo haces, cabrón!!!”

 

Mejor leer libros de Lovecraft, realmente,

Los que me conocen saben cuál es antes de clickar el link

Los que me conocen saben cuál es antes de clickar el link

Hace casi quince años que la escuché por primera vez, y hasta hoy no la había visto nunca interpretada en directo. Sencillamente, la mejor canción del mundo.

http://www.youtube.com/watch?v=0aRhqVWUPPs

Highlights from Portogallo

Highlights from Portogallo

-         Con Lucía en el coche en el que ella me transportaba gentilmente de Vigo a Braga. Comenzó a llover, y hubo un momento en que lo hizo de modo tan infernalmente furioso, que los ojos tenían vedado todo lo que hubiera más allá del parabrisas, y el estruendo no nos dejaba escuchar nuestros propios pensamientos, mucho menos lo que decía el otro.

 

-         Joe Neisendorfer terminando su última charla, tras recibir el aplauso y expresar los agradecimientos de rigor, lanza su tiza a Gustavo, que se encontraba en primera fila, para que éste con ella diera la conferencia siguiente. A continuación, el native American se queda pensando y dice “I used to be good on this”. Se aleja de la pizarra unos diez metros, y ante el asombro del respetable, tira la tiza y la deja exactamente en el pequeño espacio que hay dedicada a ellas en la parte inferior de la pizarra; ese que existe en casi todos los encerados del mundo. Cualquiera que haya intentado esto alguna vez sabrá de su dificultad, tanta que después del asombro, todos rompimos en otro aplauso quizá incluso más ruidoso que el anterior.

 

-         Los arroces, como representantes canónicos de la descomunal calidad de la comida portuguesa que, una vez más, tuve ocasión de disfrutar. Arroz con lubina para comenzar, inolvidable la mediana cacerola de barro, no arroz pero casi con la açorda de marisco, con polvo o pulpo, con espinaca y pollo como reminiscencia francesa, y de propina, llegada y en casa ese arroz con salchicha, huevo y pimienta, blanco y sabroso, que conocen casi todos los que me conocen.

 

-         Cuando tomamos un tren que nos devolvía de Oporto a Braga, atestado por cierto, se me sentó delante un viejo que me dio bastante miedo. El hombre tenía un ojo más pequeño que otro, y el que era mayor estaba medio vacío; además parecía tener entre doscientos y trescientos años. Iba yo hablando de unos interesantes problemitas con Neisendorfer, cuando de pronto el viejo pone la cabeza como a un diez centímetros de la libreta en la que estábamos escribiendo, se vuelve hacia mí, clava su ojo y medio en los míos y me farfulla o casi me grita algo en un idioma que no pude entender, pero semejaba Lengua Negra. De pronto me vi en el medio del video de Thriller, hasta que volví a escuchar la voz tranquilizadora de Joe diciendo “S^3{p} is a p-torsion space…” Curioso que algo tan abstracto me devolviera a la confortabilidad del mundo real.

 

-         Y Oporto. La vista desde el segundo nivel del puente Eiffel no debería ahorrársela ningún mortal. Ninguno.

Fifa Pur-tu-gaaal

Fifa Pur-tu-gaaal

Amigos y vecinos, al fin he terminado mi maratón de clases estos quince días, y mañana marcho a Braga a un curso sobre "La mágica teoría de la Localización". El que lo da, Neisendorfer, un tipo aficionado al patinaje, es uno de los principales responsables de que exista mi tesis, pues él fue quien desarrolló algunas de las capacidades principales de una de las más importantes herramientas que utilizaba. Tengo ganas de conocerlo. El jueves daré una charla en el seminario, donde contaré como entran (creo) los linking systems en la celularización de espacios clasificadores. Esto os sonará a chino, pero llevo casi cinco años liado con el problema, desde que en la brillante primavera de 2002 uno de mis topics en el messenger era "Aprendiendo a celularizar". Ahora sé algo más del tema, y también de bastantes otros temas.

Vuelo a Vigo,y de allí me llevará a Portugal en coche Lucía, la organizadora del curso, un Encanto con mayúscula. El domingo estoy de vuelta, y si allí tengo un rato, pues ya me contaré algo. Saludines a todos.

Una noche de sábado

Una noche de sábado

A pesar de lo que indica la hora de colgada del post (blogia es una mierda y ahora mismo no funciona, voy a emigrar a blogspot ya mismo) ahora mismo son las cinco menos diez de la mañana del sábado. Acabo de dejar encima de la cama, las vestiduras negras, y estoy con una camiseta de Ulises 31 que a alguien que lea esto le sonará, unos pantalones de un pijama que creo que es de Rosa, y bebiéndome un vaso de leche en plan Abuelo Cebolleta. He llegado hace un rato, y mi doble noctámbulo no me permite acostarme todavía.

 

Una noche de nivel medio alto. He conocido por fin un garito del que hace tiempo que había oído hablar, pero en el que jamás había estado hasta ahora, el Honky Tonk (supongo que homenaje a la famosa canción de los Rolling que, como muchas de Mick y sus amigos, no han cambiado precisamente mi vida). Se trata de un sitio muy apañado, con dos plantas, una superior de disco-pub, que no exploré completamente, y una inferior donde hacen los conciertos, con un pequeño escenario y un aforo bastante respetable. Tres características hacen este lugar bastante apetecible para mí, y un posible retorno más que probable. En primer lugar, hacen conciertos, alrededor de las 0:30, TODOS los días de la semana. Los grupos no son conocidos, pero como opción es harto elegible y respetable. Segundo, la entrada es gratuita, y las copas no son excesivamente caras. Y finalmente, siendo esto lo más personal de todo, el hecho de su ubicación junto a Santa Engracia (una de esas calles de Madrid que en cualquier otra ciudad merecería la calificación de avenida) me permite trincar, caso necesario, un autobús nocturno que pasa con frecuencia digna y me deja en la puerta de mi domi.  Hoy no ha sido así, porque cuando dudaba si volver a casa –los chicos con los que iba se retiraban a Móstoles- o tirar de agenda movilesca para localizar a algún otro crápula amical que estuviera quemando la noche madrileña, he recibido un regalo del Altísimo en forma de taxi. A esa hora, y en una zona tan concurrida como Alonso Martínez, despreciar tal obsequio se halla en el rango de la blasfemia, y no me sentía yo tan fuerte para tenérmelas tiesas, a esas horas y solo, con el que parpadea dentro del triángulo.

 

El concierto, al que fui como breve excusa para reencontrar a E. y conocer a sus amiguit@s llegados ex-profeso para el puente, se erigió pronto en icono central de la noche. El nombre se me ha olvidado, pero no creo que a quien desee conocerlo le suponga demasiado pinchar en la página de la Guía del Ocio y buscar cuál era hoy la programaciao de la sala. Lo componían el vocalista, que era el que llevaba la voz cantante –nótese el ingenioso juego de palabras- con un histrionismo que resultaba a veces cargante y otras divertido. De negro riguroso, camiseta cutre y una pinta de mexicano –sin serlo- que uno esperaba que en cualquier momento se arrancara con Cielito lindo o similar. No lo hizo, pero en algún momento aludió a la Rosita estándar. Lead guitar para un tal Rafa, alto y desgarbado, todo nariz, y un poco apartado de los demás, en un rincón donde le adoraban un par de groupies que estaban claramente por debajo de cualquier listón. En el bajo otro tipo crecidito, hierático como un dios egipcio (concretamente como las representaciones de Ra, porque era calvo como una pelota), y que según confesión del cantante tenía hoy una mala noche. El baquetas aparentaba 55 años más de los 55 que al parecer tiene, y según frase del vocalista en un momento divertido (siento citarlo tanto, pero es que no paró de hablar en dos horas), tenía tipo pasarela Cibeles. En otro momento dijo que Manolo Jiménez –su nombre- era el rocanrol. En fin. Cerrando el quinteto a lo loco, se sentaba el teclista a la izquierda; joven y eficaz en un aparente desinterés que a veces rozaba lo preocupante: un par de veces temí que cayese dormido sobre el teclado con sus greñas cerdas y su barbita. Pero no, seguía a lo suyo, y a veces tomaba el mando con autoridad.

Del repertorio que soltaron los chavales, lo primero que conocía fue una versión de Born to be wild bastante cañera para los medios de los que disponía. Aunque la hubiera disfrutado más sin el sufrimiento inherente a no recordar el nombre del grupo autor de la canción. Tras encuestar infructuosamente a mis compañeros, amagué con enviar un mensaje a J. que seguro que me hubiera contestado al momento, caso de estar despierto (era la 1:30 de la mañana). Recién dada la tecla de “Send”, acompañé la emigración de mis amiguetes a la barra confirmando que los acordes que escuchaba era la enésima versión de Knockin’ que pasa por mi cabeza. A la vuelta, recuerdo a la vez el nombre de la banda que me torturaba –Steppenwolf- como el hecho de que por estar en un subterráneo era difícil que mi mensaje hubiera llegado a ningún lado.

 

 Ubicados ahora en mejor posición, disfruté tanto del Proud Mary de los Creedence como de la parrafada inicial de Pancho Villa, presentádola como un ejemplo de soul (?). 

Por ahí hubo un Sweet Home Alabama que yo canté, como no podía ser de otra manera, en español con acento gallego, y un poco de pachangueo que incluía las famosas notas de Here comes the hotstepper, que inicialmente son de una canción que no conozco y que riffearon a dos guitarras. Después presentación de los músicos y primera confirmación de que el tipo era fan de Springsteen, por cuanto que ese Master of the Universe dedicado al batería está ya demasiado registrado como marca de fábrica del Big Man a partir de los conciertos jeferos de los middle seventies. La segunda fue un Hungry heart casi sin solución de continuidad, con una pronunciación en inglés ciertamente discutible, pero a la que hice los honores merecidos. Siguieron un par de temas propios: un loquillo-like llamado “Andando en el alambre” o algo así, que da cumplida y tópica fe de por qué esta banda se gana las habichuelas tocando temas ajenos, y una balada con cierto gancho comercial, “Tiritando de frío”. La cosa se cerró con una versión eterna del “I still haven’t found” que hizo que todos nos marcháramos de allí con buen sabor de boca. No hubo bises. Y volveré a ese sitio.

  

Insuficiencia

Insuficiencia

Hay veces que los límites naturales que nos pone el tiempo, y que se sobrellevan también en el plano físico, me resultan insoportables intelectualmente. El otro día recordé una frase latina “Apparebat eidolon senex” (apareció el ídolo sombrío, creo, que me corrija algún latinista si no le parece bien) cuyo origen no conocía, y que sólo recordaba porque encabezaba, como muchas otras frases más o menos grandilocuentes,  las partes en las que se divide It, uno de mis libros de cabecera. Son tremendos particularmente los interludios.

 

La cosa es que como es un libro que leí por primera vez en el verano de 1989 y después he releído muchísimo (pocos analizan con tanta profundidad el paso de la niñez a la edad adulta) dichas frases se han ido grabando en mi cabeza a fuego, y me han conducido a muchísimos lugares diferentes. Por ejemplo, hoy mismo me he dado cuenta de que otra sentencia latina que aparece “Quaeque ipsa miserrima vidi, et quorum pars magna fui” (Vi cosas horribles, y en muchas de ellas tuve que ver) nos remite nada menos que al canto II de la Eneida. O ese siniestro “Nacido en una ciudad de muertos” que se sobrepone cual bárbaro bramido a los golpes de batería que inician el Born in the USA. Y es un libro en el que nombres familiares para cualquier melómano se grabaron por primera vez en mi blandito cerebro, gente como Keith Moon, los Grateful Dead, Ozzy, Pat Boone, Jerry Lee. Gracias a la historia de Bill Denbrough emprendí una búsqueda de muchos años en pos de un cuento de Ray Bradbury llamado El frasco, que no hallé hasta hace dos veranos, y gracias al viejo Aladdin supe que Michael Landon había sido un hombre lobo de pacotilla antes de hacerse un nombre en La Ponderosa.

 

En fin, que It es un libro-puerta que me ha abierto caminos a muchos mundos. Como él, me he encontrado otros a lo largo de mi vida, y perfectamente el Doctor Pasavento que estoy leyendo estos días puede entrar en esta categoría. Y es precisamente cuando reparo en todos estos arcones de sueños cuando me doy cuenta del gran límite al que aludía al comienzo. Mi impresión es que el número de nuevos libros (y películas, y músicas, y experiencias, y viajes) que me gustaría vivir en el resto de mis días es muy superior al que el tiempo que me queda puede contener. Por tanto, si quiero acercarme lo más posible a descubrir todas esas cosas nuevas, debo renunciar por fuerza a releer, repasar, y volver a hollar los caminos por los que ya circulé. Y eso me parece terriblemente doloroso, castrante, me duele el cerebro sólo de pensarlo. Me cago en mi finitud, maldita sea.

 

La última vez que he tenido esta repugnante sensación ha sido hace poco, después de una interesante tertulia en la comida sobre el mundo de los comics. Cuando terminamos, me entraron unas ganas terribles de releer Sandman; pero no de cabo a rabo, sino con esa insistencia enfermiza que permite que, poco a poco, todo el acervo que contiene la obra pase por ósmosis a tus propios archivos, y se convierta en material utilizable. Tras saludar con entusiasmo la idea, asumí con desolación cuán difícil sería hacerlo, considerando la longitud del Opus magna de Gaiman, el hecho de que lo tengo en inglés (muy culto y difícil en ciertas zonas) y el poco tiempo disponible. Me rebelo, no puedo evitarlo.

 

¿Dónde se estudia para ser Connor McLeod?