Blogia

El musolari errante

Otro gran poema

Otro gran poema

Este que os escribo está, en mi opinión, entre los cinco mejores poemas que he leído en mi vida. Se trata de "Mujer con alcuza", de Dámaso Alonso. Es un poco largo, pero os juro por lo más sagrado que merece la pena leerlo entero. Además, va aumentando de intensidad.

¿Adónde va esa mujer,/arrastrándose por la acera,/ahora que ya es casi de noche,/con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve./Yo no sé qué es más gris,/si el acero frío de sus ojos,/si el gris desvaído de ese chal/con el que se envuelve el cuello y la cabeza,/o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,/desgastando suela, desgastando losa,/pero llevada/por un terror/oscuro,/por una voluntad/de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados./Esta mujer no avanza por la acera/de esta ciudad,/esta mujer va por un campo yerto,/entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,/y tristes caballones,/de humana dimensión, de tierra removida,/de tierra/que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,/entre abismales pozos sombríos,/y turbias simas súbitas,/llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco./Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,/en un tren muy largo;/ha viajado durante muchos días/y durante muchas noches:/unas veces nevaba y hacía mucho frío,/otras veces lucía el sol y remejía el viento/arbustos juveniles/en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas./Y ella ha viajado y ha viajado,
/mareada por el ruído de la conversación,/por el traqueteo de las ruedas
/y por el humo, por el olor a nicotina rancia./¡Oh!:/noches y días,/días y noches,/noches y días,/días y noches,/y muchos, muchos días,/y muchas, muchas noches.

/Pero el horrible tren ha ido parando/en tantas estaciones diferentes,/que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
/ni los sitios,/ni las épocas.

Ella/recuerda sólo/que en todas estaba oscuro, y que partir, al arrancar el tren/ha comprendido siempre/cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,/ha sentido siempre/una tristeza que era como un ciempié monstruoso que le colgara de la mejilla,/como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,/como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,/como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir./Pero las lúgubres estaciones se alejaban,/y ella se asomaba frenética a las ventanillas,/gritando y retorciéndose,/sólo/para ver alejarse en la infinita llanura/eso, una solitaria estación,/un lugar/señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico/por una cruz/bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,/sí, ha dormitado en la sombra,/arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
/por gritos ahogados y empañadas risas,/como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
/sólo rasgadas de improviso/por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,/o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,/... aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,/sí, muchos días,/y muchas noches./Siempre parando en estaciones diferentes,/siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,/ay,/para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
/para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

...No ha sabido cómo./Su sueño era cada vez más profundo,/iban cesando,/casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:/sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,/algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche./Y luego nada./Sólo la velocidad,/sólo el traqueteo de maderas y hierro/del tren,/sólo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,/y estaba sola,/y ha mirado a su alrededor,/y estaba sola,/y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,/a algún empleado,/a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,/y estaba sola,/y ha gritado en la oscuridad,/y estaba sola,/y ha preguntado en la oscuridad,/y estaba sola,/y ha preguntado/quién conducía,/quién movía aquel horrible tren./Y no le ha contestado nadie,/porque estaba sola,/porque estaba sola./Y ha seguido días y días,/loca, frenética,/en el enorme tren vacío,/donde no va nadie,/que no conduce nadie.

... Y esa es la terrible,/la estúpida fuerza sin pupilas,/que aún hace que esa mujer/avance y avance por la acera,/desgastando la suela de sus viejos zapatones,/desgastando las losas,/entre zanjas abiertas a un lado y otro,
/entre caballones de tierra,/de dos metros de longitud,/con ese tamaño preciso/de nuestra ternura de cuerpos humanos.
/Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),/abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,/como si caminara surcando un trigal en granazón,/sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,/de cercanas cruces,/de cruces lejanas.

Ella,/en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,/se inclina,/va curvada como un signo de interrogación,/con la espina dorsal arqueada/sobre el suelo./¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,/como si se asomara por la ventanilla/de un tren,/al ver alejarse la estación anónima/en que se debía haber quedado?/¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro/sus recuerdos de tierra en putrefacción,/y se le tensan tirantes cables invisibles/desde sus tumbas diseminadas?/¿O es que como esos almendros/que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,/conserva aún en el invierno el tierno vicio,/guarda aún el dulce álabe/de la cargazón y de la compañía,/en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

Paréntesis recomendador

Uf, acabo de salir de hacerle un examen a los ambientales (me encanta esta denominación) y estoy cansadíiíííísimo. Deciros que hasta el lunes el blog estará inactivo, porque me voy para los Madriles, pero estad atentos, que espero venir con cositas escritas!!! SIn embargo, al menos os hago una recomendación literaria, para que este blog no quede tan soso. Hay una colección de cuentos de Agatha Christie que se llama "Los trabajos de Hércules", en los cuales realiza una versión moderna de los famosos trabajos del semidiós, protagonizados por su personaje favorito, Hércules Poirot. Como casi todo lo que escribe esta mujer, no tiene gran valor literario, pero engancha y además es divertido mirar la semejanza con los hechos clásicos.

Bueno, pues si tenéis el libro (o el google) a mano, os recomiendo que os léais la primera escena, o sea, la conversación con el Doctor Burton antes de que empiece el primer trabajo. Es magistral y me gusta por bastanes razones: el lunes lo explicaré con más detenimiento.

Saludos (y fuerza a los canudos).

Jueguecito cancioneiro

Este post ya lo escribí ayer noche, pero se me borró y el cabreo me hizo posponerlo. Allá voy again, primero en Word, como debe ser.

Muy musical estoy yo últimamente, así que voy a proponeros un pequeño desafío, y también de paso me lo propongo a mí mismo: se trata de decir canciones tales que en su letra salgan los nombres de otras canciones . Hace poco, charlando sobre el tema, Gerard me dijo que tenía que ser algo realmente fácil, que había muchísimas. Así, yo me reto también a mí mismo que por cada comentario que pongáis vosotros con (al menos) una, yo pondré otro con otra.

Y como siempre, para empezar un ejemplito, que es peculiar porque no se citan una ni dos, sino... dieciséis!!!! Se trata del “Rap del optimista”, de Sabina, y la letra dice más o menos así:

Ya quisiera yo/en lugar de este reggae/haber escrito Rapsodia en blue/Chelsea Hotel/Guantanamera/Tatuaje o She loves you/Pedro Navaja/Like a rolling stone/Dos gardenias para ti/Mira que eres canalla/No hago otra cosa que pensar en ti/Marieta/La estatua del jardín botánico/Moon over bourbon street/Qué culpa tengo/si a lo más que llego es a Pongamos que hablo de/Pongamos que hablo de/Pongamos que hablo de/Maníííííí/Si te quieres con tu novia divertir...

San Antonio

San Antonio

Una de mis debilidades musicales (y también emocionales) son desde hace mucho tiempo ese tipo de cantantes torturados que son capaces de conseguir que llore hasta la última fibra del ser de uno, sobre todo cuando hay motivos más o menos subjetivos para ello. Me estoy refiriendo a gente como Morrissey -cualquier letra que uno pueda escribir sobre el amor o el odio, puedes estar seguro de que ya la ha escrito él, Noel Gallagher dixit), el gran Roy Orbison, Thom Yorke...

Hoy me quiero ocupar brevemente de quien quizá es el representante español genuino de esta clase de artistas: Antonio Vega. Su carrera musical fue bendecida por el éxito desde los tiempos de Nacha Pop y él por la devoción absoluta de sus fans, mientras que su vida ha estado marcada por el desarraigo, los problemas con las drogas y las desgracias personales. Todo esto, sin embargo, no ha sido óbice para que su legado musical sea mayúsculo, con un estilo frágil y preciso que alcanza con frecuencia la sensiblidad más desarmante. Canciones como "Lucha de gigantes", "Seda y hierro" o la mil veces versionada "Chica de ayer" dan fe de la importancia de este compositor, un grande.

El objetivo de este post es daros a conocer la letra de una de sus canciones menos famosas, a pesar de que fue single de su concierto básico no hace demasiado. Antonio nos cuenta aquí la historia de un guerrero de gran poder que, sin embargo, esconde el secreto de un alma agonizante. La letra, como muchas suyas, construye el cuerpo de la canción a partir de detalles impresionistas muy particulares que sólo alcanzan significado pleno al final, cuando uno es capaz de sentir cómo se funden la dulce voz y las tensas armonías de guitarra.

El motivo de que os hable de esto es que esta canción es muy especial para mí, pues me llegó en un momento difícil y me ayudó a superarlo, mostrándome que la felicidad no es la única forma de salir adelante. Aún hoy puedo identificarme con muchos de sus versos, que en cierto modo pueden resumirse en la frase que actualmente me da nombre en el msn: Nec spes nec metu, Ni miedo ni esperanza.

Espero que os anime a buscar la canción; la letra sin la música está como coja, a pesar de ser preciosa.

San Antonio

Al partir dejó a su amada el corazón
Y sin él en la batalla sin piedad luchó

Ira del infierno, el enemigo le llamó
Pero él, aventurero,
Romántico señor
Mas allá de las montañas se perdió
Y tan sólo su mascota le siguió
De un ejército vencido el último bastión

Aventurero, romántico señor

San Antonio Junio 13 ya llegó
Esta noche ladra un perro, llama una voz
Late un corazón sin dueño
Nunca lo encontró
Nunca lo encontró

Sin dolor, pensó en la tierra que dejó
Entre el barro y las estrellas decoró su mansión
Ante el espejo su cara le asustó
A una lagrima reseca se aferró
Dejó pasar el tiempo hasta acabar la contienda,
luego en busca de su corazón partió

Mas allá de las montañas se perdió
Hoy su sombra deambula sin dirección
Solo algunos recuerdan cómo sucedió
Aventurero,
Romántico señor
San Antonio Junio 13 ya llegó

Esta noche ladra un perro, llama una voz
Late un corazón sin dueño
Nunca lo encontró
Nunca lo encontró

San Antonio junio 13 ya llegó...

Mas allá de las montañas se perdió...

No todos los americanos son iguales

Echadle un vistazo a www.sorryeverybody.com . Se trata de una web que contiene fotos de miles de americanos (miles!!!) pidiendo perdón al resto del mundo porque Bush ha salido elegido en las últimas elecciones. He visto la web y no he podido más que pensar en la pena que me da esta pobre gente, atrapados en un país que los manda directos a la ignominia más absoluta moral y ética, a la cerrazón fanática en el interior, al más absoluto desprecio e incluso odio en el exterior, y lo que es más importante, al punto de mira de los terroristas. Ellos y sus familias.

La verdad, se me hace un nudo en la garganta solo de pensarlo; de pensar que yo, en mi con el bagaje intelectual que tengo ahora mismo (que no es mucho ni poco, pero es el que conforma mi manera de ver las cosas) tuviera que soportar algo así en mi país. Es como si el PP hubiera sido elegido por mayoría absoluta después del 11-M.

Joder.

¿Hay mus?

No es de recibo que me identifique en este blog como musolari y aún no haya hablado nada de mus, excepto una ligera alusión en el artículo de las matrículas. Así, llevaba unos días pensando en qué decir, y llegué a la conclusión de que me gustaría hablar del riquísimo y peculiar vocabulario que se usa en este juego, y que sólo se aprende con mucha experiencia, ya que tiene poco que ver con las reglas. Sopesé hablar de eso en prosa, escribir un pequeño un diccionario, poner links... Y al final se me ha ocurrido que lo mejor es mostrar lo que perfectamente podría ser el diálogo de una partida. Así, suponed que no sabéis jugar (si no sabéis, pues ya está) y llegáis a una mesa donde están sentados cuatro jichos (Jugador 1, J2, J3 y J4), con una baraja española de 40 cartas, y mantienen el diálogo que va a seguir ahora, realizando las escasas acciones que detallo. ¿Créeis que hay algún juego en el mundo que se le parezca?

J1: Venga, un poco más, y estamos en calzones.
J3: En este chico os llevamos en el pico.
J2: Tranquilo, que hasta que la gorda no da el do de pecho no se acaba la ópera.
J4: Y tú reparte la herramienta, que se le van a caer las bragas a la sota.
J1 reparte cuatro cartas a cada uno. Todos las miran durante un instante, y las ponen boca abajo en la mesa.
J2: Me lo doy.
J3: Postre. Y come tablero, que estos son muy listos.
J1: No te preocupes, que no saben ni tenerlas.
J4: ¿Cómo vamos, mano?
J2: La chica la abrocho.
J4: Entonces mus, porque yo voy ciego.
J1: ¿Estamos contentos?
J3: Pongo juego poderoso.
J1: Pues con juego y pares malos a la vista, cortar mus es deber de buen musista. Ni pollas.
J3: A la mano con un pimiento.
J2: Paso.
J3: Tres para empezar.
J4: A mí no dicen.
J2: Escopeta, perro y gato.
J4: Quiérele, por si las moscas. Este pollo no lleva nada.
J2: Un envite es un convite. Y dos a pequeña.
J3: Ya salió la zorra con dos rabos. Esa no es la mía.
J1: ¡La mano de un niño!
J2: Son muchas.
J4: Ala.
J1: A robar a la cárcel.
J4: Sí ya, pero jugador de chica perdedor de mus.
J2: Hice pares.
J3: Los mejores.
J4: Los que me cuelgan.
J1: Por supuesto.
J2: Compañero.
J3: Envidín.
J2: Revido.
J3: Nos salió respondón.
J1: ¿Cuántas le echo?
J3: Échale los dientes del choto.
J1: Tiene que ser órdago.
J2: ¿Cómo lo ves compi? Dos gorrinos.
J4: Ojo con el postre, que huele a avión.
J3: Co-co-co-co...
J2: A mí tampoco me gusta. No quiero. Y jugué.
J3: Yo ya lo dije.
J4. No; y ojo, que me ha parecido que éste ha hecho la guiñá.
J1: Yo llevo diez.
J2: A ver si es verdad: dos.
J3: Dos no, mejor todas.
J2: Madrileña no puede perder...
J4: No digas tonterías.
J2: Tuyo, pero me lo has robado.
J3: Estos pollos se pelan bien.
J1: ¡Arriba!
Todos ponen sus cartas boca arriba.
J4: ¡Joder con la bisutería, vaya cartonaje!
J3: A llorar a los Paúles. Os lleváis la mayor.
J2: La chica ya está vista.
J1: Duples del campo.
J3: Y mis dos sotos. Una para Cangas y otra para Onís.
J2: Dios le da calzoncillos a quien no tiene culo
J1: Tres de la una.
J3: Ya llueve menos.

Beno Eckmann y lo maravilloso de las Matemáticas

Beno Eckmann y lo maravilloso de las Matemáticas

Anteayer fui en el Instituto de Estudios Catalanes a una charla de Jean-Pierre Serre, indiscutiblemente uno de los cuatro o cinco mejores matemáticos vivos de la actualidad. La sala estaba llena a reventar, hasta el punto de que habría unas cincuenta personas de pie. El hombre tiene 77 años, creo, y realizó un recorrido por sus teoremas favoritos de Teoría de Grupos para caerse de espaldas, espectacular. Empezó con los teoremas de Sylow y acabó con la clasificación de los grupos simples finitos (algún día postearé algo sobre esto último, que me resulta fascinante).

Sin embargo, no voy a entrar aquí en los contenidos de la charla (a menos que algún blogueiro me lo pida, claro) sino en algo que ocurrió un rato antes. Resulta que el motivo de la venida de papá Serre fue el el vigésimo aniversario del CRM, un instituto de Matemáticas que hay en Cataluña, donde por cierto mi grupo de investigación celebra habitualmente sus seminarios. Así, antes de la lección magistral hubo los correspondientes discursos del director del CRM, del director del IEC, del consejero de nosequé y del presidente de nosecuántos. Como a mí me aburren soberanamente los actos académicos, me dediqué a enredar con los papelotes que nos habían dado al entrar, unos cuadernillos de resumen de actividades del Instituto en estos años y una transcripción de algunos de los discursos. Y así, encontré el de Beno Eckmann, que es un topólogo de Zürich que en cierto modo fue el ideólogo de la fundación del CRM. Está bien decir aquí que este matemático no es precisamente un cualquierilla: aunque no al nivel de Serre, ha sido uno de los líderes de la Topología en el siglo XX (quien no sepa qué es la Topología y le interese, que le eche un vistazo al weblog de Tío Petros, donde lo está explicando con su claridad habitual), y en particular tiene cientos de descendientes matemáticos (doctorandos, doctorandos de doctorandos, etc.) de los cuales yo soy quizá el último de momento.

Pues este señor estaba invitado a dar el discurso principal del acto académico, pero no pudo hacerlo por problemas de salud, desgraciadamente no raros, ya que tiene 87 años. Por ello, mandó el discurso transcrito. Y cuando lo leí, me gustó muchísimo, y dos o tres párrafos en especial me encantaron, porque hablaban con enorme cariño de las Mates, desde un punto de vista maravilloso en el cual creo que nunca había pensado, yo que siempre había admirado la belleza formal y disfrutado intentando penetrar en sus secretos (algún día también postearé sobre esto). Aquí están, en una traducción mía que quiero creer que no es pésima. Espero que os gusten:

“Déjenme preguntar: ¿Cuáles son las herramientas principales de un matemático? ¿La biblioteca, el lápiz, el papel, el ordenador? Sí, por supuesto. Pero la mejor de la que disponemos no es ninguna de esas, sino el colega matemático, el contacto personal. Hoy tenemos e-mail, páginas web, acceso rápido a todos los departamentos del mundo, prepublicaciones en internet, chats... sin embargo, nada de esto puede reemplazar el hecho de hablar en la pizarra, o sentados tranquilamente alrededor de una taza de café, el percibir la reacción del otro ante la sugerencia sorprendente, la idea súbita, la duda en su voz.

Esto era exactamente así hace cuarenta años, cuando la tecnología moderna aún no existía. Las Matemáticas, tanto las clásicas como las modernas o las posmodernas, constituyen para mí una empresa conjunta de toda la comunidad de matemáticos. No necesitamos que la llamen la Reina de las Ciencias; otros campos pueden ser igual de importantes, incluso más. Pero lo que sí sabemos es que las Matemáticas son una manera universal de entenderse a través de la construccion teórica, y que esto es la base de la tecnología moderna. Además, es parte de nuestra cultura, nuestra herencia cultural, transmitida de generación en generación, que establece poderosísimos lazos de unión entre gente de todo el mundo [...] En nuestro esfuerzo común, desarrollado siempre en una atmósfera de libertad intelectual e intercambio respetuoso, contribuimos no sólo al futuro de los matemáticos sino al futuro de la Humanidad".
"

Curiosidades lingüísticas

Hoy propongo algunas pequeñas curiosidades de la Lengua española, que por una razón u otra se me han acumulado en la cabeza en estos últimos días. La primera es la siguiente: todos hemos oído muchas veces expresiones tipo "pues Fulanito no ha venido hoy"; quizá con un poco menos de frecuencia, alguien nos habrá dicho cosas como "Están por aquí Fulano y Mengano" (de hecho, hay hasta una peli que se llama "Fulanita y sus Menganos" !!!); incluso es muy posible que alguien nos diga: "pues no, ni Fulano, ni Mengano, ni Zutano". Recuerdo que estos nombres me hacían muchísima gracia de pequeño, y que un día, en el colmo de la sorpresa... ¡me enteré de que la serie seguía! Así, cuando queráis nombrar a mucha gente cuyos nombres no conocéis o no queréis decir, pues los siguientes de la serie son PERENGANO y ROBIÑANO.

Un par de apuntes más sobre esto: uno, que en inglés el equivalente de Fulano es "John Doe", que también es el nombre de una película que creo que protagonizaba Gary Cooper, y en un toque muy agudo de los guionistas, también se llamaba así el asesino de "Seven"; y dos, que mientras escribía he recordado que mi padre utilizaba otro apelativo del tipo anterior: "Citranito". Mirando en el google me he dado cuenta de que éste también está bastante generalizado, aunque curiosamente "Citrano" sólo lo he visto como apellido.

Más cosas: es bien conocido que al padre del padre se le llama abuelo, al padre del abuelo bisabuelo, al padre del bisabuelo tatarabuelo, y que los mismos prefijos se aplican a nieto para nombrar a los descendientes. Lo que no es tan conocido es que hay una palabra en castellano que designa al hijo del tataranieto, que es... ¡¡¡CHOZNO!!! Me enteré hace bastantes años de tremenda casualidad, y al mismo tipo se inflamó en mí la curiosidad por saber si existía la palabra para el parentesco dual. Los intentos jocosos de algún amigo, recomendándome que lo llamara "antichozno", no acababan de convencerme, y no me enteré de cuál era hasta hace pocas semanas. Es TRASTATARABUELO. No creo que venga en el diccionario de la RAE (no lo he buscado), pero he encontrado bastantes referencias.

Y bueno, para terminar un pequeño juego: recordar al menos dos nombres en castellano que cambien la sílaba tónica al pasar al plural. Por ejemplo: "niño" sería un ejemplo si el plural fuera "niñós".

Saludines

Homenaje a Bob Dylan

Homenaje a Bob Dylan

Un pequeño post que he puesto en otro blog me ha llevado de cabeza al que probablemente es el mejor letrista de la Historia, o al menos (siempre es mejor curarse en salud), el mejor que yo conozco. Por tanto, he decidido hacerle un humilde homenaje, traduciendo aquí al castellano el texto que mi ídolo físico Bono le dedicó con motivo de su cincuenta cumpleaños. Perdón si hay algo lost in translation.

Cincuenta razones por las que me gusta Bob Dylan

- No está muerto.
- Aparenta cincuenta años.
- Canta como un enjambre de abejas.
- Le interesa el nombre que Dios le dio a los animales.
- Toca la guitarra como James Joyce.
- Llevó “capuchins” (especie de sombrero) antes que nadie lo hiciera.
- Escribió “Tangled up in blue”.
- No es un negrero.
- Es imposible inquietarle.
- Sabe que la ironía no tiene por qué ser enemiga del alma.
- “Blonde on blonde” es un año anterior al ácido.
- Escribe siempre dos canciones: una para ella y otra para Él.
- Mezcla a Dios con las mujeres.
- Hizo rimar hace poco “rolling hope” con “bowl of soup”.
- Allen Ginsburg le adora.
- Walt Whitman también le hubiera adorado.
- Escribió la “Balada de Hollis Brown”.
- Irá pronto a tu ciudad.
- Siempre es muy simpático conmigo.
- No escribió sus mejores canciones en los sesenta.
- No apostará su cabeza por nosotros, que somos unos cobardes.
- No es pseudo-religioso.
- No murió en un la cruz con treinta y tres años.
- T-Bone Burnett piensa que es bueno.
- Es judío.
- Es un magnífico contador de historias.
- Canta ahora mejor que nunca.
- Lleva los zapatos adecuados.
- Piensa que el Rock and Roll puede ser inteligente.
- No murió tontamente.
- Siempre sonríe como si hubiera acabado de componer una gran canción (bueno, casi siempre).
- Escribió “Every grain of sand”.
- Superó a los Beatles.
- El country es sólo un poco mejor que el jazz.
- Roy Orbison fue su amigo.
- Es divertido.
- Piensa que Liam Clancy es el mejor baladista de la Historia.
- No nos reprochó nuestra versión de “All along the watchtower”.
- El tiene mucho más que tres acordes y la Verdad.
- Sabe que algunas palabras pueden hacer daño.
- Los sombreros le quedan bien.
- Escribió “Visions of Joanna”.
- Escribió “Idiot wind”.
- Escribió “Brownsville Girl” con Sam Shepard.
- Sus niños se hicieron mayores y responsables y piensan lo mismo de él.
- No es Elvis.
- No es Jimi Hendrix.
- No es Jim Morrison.
- No está muerto.

Las pelis que nunca vi

Acabo de regresar de mi hometown, donde si bien no he podido actualizar el bloguito por falta de infraestructura (el ratón del Imac de Badajoz estaba xungo), sí que se me han ocurrido algunos temillas susceptibles de comentario y posteo. Para empezar, voy con una preguntilla medio indiscreta dirigida a todos esos que andáis por ahí detrás de la pantalla. ¿Qué peli (o pelis) del mundo mundial que no habéis visto tenéis más ganas de ver? Viene esto a colación de que el próximo 21 de Diciembre, solsticiazo, ponen en el Cine de la UAB "La ley del silencio", que entra claramente en esta categoría. Y contestad, pipol, que nunca sabéis qué amiguete puede estar leyendo sin saber qué regalaros para vuestro próximo cumple...

Ahí van las mías, improviso:

- Ordet
- Los cuatrocientos golpes
- Al final de la escalera
- Ser o no ser
- Dersu Uzala
- El mensajero del miedo
- Campanadas a medianoche
- La princesa Mononoke
- Perdición
- León (el profesional)
- Patton
- Historias de Filadelfia
- La reina de África
- Una historia verdadera
- El planeta de los simios

Un poema

LO FATAL

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror ...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos! ...


Rubén Darío

Fondos de pantalla favoritos

Fondos de pantalla favoritos

Hace unos días me llevé una desagradable sorpresa cuando comprobé que algunos CD’s de datos, que yo tenía guardados en la correspondiente funda con el fin de que no se deterioraran, habían sufrido el azote implacable del Tiempo, que los había prácticamente inutilizado. En particular, uno de ellos, que contenía gran cantidad de información con valor tanto objetivo como sentimental (y a menudo de los dos tipos) era absolutamente ilegible tanto en mi ordenador de sobremesa como en éste portátil desde el que escribo ahora mismo. Así, como último y desesperado recurso, decidí llevármelo a la Facultad e intentarlo allí. Más concretamente, el razonamiento fue del tipo: “Este CD está hecho polvo; el ordenata de mi despacho también. A lo mejor se llevan bien uno con otro, menos por menos más y todas esas cosas” Y dicho y hecho, hice la prueba y voilà! Increíbles, insondables las leyes de la informática me han permitido recuperar todos mis datos, que casi para siempre creía ya perdidos.

Viene todo esto a colación de que me he puesto esta noche a revisar todos los archivos que contenía el susodicho cedesito, y me han llamado la atención ,entre todos ellos, los wallpapers que he venido utilizando en las diferentes computadoras que me han acompañado y ayudado a recorrer el camino. Y así, como hace ya tiempo que no pregunto nada por aquí, lo hago ahora: ¿cuál es el fondo de pantalla que más os ha gustado entre todos los que habéis visto, o aún mejor, de los que habéis tenido??

Yo los he mirado hoy, y verlos es recordar épocas, aficiones, momentos, estados de ánimo, tristezas pero también alegrías... He visto el castillo de If tanto sombrío en la imaginación de un dibujante como luminoso en el amanecer; a los Simpson vistiendo de parodia la trilogía de Lucas; a mis héroes blancos (ahora casi villanos) celebrando la Novena gloria; al puto grupo salvaje lanzado hacia la inmortalidad en un torbellino de sangre, polvo y dignidad; una pequeña golosina de Klee; una visión de pesadilla, alucinante, encerrada en el horror del fantasma de una pulga; los ojos sin fin de la princesa Fiona; o las tres visiones sin par que abren desde hace tiempo a mis ojos los misterios del ciberespacio: Leonidas y sus Trescientos de cara al abismo y a la Muerte (la única salvación de los vencidos es saber que no tienen salvación) para convertir Esparta en sinónimo de honor; Javi y Martín, friends for life, para recordarme que la unión hace la fuerza y una noche inolvidable; y la catedral de Milán, apoteosis del gótico, lanzas infinitas, mil años traducidos en una marmórea selva de magnificencia inimitable.

La lección de il Dottore

La lección de il Dottore

Quería escribir algo sobre Valentino Rossi (el "Doctor" casi por antonomasia, y que me perdonen los fans de "La jungla de asfalto")y su impresionante victoria en el mundial de motociclismo, que entre otras cosas ha conseguido que yo siga el motociclismo y, lo que es más increíble, que haya llegado incluso a emocionarme con él. Sin embargo, el impulso iniciar de escribir ha sido arrinconado por un problema de Mates y un ataque de burocracia que me ha hecho imposible explayarme como es debido sobre el tema. Sin embargo, el otro día encontré la solución, sin buscarla: un artículo de Sebastián Álvaro que consigue relatar la hazaña dándole el tono épico, casi heroico, que requería. Os dejo con él, definido como una pluma ilustre (además de aventurero loco, por algo dirige "Al filo de lo imposible") por algún habitual de este blog.

"Lo que nos ha ofrecido Valentino Rossi es una apasionante historia de aventuras. Ahí teníamos a un joven que decide desafiar al destino y elige como montura lo que todos calificaban como un penco sin futuro que no había ganado un título desde 1992. Pero en sus manos -y las de su equipo de fieles mecánicos que decidieron acompañarle en la nueva aventura, no debemos olvidarlo- se ha acabado convirtiendo en un caballo alado. Juntos han protagonizado una peripecia llena de incertidumbre, de lucha contra los elementos y contra esas verdades que los ingenieros y los torvos ordenadores se empeñan en sentenciar como inmutables. Pero está en la esencia de los héroes demoler lo inmutable, desafiar lo imposible. Quizá sea este espíritu el que Rossi ha vislumbrado en quien hasta él mismo considera como su sucesor -si no se convierte antes en su rival- Dani Pedrosa, el otro gran triunfador del pasado fin de semana. Sin embargo, lo que le concede su verdadera estatura al héroe no son sólo sus hazañas. No existe un gran héroe de verdad si no tiene un rival de su talla. Y Rossi ha tenido la suerte esta temporada de contar con un auténtico gigante: Sete Gibernau.

En esta apasionante historia, Sete ha interpretado un papel que sólo un necio ejecutivo de Hollywood calificaría como el malo. Sete ha asumido un papel mucho más interesante y atractivo; ha sido el Adversario. Ese antagonista al que no puedes por menos que admirar por su pundonor, su inteligencia, su audacia. Incluso te sorprendes, mientras sigues sus peripecias, traicionando al héroe deseando que triunfe alguna vez sobre él. Porque así será más interesante la historia y porque no deja de ser otro héroe enfrentado a sus propios escollos. De hecho, Sete no gozaba de los privilegios oficiales de la marca a quien tan brillantemente ha representado. Se ha tenido que ganar cada pieza y cada mejora de su máquina mientras salía a la pista a luchar con Rossi, carenado contra carenado, mientras los pilotos oficiales preferían mirar para otro lado. Y además Gibernau se ha mostrado siempre como un auténtico caballero en la competición, incluso cuando se vio acusado ­-injustamente según él- de haber propiciado la sanción que relegó a Rossi al último puesto de la parrilla en Qatar­.

Algunos comentaristas, se supone que ahítos de Disneycultura, han reprochado a Rossi la rabia y el enfado con Sete que ha mostrado antes de la carrera de Phillip Island. No quieren entender que cuando el héroe muestra su lado oscuro, sus dudas, sus miedos, cuando se comporta como un hombre, nos está diciendo que también nosotros podemos ser héroes. Lo dicho: ¡che spettacolo!"

Improbable, pero posible...

Algunos de mis compis de facultad juegan a las cartas después de comer. Por supuesto, no al MUS, primero porque definir el mus como juego de cartas es como definir el Rolls-Royce como un vehículo de cuatro ruedas; y segundo, porque si hicieran eso, yo ni investigación, ni blog, ni nada, estaría todo el día viciado.

Pues eso, como decía estaban con la baraja, y se pusieron dos a jugar a un juego absurdo, que me puso en marcha la mente matemática, y que ahora comparto con vosotros, por si queréis pensar un poquito el fin de semana:

"Un impresentable está jugando a lo siguiente: tiene una baraja española de 40 cartas boca abajo. Levanta una carta y dice 1; si la carta que le ha salido es un 1, ha perdido, si no sigue, 2, y lo mismo. Pues así 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, Sota, Caballo y Rey. Gana si consigue levantar toda la baraja sin ninguna coincidencia (podéis jugar al juego vosotros mismos, es una gilipollez pero entretiene un rato). La pregunta es: ¿qué posibilidad tiene el jincho de ganar?".

Esto me lleva a otra pregunta, pero esta es mñas filosófica y casi retórica. ¿Cómo es posible que encantándome los problemas de Probabilidad y habiendo tenido unos profesores buenísimos he acabado odiando esa materia más que ninguna otra parte de las Matemáticas, hasta el punto de huir de una ciudad para evitarla? No tengo ni la más remota idea, qué extraña es la vida...

El combate de Cyrano

El combate de Cyrano

Bueno, esto quería ponerlo ayer y explicar un poco por qué lo pongo, pero creo que me voy a casa dentro de cinco minutos y no tengo tiempo. Por tanto, sketcheo la explicación;

a) Tengo un amiguete que en el msn se pone siempre topics de Cyrano, y por tanto me acuerdo mucho de ello. Pongo esto también un poco en homenaje a él. Va por ti, Emilín.

b) Vi Cyrano por n-sima vez este puente, y volvió a emocionarme como siempre. Mi vida, sobre todo adolescente, no se podría explicar sin él.

c) Last but not least, Albereto ha mencionado a Scaramouche, que también sale aquí, en algún comentario.

Que lo disfrutéis. Si alguien lo encuentra en Internes en castellano, que me lo diga plis.

Je jette avec grâce mo feutre
Je fais lentement l'abandon
Du grand manteau qui me calfeutre,
Et je tire mon espadon;
Élégant comme Céladon
Agile comme Scaramouche
Je vous préviens, cher Myrmidon,
A la fin de l'envoi je touche!

Vous auriez bien dû rester neutre;
Où vais-je vous larder, dindon?
Dans le flanc, sous votre maheurtre?
Au coeur, sous votre bleu cordon?
- Les coquilles tintent, ding-don!
Ma pointe voltige : une mouche!
Décidement... c'est au bedon,
Qu'à la fin de l'envoi, je touche.

Il me manque une rime en eutre...
Vous rompez, plus blanc qu'amidon?
C'est pour me fournir le mot pleutre!
- Tac! Je pare la pointe dont
Vous espériez me faire don,
- J'ouvre la ligne,- je la bouche...
Tiens bien ta broche, Laridon!
A la fin de l'envoi, je touche.

Prince, demande à Dieu pardon!
Je quarte du pied, j'escarmouche,
Je coupe, je feinte...
Hé!La donc!
À la fin de l'envoie, je touche.

Por tres cochinos minutos

A continuación os pongo un artículo que publicó Pérez Reverte en el Semanal en Agosto. Es el segundo suyo que pongo en el bloguito, y ya soy consciente de que me repito más que los precios, pero me ha impresionado de verdad, me ha impactado. Palabra.

"A ver si consigo que me leas con atención, Fulano o como te llames. Porque hace poco me mataste a un amigo. Y digo amigo, porque lo era. De verdad. No le había visto la cara nunca, pero eso no importa. Lo era, repito. Leía mis libros, y también esta página cada semana. Tenía 28 años, era bien parecido, deportista, corría diez kilómetros cada día. Buena pinta, sano y fuerte. Además era un tipo noble, sencillo, derecho, con sentido del honor como los de antes, con palabra, apretón de manos franco, y todo eso. Con sentido del humor, además, lo que era un regalo, un don de la existencia para quienes estaban con él. Había aprendido a disfrutar de la vida con dignidad y con decencia. Hay gente que vive noventa tacos de almanaque y nunca llega a ser tan sabia y lúcida como lo era él. Amaba el mar, como yo. Tenía una familia, una novia, unos amigos. Tenía una perra que ahora lo busca con ojos leales y tristes, moviendo el rabo esperanzada cada vez que alguien roza la puerta. Tenía un futuro. Si tú se lo hubieras permitido, habría llegado a ser un tipo de esos que hacen el mundo soportable, en vez de una cloaca sucia y oscura, a merced de irresponsables como tú.

También tenía una moto, aunque no era uno de los que van haciendo el cimbel como suicidas prematuros. Aquella mañana circulaba despacio, cerca de la playa, con el casco puesto y guardando las precauciones adecuadas. Y ése fue el momento que elegiste, maldita sea tu estampa, para salir con el coche de la gasolinera a toda velocidad, saltándote tres carriles antes de girar en dirección prohibida, a fin de ahorrarte los cien metros hasta el siguiente cambio de sentido. Llevabas a tu mujer y a tu hijo en el coche, y aun así hiciste esa pirula. Te jugaste tu vida y la de ellos por ganar tres minutos, y arrancaste de cuajo la de otro. Le diste de lleno, clac. Moto y motorista a tomar por saco. Doce días en coma, luchando entre la vida y la muerte. Y luego, ya sabes. Como esos aparatitos de las películas: la línea recta en el monitor. Piiiii. Pero no era una película, sino la vida de un joven lleno de sueños y esperanzas. Por usar un lenguaje de cine y que lo entiendas, cretino: cuando matas a alguien le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener.

Por supuesto, ahora estás en la calle, tan campante. Los miserables como tú no van a la cárcel. Ignoro exactamente qué te cayó, si es que fue algo además de tres meses sin permiso de conducir. Si la gentuza de tu calaña fuera al talego cada vez que despacha a alguien, las cárceles iban a parecer el camarote de los hermanos Marx. No hay más que veros pasar al volante, inconscientes, letales, a toda leche, creyéndoos inmortales. Seguros, como fue tu caso, de que si alguien palma, será otro. Así que imagino que a estas alturas ya estarás conduciendo de nuevo, como si nada. Los jueces son comprensivos en esto, por lo general; y en cierta forma toco madera, porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe. Ignoro si un día seré yo quien tenga que verse ante un juez. Pero tales son las contradicciones de la vida. Además, lo mío es sólo una hipótesis: no suelo ahorrarme esos cien metros hasta el cambio de sentido, ni me salto los carriles de tres en tres, ni circulo como un majara. Lo tuyo es una realidad: estoy hablando de ti y de tu caso. No tengo toda la información, pero sí la sospecha de que, en vez de prohibirte conducir durante el resto de tu vida, o mandarte un año a trabajar, por ejemplo, al hospital de tetrapléjicos de Toledo, ayudando a gente a la que otros como tú jodieron la vida, supongo que la Justicia, benévola, habrá permitido que te redimas con el pago de una multa. Es lo que suele. Y ahora ni remordimientos tienes, ¿verdad? Parece mentira la capacidad de supervivencia y egoísmo del ser humano. Cómo nos convencemos a nosotros mismos de que la mala suerte, el destino, etcétera, tuvieron la culpa. Al final siempre resultamos asquerosamente inocentes. De todo. Y quién te ha visto y quién te ve. Quién reconocería ahora en ti al lloroso mierdecilla que se justificaba ante los guardias, desolado, frente al cuerpo tirado en el suelo, aquel día de la gasolinera. Pasa el tiempo, y nos justificamos, y si los dolores propios terminan diluyéndose en el recuerdo, para qué decir de los dolores ajenos.

Por eso escribo hoy esta página. Para recordártelo. Para contar que me arrebataste a un amigo al que nunca llegué a conocer. Para decirte que ojalá revientes. Cabrón."

Bridge over river Kwai

Bueno peña, sólo deciros que dejo el bloguito hasta el miércoles, no por pereza o por falta de ideas, sino porque me marcho a Madrid con Rosa a pasar el puente. Que os sea propicio, y ssta luego. Estos dos días he puesto bastantes cositas para entreteneros. Ciao.

¡¡¡Hay nuevo premio Nobel!!!

¡¡¡Hay nuevo premio Nobel!!!

Ya se conoce el nombre de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2004: se trata de la escritora austriaca Elfriede Jelinek. La verdad es que hoy ha salido la conversación y nos (me) he(mos) estado cachondeando un poco de la tendencia de los miembros del jurado a premiar a gente que no la conoce ni su padre. Cuando he visto a quién le habían dado el premio, cosa que ha ocurrido después de la charla, he pensado exactamente ese tipo de cosas. Pero luego, cuando he buscado un poco por la Güeb y he visto que es la autora de la novela en que se basa la peli "La pianista" y que es colaboradora del cineasta Michael Haneke, me he tranquilizado un poco. Al menos, esa película (aparte de su temática, que como mínimo es desagradable) tiene un sustrato ético-moral cuando menos sólido y complejo.

Va un link a unos textos de la escritora que he encontrado traducidos en castellano: http://www.mgar.net/cine/var/misterio.htm

Y aquí su página personal (en alemán, pero hay bastantes fotos): http://ourworld.compuserve.com/homepages/elfriede/

Un valiente ante la Muerte

Un valiente ante la Muerte

Esta mañana, cuando venía de charla camino de la Facultad, se me ha venido a la cabeza uno de mis momentos preferidos de la Historia (algún día haré una recopilación por aquí): la defensa que realizó Danton de sí mismo en el proceso que por alta traición se siguió contra él.

Situémonos un poco: estamos en Marzo de 1794. En la Revolución Francesa, el Terror ha alcanzado su punto más álgido. Ya ha sido ejecutado el Rey Luis XVI, ya se ha guillotinado a todos los aristócratas, a todos los sacerdotes, a todos los no-revolucionarios, en suma, que no habían conseguido huir. Ya estamos en el punto en que las acusaciones, si no existen, se inventan; cualquiera puede ser llevado ante el Tribunal Revolucionario, juzgado por una traición real o probablemente ficticia y ejecutado en la Place de la Grève pocas horas después, ante las tricoteuses que hacen calceta mientras ven caer cabezas como quien oye llover. Ya han caído revolucionarios moderados, como los girondinos de Vergniaud y Condorcet, o abiertamente extremistas, como Hébert, que muere sin atisbo de dignidad. Este es el momento en que algunos de los líderes de la Revolución, como Danton y Desmoulins, deciden que es suficiente e intentar dar un giro hacia la moderación. Por ello, el sangriento Robespierre, erigido en dictador virtual, y su angel negro Saint-Just y demás partidarios, deciden procesarlos, o lo que es lo mismo, hacerlos asesinar. Por tanto, son detenidos.

Y aquí es donde empieza la gloriosa defensa de Danton, y en menor medida, de Desmoulins. Recordemos su respuesta a la primera pregunta formal del juez Herman. ¿Nombre y domicilio? "Mi nombre es Danton. Mi domicilio será pronto la Nada y después el Panteón de la Historia. No me importa." Y sin duda, así fue; el proceso quedará como paradigma de la lucha de la justicia, la compasión y el valor contra sus eternos enemigos, la arbitrariedad, y el despotismo. Si bien la figura histórica de Danton no es para nada modélica, e incluso discutible en más de un aspecto, su actitud ante su proceso y sobre todo, despreciativa, chulesca e imponente ante la muerte (que le lleva a tumbarse tranquilamente en la guillotina después de pronunciar las palabras inmortales al verdugo: "¡Muéstrale mi cabeza al pueblo! ¡Vale la pena!") le han ganado un lugar en todos los corazones de los que han escuchado su historia; que en cierto modo, es la historia de cualquier revolución.

Quería haber puesto una crónica del proceso, y tras buscar por Internete, he encontrado varias buenas, y una fantástica, en http://www.diagnopsy.com/Revolution/Rev_066.htm . Desgraciadamente, ninguna de ellas estaba en castellano. Pero bueno, si veo que el post este interesa, me puedo poner manos a la obra y hacer la traducción del link, no parece difícil. También recomiendo el libro de Díaz-Plaja "A la sombra de la guillotina", donde cuenta todos estos hechos y otros más con pluma lírica y estilo soberbio; la peli "Danton", biografía de Andrzej Wajda, con una gran reconstrucción del proceso e interpretación de Depardieu; y la escena de la ejecución en el film "Napoleón", de Abel Gance, sencillamente sobrecogedora.

La vía europea al best-seller

Hoy se me ha hecho muy tarde en la facultad y no tengo tiempo para escribir, así que os mando un artículo de Pérez-Reverte que me gusta bastante, en particular lo que dice de "Herrumbrosas lanzas". Si me apetece lo comentaré más adelante.


UNA EXCEPCIÓN
La vía europea al best-séller

ARTURO PÉREZ-REVERTE LA VANGUARDIA 30 de octubre de 1998

Soy un novelista profesional, y teorizar sobre literatura se lo dejo a quienes tienen ganas y tiempo para ello, o a quienes viven exclusivamente de sentar cátedra sobre lo que escriben otros; del mismo modo que la faceta artística de la literatura -que sin duda existe- se la dejo a los artistas profesionales, expertos en angustias creativas y duchos en las fascinantes zozobras de lo sublime. Yo me dedico a contar las historias que me apetece contar, y a hacerlo del modo más eficaz posible; así que me importa un bledo si la novela en general o en particular está muerta, o no. En lo que a mí respecta, procuro que la mía siga viva, y eso me mantiene lo bastante ocupado como para no andar perdiendo el tiempo en dimes, diretes y chorradas.

Esta vez, sin embargo, debo hacer una excepción. Después del encuentro que tuve hace unos días en la feria del libro de Francfort con Ken Follet, algún amigo me ha pedido que defina un poco algunas de las ideas que allí apunté, ofreciéndome para ello, con toda gentileza, las páginas de La Vanguardia. Así que en eso estoy ahora, dándole a la tecla en la esperanza de que esto no parezca una justificación ni nada por el estilo. Que maldita la necesidad que tengo de justificar nada; pues todo autor consecuente con su propia obra se justifica muy a fondo, creo, en todas y cada una de las páginas que escribe.

Le decía yo en Francfort al señor Follet, más o menos, que toda novela es en principio respetable, desde Marcial Lafuente Estefanía a Dostoievsky, mientras haya un lector que encuentre en ellas diversión, reflexión, compañía, esperanza, sabiduría, consuelo o cualquiera de las innumerables posibilidades que ofrecen los libros. En ese contexto, el llamado best-séller, etiqueta con la que a menudo, en un exceso de simplificación, se clasifican globalmente los libros más vendidos, constituye en principio un género tan digno como cualquier otro. Hay que ser un perfecto bobo para exigir que doña Luisa, que apenas tuvo estudios, que se casó con un animal de bellota a los dieciocho años, que trabaja catorce horas diarias haciendo desayunos para marido e hijos, yendo a la compra, preparando la comida, fregando, haciendo la cena, termine su jornada dedicando un rato cada noche a leer el Ulises, de Joyce. Bendita sea para ella Corín Tellado, si eso la hace evadirse, y soñar, e imaginar otras vidas. Y tal vez, pues los libros son al fin y al cabo como las cerezas, que tiras de uno y terminan saliendo otros, eso la lleve un día a leer otras cosas. Y si no, pues qué diablos. Tampoco pasa nada.

Mejor que las teleseries
Quiero decir con eso que todo libro puede ser útil, y nadie tiene derecho a despreciar el trabajo de nadie, ni sus consecuencias. Y en ese contexto, el best-séller, entendido como novela popular en su más primario sentido, que es el de entretenimiento o aventura, resulta perfectamente legítimo y respetable si está bien hecho. Incluso el tan denostado best-séller anglosajón puro y duro, de usar y tirar, que apunta como mucho a una fugaz trayectoria cinematográfica, cumple una función de entretenimiento nada desdeñable, que por supuesto es siempre preferible a una estúpida serie de televisión a base de policías y señores de Arkansas, aunque a primera vista parezcan lo mismo. Pero es que, además, dentro de tan amplio género se han producido obras notables, como Shogun, de James Clavell, el Chacal, de Forsythe o, en otro registro, las novelas de John le Carré, incluyendo Los pilares de la tierra, del propio Follet. De cualquier modo, lo que el best-séller anglosajón posee son unas técnicas narrativas altamente eficaces, que arrancan tanto de la novela popular europea del XIX como del lenguaje cinematográfico. Unas técnicas muy interesantes cuyo estudio y aplicación, al menos como referencia, resultan de extraordinaria utilidad a la hora de abordar cualquier materia novelesca de un modo actual, para un público lector que posee -obviarlo es una estupidez suicida- una amplia enciclopedia audiovisual en continua recarga y evolución. Entendida la novela, por supuesto, como se entendió siempre y como algunos -sobre todo los lectores, que es lo que cuenta- seguimos entendiéndola todavía: el planteamiento de un problema narrativo basado en acción, pensamiento, o la combinación de ambos, y la resolución de ese problema mediante las herramientas más eficaces, trama, personajes, estilo y estructura, que el autor sea capaz de aplicar en su trabajo. Porque -y esa es otra- por mucho arte, talento, imaginación y demás dones estéticos o divinos de que disponga el novelista, sin trabajo riguroso y disciplinado n o hay nada que rascar. Y, pese a lo que afirmaba recientemente algún exquisito e imprescindible novelista de diseño, las novelas no se escriben picoteando de flor en flor, un poquito hoy y otro poco el mes que viene, a base de inspiración divina y de hacer vida de escritor en mesas redondas, talleres literarios, columnas periodísticas y barras de bares de moda. Se escriben echándoles muchas horas, y días, y meses de constante disciplina y trabajo.

Dicho todo lo cual, y respetando a todo el mundo, se impone puntualizar un par de cosas. Y precisamente ese par de cosas son las que me llevaron hasta Francfort para conversar con el señor Follet, pese a que tengo a gala no frecuentar ese tipo de eventos. La principal es que, dicho con todos los respetos, no hay que mezclar las churras con las merinas. Quiero decir que quien sitúe El ojo de la aguja y El nombre de la rosa, ambas indiscutibles best-séllers, o La tapadera y El perfume, o El exorcista y Peón de rey en un mismo paquete, es un perfecto simple y un cretino. Porque frente al clásico best-séller anglosajón, frente a un planteamiento novelesco que tiene por objeto exclusivo el mercado, y donde pocas ambiciones suelen plantearse más allá del aquí te pillo y aquí te mato, frente al huérfano ejercicio de la acción y el entretenimiento sin más pretensiones que lograr impactos rentables en las listas de más vendidos, frente al todo vale prepotente y descarado sin otro sostén que las cifras del enorme mercado en lengua inglesa, a menudo la novela europea con éxito de ventas posee en buena parte, y ganado por derecho propio, un amplísimo margen de independencia y de calidad perfectamente compatible con las ventas masivas, y que es al mismo tiempo fiel a sus propias raíces y a su memoria. Y que además goza del respaldo del número de lectores suficiente, pese a los agoreros y a los enterradores prematuros, para justificarla y sostenerla con plena salud.

No podía ser de otro modo, por otra parte. En el panorama de la novela actual, frente a conceptos culturales en materia novelística limitados en el tiempo y el espacio, que a veces rozan el ombliguismo insular, como en el caso británico, o huérfanos -y a veces manifiestamente bastardos-, como el norteamericano, cuya memoria colectiva directa tiene menos de trescientos años pese a la pervivencia en ella de tradiciones muy importantes, la novela vocacionalmente europea, entendida ésta como un amplio paisaje cultural que incluye Iberoamérica y no excluye absolutamente a nadie, cuenta con un denso y riquísimo pasado a sus espaldas. Una herencia de tres mil años de solera que nace en la Biblia y la cultura mediterránea oriental, pasa por Grecia y Roma, llega a España y al sur de Europa enriquecida por el islam, florece en la latinidad medieval y el renacimiento, viaja a América en naves españolas y retorna en forma de barroco para estallar en una inmensa fiesta de ideas y de posibilidades en los siglos XVIII y XIX. Es precisamente ese contexto, ese paisaje, el que hace posible una novela actual europea, respaldada por toda aquella historia y memoria, que puede plantar cara con pleno éxito a la invasión del huérfano bastardo, apunté antes- best-séller anglosajón a palo seco.

Las armas del enemigo
Otra cosa es que se haga o no se haga. Otra cosa es que muchos novelistas europeos, a menudo dispuestos a escribir para el qué dirán de ciertos críticos y mandarines que tienen secuestrada la cultura desde hace décadas, sigan siendo víctimas de sus propios complejos; y que en países como Alemania e Italia se resignen a abandonar la cabecera de las listas de ventas a las traducciones de best-séllers norteamericanos, como si escribir historias y que la gente las lea fuese algo de lo que un escritor deba avergonzarse. Otra cosa muy distinta sería que, en vez de pasarse la vida teorizando en debates televisivos y suplementos literarios y llorando sobre el presunto cadáver de la novela, los escritores europeos no se resignaran a pasar por el aro de la crítica "culturalmente correcta" y volvieran la vista hacia ese inmenso caudal narrativo, hacia esa larga tradición e inmensa memoria que es su orgullo y su fuerza. Y que aplicando, eso sí, técnicas narrativas eficaces, modernas, extraídas sin complejos del mismo cine o la misma literatura anglosajones, consolidaran un género de novela de amplias ventas y futuro, que goce del respaldo de sus lectores y tenga, al mismo tiempo, posibilidades de librar en el exterior la batalla de una literatura europea capaz de competir en el mercado internacional con la dignidad de su rica memoria. Usando, ¿por qué no?, las mismas armas del enemigo. Haciendo compatibles tradición, profundidad y entretenimiento.

La prueba de que ese puede ser el camino que sostenga y revitalice la narrativa europea es que -como resulta fácil apreciar si se sigue la evolución de tiradas en países como España en los últimos diez años, con cifras impensables hace veinte- los lectores responden de forma masiva, calurosa, cuando se les plantea ese tipo de oferta narrativa de calidad, referida a su propio ámbito cultural y a su memoria. La prueba, por hablar sólo de tres títulos recientes, es la acogida entusiasta en España, en decenas de miles de lectores, a la magnífica novela El hereje, de Miguel Delibes; a Peón de rey, de Jesús Fernández, o a la extraordinaria El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas. Y no me refiero a novela histórica forzosamente, sino a novelas de muy diversa índole que incluso al tratar el presente se asientan en una tradición larga y hermosa: la de los miles de años que nos hicieron posibles y que José María Guelbenzu, en un artículo publicado hace pocos días, destacaba con especial lucidez. Novelas que -y esto es fundamental- en España alcanzan mayor cifra de ventas que las de Ken Follet. Novelas asentadas en una memoria, no lo olvidemos, que también resulta atractiva para el mundo anglosajón y norteamericano, donde Europa sigue fascinando e interesando -¿qué novela más europea que la extraordinaria V, de Thomas Pynchon?- y donde, además, la creciente penetración hispana del sur, que lleva consigo su propia memoria latina, crea grandes posibilidades a medio y largo plazo.

El sistema americano
El principal obstáculo en Estados Unidos sigue siendo que allí, donde un sistema comercial eficacísimo es capaz de poner en el mercado internacional de lengua inglesa, de forma masiva y en pocos días, cualquier libro con vocación de muy vendido o muy leído y donde pese a la usual ordinariez del mercado existen, sin embargo, notabilísimos vínculos de memoria histórica europea que incluyen amplias comunidades cultas italianas, judías, etcétera, las editoriales suelen carecer de lectores cualificados capaces de rastrear, leer y descubrir novelas en otras lenguas que la inglesa. Y eso, dificulta la penetración. Aunque las cosas están cambiando y la presencia de autores en lengua castellana, o española, que dicen allí, es cada vez más intensa.

En cuanto a la vieja Europa, yo creo que sólo en el aprovechamiento de la tradición está el futuro; pues eso permite a quien escribe hacerlo con el aplomo de saber de dónde viene y adónde va. Picasso es imposible sin Velázquez, sin Rembrandt, sin Brueghel. Nadie, salvo los soberbios, los cretinos o algunos "bobenzuelos" a quienes vuelven locos los elogios de críticos cantamañanas, puede creerse de veras capaz de escribir nada que merezca la pena o que perviva cuando se trabaja con una memoria literaria o cultural que empieza en Kundera o en la última película de Tarantino. Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, Dostoievsky, Galdós, Valle, Stendhal, Quevedo, Virgilio, Homero, Dickens, Dumas, Stevenson, Melville y todos los otros, los de siempre, los viejos maestros que nos enseñaron a contar historias como siempre se contaron, siguen siendo necesarios antes de dar el primer teclazo; porque en ellos obtenemos el aplomo y el equipaje y en ellos afinamos las armas de la lengua, el estilo y la estructura. Y la novela europea todavía puede ser algo más que asaltar una gasolinera porque la vida no tiene sentido, o quedarse seiscientas páginas mirándose el ombligo... ¡Qué diablos! Quienes no tienen nada que contar, y encima pretenden que la gente pague por leer los avatares de un vacío personal que no interesa sino al autor mismo, harían mucho mejor en dejar libres las mesas de novedades y dedicarse a otra cosa. Y quienes sí desean hacerlo, quienes de veras tienen historias hermosas que escribir para que miles de desconocidos reflexionen, gocen, sientan, comprendan, vivan más vidas y las añadan a la propia, deberían abordar la tarea sin complejos y más pendientes de su trabajo que de lo que dirá tal o cual crítico al día siguiente. Para eso, naturalmente, es necesario desvincularse de los clanes de compadres, de los mercachifles y los parásitos que se autoadjudican el papel de árbitros y convierten las páginas de cultura de los diarios en feudos personales, y trabajar sin complejos con la certeza de que, en literatura, el lec tor es el único que, después del naufragio, cuando por fin el mar se cierra sobre los mástiles del "Pequod", reconoce a los suyos.

A base de recrearse en su propia agonía, de escribir y aplaudir novelas basadas en personajes incapaces de escribir una novela, cierto tipo de gente mató la novela en Francia y en Italia y han estado a punto de matarla también de verdad en España; no por agotamiento del género, como equivocadamente creen algunos, sino por el imperio del esnobismo y la gilipollez y la vacuidad elevada a teoría literaria, a obra maestra imprescindible y a pequeña miniatura imperecedera. No todos tenemos mala memoria, y además las hemerotecas están llenas de definiciones como esas, aplicadas por críticos que siguen pontificando impávidos en ciertos suplementos literarios -los mismos que antes afirmaban que Faulkner y Benet eran el canon- elogiando obras y autores "imprescindibles" que, a los dos meses, todo el mundo, y con justicia, olvida piadosamente. Y, al contrario, son ahora algunos de sus ahijados, compadres y pupilos quienes, poco a poco, cada vez con menos complejos -el autor que dice no importarle vender libros miente como un bellaco-, recurren a estructuras y lenguajes tradicionales, al género policiaco como sostén de la trama, a la historia como memoria y clave del presente, al paisaje cultural común iberoamericano, y miran alrededor para contar novelas como siempre se contaron. Novelas que pretenden abarcar una parte del mundo narrando una historia con planteamiento, nudo, desenlace y con los puntos y las comas en su sitio.

Por fortuna, no todos se "benetizaron" en España por una palmadita en la espalda y un elogio en las páginas de turno. Y hubo gente que se arriesgó, con suerte o sin ella.Y gracias a la resistencia individual opuesta por nombres como Mendoza, Marsé, Sampedro, Torrente y algún otro, la novela de toda la vida, la escrita como Dios manda, siguió viva aquí, mantuvo el cordón umbilical con sus lectores de siempre y pudo enlazar con una generación de novelistas más jóvenes que, con una oferta variadísima, constituyen hoy un sólido núcleo de una veintena de nombres que en su mayor parte son, o serán, perfectamente exportables y traducibles. Por ese camino, la vieja Europa, o al menos la parte que nos toca de ella, puede en mi opinión enarbolar, con absoluta tranquilidad, pabellón propio. Porque best-séller como definición de libros más vendidos, de acuerdo. Nada que objetar al término, porque en él caben Ken Follet, Mendoza, Sepúlveda, Eco, Martín Gaite, Le Carré, D'Ormesson, Prada, Grisham, Marías, Gala, Terenci, Vázquez Figueroa, Clancy, Sampedro, King, Rivas, Baricco, Marsé, Almudena y tantos otros. Libros de éxito, vale. Todos en las librerías, y bendita sea la época en que cada lector puede escoger lo que cuadra con su gusto y no verse obligado, como en otro tiempo lo estuvimos, a exiliarse en novelas extranjeras o en los clásicos, renunciando al presente o sintiéndose miserable porque se aburre con Herrumbosas lanzas.

Todos en las librerías y en las listas, digo, pero cada uno en su sitio. Por mucho que se empeñen los malintencionados y los imbéciles, ni Stephen King es lo mismo que Umberto Eco, ni Ken Follet lo mismo que Jean d'Ormesson, o que Antonio Gala. Y además, Carmen Martín Gaite vende aquí más que Tom Clancy. Así que, mucho ojo. Todos juntos, vale. Pero no revueltos. Y que el buen Saramago nos bendiga a todos.