Siete magníficos
Y cómo nos lo pasamos en la boda...
Y cómo nos lo pasamos en la boda...
Lo bueno es que a las nueve de la noche aún no teníamos disfraz...
Todos los clientes se han ido. Las luces del local están
apagadas.
Rick está sentado a una mesa. Tiene enfrente una botella de
bourbon y un vaso medio lleno. De igual modo hay otro vaso
vacío frente a una silla también vacía.
Llena el vaso y se lo bebe de un trago.
Rick se limita a estar sentado, sin mirar a ninguna parte.
Su rostro no muestra la más mínima expresión. La luz del
faro del aeropuerto barre continuamente el salón, lo que
crea una sensación de ambiente irreal.
Sam entra en el salón y se queda de pie junto a él, sin
atreverse a hablar.
SAM
Jefe.
Rick sigue bebiendo, sin hacerle caso.
SAM
¡Jefe!
RICK
¿Qué?
SAM
¿No se va a la cama?
RICK
No, ahora no.
Sam se da cuenta de que Rick está de muy mal humor.
SAM
(con intención de animarle)
¿Y no piensa hacerlo en un futuro
próximo?
RICK
No.
SAM
¿No piensa acostarse nunca?
RICK
No.
SAM
Pues yo tampoco tengo sueño.
RICK
Ven, anda, echa un trago.
SAM
No. No quiero, vámonos.
RICK
Bien, pues quédate sin echar un
trago.
SAM
Jefe, tiene que salir de aquí.
RICK
(enfático)
No, señor. Estoy esperando a una
dama.
SAM
(muy serio)
Vámonos, jefe. No debe meterse en
líos.
RICK
Ella va a venir. Sé que va a venir.
SAM
Podemos coger el coche, irnos a la
aventura. Emborracharnos. Ir de
pesca hasta que ella se haya ido.
RICK
cállate y vete a casa, ¿quieres?
SAM
(obstinado)
No, señor. Yo me quedo aquí.
Sam se sienta al piano y empieza a improvisar un tema lento.
RICK
Se llevan a Ugarte y aparece ella.
Unos van y otros vienen. ¿Sam?
SAM
¿Sí, jefe?
RICK
Sam, si es diciembre de 1941 aquí
en Casablanca, ¿qué hora es allí
en Nueva York?
SAM
Eh, se me paró el reloj.
RICK
Deben de dormir en Nueva York.
Deben de dormir en toda América.
De repente da un puñetazo en la mesa y entierra la cabeza en
los brazos. Al momento la levanta y procura controlarse.
RICK
De todos los tugurios de todas la
ciudades del mundo, tuvo que venir
justo al mío.
Se coge la cabeza con la mano.
RICK
¿Qué estás tocando?
SAM
Una canción que he compuesto.
RICK
Para. Ya sabes lo que quiero
escuchar.
SAM
No lo sé.
RICK
La tocaste para ella, tócala para
mí.
SAM
Bueno, es que no la recuerdo.
RICK
Si ella la resistió yo también.
¡Tócala!
SAM
Sí jefe.
Sam empieza a tocar "El tiempo pasará"
Llevo un tiempecillo que tengo el blog un poco abandonado, pero ni se me pasa por la cabeza dejarlo ni nada parecido, sólo ha sido un tiempo de escasez. A modo de excusa, os dejo aquí algunas razones por las que lo he tenido un poco desatendido:
1.- El semestre pasado tuve que prepararme alguna asignatura de la cual no tenía mucha idea, lo cual me he ha dejado poco tiempo para hacer investigación. Así, cuando han llegado las tres semanas de exámenes, me he volcado con los problemas de Topología, lo cual no me ha dejado mucho tiempo para pensar en otras cosas. Además, tenía un problema en particular que estaba en el punto obsesionante, de acordarme de él hasta en los momentos que preceden al sueño.
2.- Como dije hace algún tiempo, escribo diariamente un post (a veces dos) en el blog colectivo “Notas de fútbol”. Así, el poco tiempo que me queda del punto 1 lo dedico a esto, que normalmente me lleva un ratillo cada día. Al menos, me sirve como autodisciplina para escribir diariamente, e ir adquiriendo soltura. Estáis invitados, por cierto; si os interesa el deporte rey, los que escriben conmigo son unos cracks.
3.- Vagancia.
4.- Algunas de las cosas de las que me interesaría hablar no son blogueables, o bien por demasiado íntimas, o bien por lo que afectan a otras personas, etc.
5.- Y last but not least, creo que el peor estado posible para escribir es la felicidad. Como decía Sabina, en esos momentos no se escribe, se vive. No sé si ahora seré feliz en el sentido pleno en que yo lo entiendo (seguramente no, le exijo mucho a ese concepto) pero con la vida que llevo estoy alegre y contento la mayor parte del tiempo –justo lo contrario de lo que me pasaba hace un año justo- y no necesito compartir con tanta urgencia como entonces.
Pero bueno, ya os digo, es algo pasajero, no me abandonéis, que poco a poco iré volviendo. Cada mañana, cuando vengo a la facultad, se me ocurre algo sobre lo que escribir. Así que poco a poco creo que iré volviendo a la frecuencia.
Besos a tod@s.
El director de mi grupo de investigación es un tipo peculiar. Una persona terriblemente inteligente con un sentido de la ironía y un gracejo finísimo que siempre es difícil de apreciar a simple vista, pero que está ahí. Las cosas que dice o escribe (siempre que esté relajado, claro, y no sea algo oficial o similar) siempre llevan su impronta.
Acabo de comprobarlo ahora mismo. Nos ha mandado un mail a los miembros del grupo de Topología al que pertenezco, para invitarnos a asistir a un curso de doctorado que impartirá el próximo semestre. He leído su correo y no he encontrado nada especial, lo cual me ha parecido extraño hasta que me he enterado de que mandaba adjunto el programa del curso. He abierto, pues, el .pdf correspondiente, y he estado mirando con detenimiento dicho programa. No encontraba nada de particular, seis temas que llegan hasta un nivel muy avanzado, cosas como cobordismo, clases características, teorías cuánticas de campos, etc. Un curso interesantísimo que sentiré perderme por estar en Madrid.
Sin embargo, yo sabía que la sorpresa acechaba, y al final la encontré. Estaba en el desglose del tema 6, que comenzaba exactamente así (copio el original catalán):
6. La conjectura de Mumford
a) Classificar las superfícies
b) La Santíssima Trinitat
c) L’espai de moduli
Etc.
Captáis la nota discordante, no? Jaume, siempre igual ;)
Bueno, pues ya sabéis cómo funciona. ¿Quién es el de la foto? Turrón para el ganador, y una primera pista conceptual: es algo así como lo contrario de Paris Hilton.
En su magnífico blog, el Caracol puso una bonita lista de todos los libros que leyó el año pasado, que fueron muchos y variados. Para mí es imposible hacer una lista como la suya, más que nada porque no podría recordar así, en frío, ni siquiera los títulos, y aun en ese caso, me asaltarían millones de dudas sobre cuando los leí. Pero en un juego de espejos, he decidido poner mi lista particular de los que tengo en la cabeza que pienso leer a continuación, y los motivos por los que quiero hacerlo. Me encantaría que, si los habéis leído, me deis sus opiniones sobre ellos, y también que me hagáis alguna recomendaciao. Ahí van:
Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada. Me está pareciendo una novela realmente extraordinaria, con una prosa cautivadora, barroca y sarcástica, que enmarca una historia y unos personajes tan sórdidos como entrañables. Llevaba mucho tiempo detrás de este libro, y no me está decepcionando nada.
La misteriosa llama de la Reina Loana, de Umberto Eco. Soy fan de este escritor desde que leí "El nombre de la rosa", que me parece el prototipo de novela histórica de calidad, mucho más infrecuente de lo que la gente piensa. Desde entonces, he leído varios libros suyos, y mi opinión es dispar. Me divertí muchísimo con Baudolino, por ejemplo, mientras que´en "El péndulo de Foucault" acabé aburrido de erudición gratuita. Pero siempre hay mucho que merece la pena en las obras del semiólogo.
Mortal y rosa, de Francisco Umbral. No conocía la obra de este hombre, y he seguido con bastante interés las polémicas que ha tenido con Reverte, tanto la de hace unos años como la de hace poco. De pronto recordé que en casa de mis padres estaba este libro, y por Internes vi que está considerado por casi todo el mundo el mejor del autor. Para rematar, lo hojée un poco y vi que tiene buena pinta. Por tanto, para Madrid se vino y en mi piso está esperando.
2666, de Roberto Bolaño. Este me lo recomendó en Septiembre mi amiga la dueña del Libreto Azul, cuyo criterio respeto tantísimo, pero me olvidé de él en el maremágnum de acontecimientos que sobrevinieron. Sin embargo, estos días atrás vi en el Cuchitril Literario que Palimp hablaba maravillas de él, y eso es lo que me ha decidido. Aún he de ver cómo lo consigo.
O César o nada, de Manuel Vázquez Montalbán. Mi amigo Alberto, con quien comparto gustos literarios y en particular afición carvalhista, me habló hace mucho de este libro, que al parecer es un repaso por la historia de los Borgia desde el peculiar prisma del escritor barcelonés. En el libro de Prada leí la frase, y me recordó que lo tenía pendiente. Supongo que será complementable con un tomo póstumo que han sacado de Mario Puzo hace poco sobre el mismo tema.
Las metamorfosis, de Ovidio. Me encanta leer mitología de vez en cuando con tiempo y ganas. Hace dos veranos cayeron las Tragedias de Eurípides y Esquilo, y disfruté como un cerdo. A diferencia de los dos anteriores, este sí que está en mi casa, pues me lo regaló Rosa hace tiempo con su acierto habitual. No sé si podré esperar a terminarme todos los demás para introducirme en él.
Y hasta aquí he llegado, seguramente la lista se ampliará próximamente. Y tengo otra de comics!!!
Desde que lo conocí de pequeño, soy un enamorado del concepto de las siete maravillas del mundo. La magnificencia que se les suponía, superior a todo lo creado por el hombre, el halo poético de irrealidad que las recubría (especialmente a los Jardines Colgantes), el hecho de casi todas hubieran desaparecido llevadas por desastres naturales, como si alguien hubiera juzgado que el género humano no era digno de tanta belleza…
Por eso, cuando hace unos días escuché un telediario que se había abierto una votación para elegir a las siete maravillas del mundo actual, me tiré en plancha a buscar la página en Internet, que es exactamente ésta. Me ha gustado mucho la lista, aunque nada el detalle de que haya que votar por teléfono, y no sea gratis. Como soy bastante escéptico con la importancia de un único voto, lo que voy a hacer es dejar aquí el mío, e invitaros a hacer lo mismo. De entre los 21 grandes monumentos que hay propuestos, conozco personalmente la Acrópolis, la Alhambra, el Coliseo, la Torre Eiffel y el Castillo de Neuschwanstein (que por dentro es una patata, por cierto). Pero tengo bastantes referencias del resto como para que mi voto sea más o menos defendible. Ahí va (sin orden, ya sería demasiado):
- La Torre Eiffel
- La Muralla China
- Santa Sofía
- Petra
- El Taj Mahal
- Angkor
- La Alhambra
Me parece bastante risible que esté la Estatua de la Libertad en la lista, si había que poner algo de los USA lo suyo hubieran sido las cabezas del Monte Rushmore. No me gusta tampoco que estén las Pirámides, esas ya estaban en las del mundo antiguo. Si había que poner algún castillo, yo antes hubiera escogido alguno de los chateaux del Loira, el alcázar de Segovia o este impresionante que hay en Siria cuyo nombre no recuerdo. También hubiera puesto Venecia, que es un monumento en sí misma, y me falta alguna catedral, especialmente la de Colonia y el que es mi monumento favorito del mundo mundial: el techo del Duomo milanés. Cuando lo vi, su belleza me abrumó de tal manera que rompí a llorar.
Tengo una carpeta en mi portátil que se llama Leonard Cohen, que contiene toda la música y todas las letras de este autor. Sin embargo, en mi cabeza no pienso en ella como en un simple archivo de discos y canciones. Es algo así como poseer el cofre de un tesoro tan valioso que ni en mil vidas podrás abarcar toda la belleza que contiene; un mar eterno donde si lanzas tu caña y esperas un poco (mirando mientras al horizonte con expresión concentrada) podrás encontrar frases donde están todos los secretos de la vida y de la muerte; un pasaporte a la eternidad, en fin.
Yo no soy un gran entendido en Cohen, llegúe tarde a él. Bueno, la verdad es que en cualquier momento se llega tarde, porque empieces cuando empieces a asomarte a su mundo, nunca te dará tiempo a cubrirlo entero. Pero eso es también la gran ventaja, porque siempre te sorprenderá.
Me gusta practicar un juego muy sencillo, al alcance de cualquiera que posea conexión a Internete, Emule, unos conocimientos de inglés y un diccionario. Te bajas su discografía y su cancionero (este último accesible, por ejemplo, aquí). Estás sol@, y preferentemente es de noche. Te pones unos auriculares para no distraerte en el momento en que empiece la magia. Y llevas el ratón al interior de los archivos y escoges una canción al azar, con una única condición: si ya sabes fragmentos de alguna, mejor escoge otra, así la novedad es sorpresa. Voy a hacerlo, a ver cuál elijo...
Pues la que me ha llamado ha sido Lady Midnight.Y comienzas a escuchar como la voz grave del judío canadiense empieza a desgranar sus estrofas llenas de sabiduría y pasión, de sangre y sudor y semen y sal, y mientras tus ojos (o a veces tu voz) le acompañan a través de la letra, abrumado por su grandeza, y siempre encuentras la joya –o muchas veces, las joyas-. La que he encontrado yo en esta canción ha sido, en una mala traducción:
Intenté convencerla toda la noche, como tantas otras noches,Qué genio.
Dentro de la orgía musical que supuso la noche de fin de año, hubo una canción que pusieron en el bar, y que era cojonuda. Encuestado, un amigo mío me dijo que no conocía el grupo ni el título, pero que en el video musical salía un niño dando la vuelta al mundo en bicicleta. Alguien se anima? Le envío la canción al que acierte
.
Feliz Año, por cierto!!!
Ayer se me vino a la cabeza, si no por la desesperación que afortunadamente no me posee, sí por esa descripción del deseo salvaje que tan bien describe, y cuyo recuerdo+realidad me asaltó ayer desde la lejanía más cercana posible. Con todo el espíritu y toda la carnalidad, libre, arrollador, hondo y salvaje.
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!.
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!.
Estoy pasando una época fuertemente Calamaro, no puedo negarlo. Y lo tengo puesto de fondo mientras curro, y cada vez que aparto la atención de mis mates y me fijo un poco en las letras, me doy cuenta de que el cabrón del pibe me está leyendo el alma. Hoy he levantado la vista y me estaba tirando a matar:
No sé si prefiero días iguales o días distintos
ya guardé mi instinto asesino en un cajón.
No voy a tomar la ruta de los sacrificios
prefiero el vicio, la música y el amor.
Me voy a Sevilla a una boda en breve, pero antes os dejo tres recomendaciones de pelis que vi la semana pasada y que me gustaron mucho:
-Una historia de violencia. Cine negro de clase suprema pasado por el tamiz estilizado y carnal de Cronenberg.
- Cinco condiciones. Lars von Trier sometiendo a su admirado Jorgen Leth a un juego fáustico donde una gran parte de los niveles conceptuales y técnicos del cine son analizados, subvertidos y, en ocasiones, deconstruidos. Ojo al corto que es el origen del debate.
- Batman begins. Aproximación negrísima a los orígenes del superhéroe, con una mirada notablemente adulta. Nolan vuelve a erigirse en el demiurgo de la neurosis en esta revisión del comic que debe tanto a Frank Miller como a la herencia del noir. Casting espectacular.
Estoy leyendo "El español y los siete pecados capitales", un libro afilado, punzante, sutil y divertido de Fernando Díaz-Plaja. En él, el autor toma como pretexto los famosos deadly sins para realizar una disección sin piedad del carácter y la idiosincrasia hispanas, no dejando, en general, títere con cabeza. Lo malo del libro es que leyendo leyendo, uno se identifica con lo que dice el tío más veces de la cuenta. Y me ha pasado con tanta frecuencia, que me he autoexaminado con un test sobre cómo me considero de pecadorrrr. Ahí va la respuesta, de 0 a 10. Sialguien se anima, esto tiene pretensiones de meme, me gustaría que rulara.
Soberbia: 2
Avaricia: 4
Lujuria: 9
Ira: 6
Gula: 9
Envidia: 5
Pereza: 7
Desde hace un tiempo, leyendo periódicos, navegando por Internet o, simplemente, mirando la tele, sean noticias o cualquier otro programa que esté puesto de fondo, me encuentro con esta tía. Y no sé quién es y creo que es bastante maldita la falta que me hace. Sin embargo, me cabrea verla ahí, me roba mi tiempo aunque no quiera, siempre protagonista de noticias como "A Paris Hilton le han robado la agenda", "Paris Hilton en el desfile de modelos de nosequé" o "Paris Hilton se lía con el cuarto utillero de los Hoskers de Vancouver". Y lo que más me repatea de todo es que todas las noticias que se refieren a ella dan por supuesto que el receptor sabe de sobra quién es, como si fuera el colmo de la incultura y la estupidez no saberlo. Como mucho, en algún sitio he visto referirse a ella como "la heredera", de lo cual deduzco que debe ser hija de los hoteleros; no la veo como descendiente del eminente matemático Peter Hilton, por ejemplo. Así, no conozco ningún motivo para tenerla hasta en la sopa, y que me lleven los demonios si sé lo que ha hecho esta individua para recibir tal cobertura mediática. Por tanto, a la espera de leer "la última gran novela de Paris Hilton", ver "la última obra maestra del séptimo arte, por Paris Hilton" o asistir asombrado a como Paris Hilton encuentra la vacuna contra el cáncer, espero resignadamente el momento de asumir mi equivocación respecto a esta barbie de diseño (o eso parece cuando uno la ve en la tele, aunque con menos atractivo que la vomitona de un leproso), a la vez que mantengo humildemente mi opinión sobre ella, que no es otra que...
¡¡¡QUE LE DEN POR CULO!!!
Desde que doy clase de Estadística (me sigue costando, de todos modos, contestar eso cuando me preguntan en mi Facultad que qué hago y el interlocutor no espera una frase larga) reparo aún más que antes en el tema de las probabilidades, y me doy cuenta de algunas cosas que a veces pasan desapercibidas. Ayer, por ejemplo, volvió a ocurrirme.
Estábamos Rosa y yo en casa de unos amigos, una pareja de gallegos que nos invitaron a comer, con toda la excelencia que ello representa. Cuando concluyó el festín, y tras plantearse la posibilidad de un paseo al aire libre, acabamos viendo fotos de infancia de la chica, M., que tenía tropecientos mil álbumes donde estaba una gran parte de su vida. Y cuando nos pusimos manos a la obra, yo pensé que realmente no sería tan raro encontrar entre las fotos a alguien que yo conociera, y no lo hubiera hecho a través de M. ni de Rosa; añado que esta chica ha pasado su vida entre Pontevedra y Zaragoza, y que sólo vino a Madrid muy recientemente.
Pues bien, ocurrió!!!! En una foto de grupo de chicos de su residencia, apareció una foto de un chaval a quien distingue una mancha en la cara. Tras las correspondientes averiguaciones, llegamos a la conclusión de que era un matemático a quien conocí hace tiempo en un Encuentro de Topología en Pamplona (saludos si me lees). Cada vez me creo más cosas como el "six degrees of separation", una cadena de seis personas tal que cada una conoce a la siguiente puede llevarte a cualquier persona de la Tierra -excluyendo ermitaños y similares, claro-.
Y lo más importante, cuando se acabaron las fotos se montó la timba de mus. ¡¡¡¡POR FIN!!!!
De nuevo alguien a quien he admirado mucho...
Leo asombrado una frase de Gallardón del otro día: "No conozco a nadie que no quede fascinado con las obras de la M-30". Le diría a este individuo que las puñeteras obras de SU M-30 me han hecho perder ya varias horas de mi vida en la entrada/salida del Intercambiador de Moncloa. Que si quiere conocer gente que tenga otro sentimiento hacia SUS obras que se pase una mañana cualquiera por el carril Bus-Vao, o por el rally del sur, o por tropecientos mil sitios de este bendito Madrid, y verá qué cositas más hermosas se encuentra: "Más que fascinarme, me joden, me retrasan, me joroban, me hacen la vida imposible, me obligan a jugármela cada vez que cojo el coche, me enfadan, me soliviantan, me cabrean, me tocan los huevos..." Hay que vivir en una mundo de colores de coches oficiales y adulación para poder decir eso, vamos. Y ser megalómano. Y cínico.
Me sé de uno a quien cuando vivía fuera de Madrid este tipo le era simpático, y que se va a empadronar en Madrid con el único y exclusivo motivo de darle su voto a la opción que más posibilidades tenga de echarle de la alcaldía en las próximas elecciones. Para que se vaya a hacer obras a su puta casa, a ser posible a la vez en la cocina, en el salón, en la salita, en el cuarto de baño, en el pasillo y en los dormitorios. 24 horas al día, como en ciertos sitios del sur de la ciudad. A ver si así se da cuenta de cómo nos está obligando a vivir.
Una cosa que sabe poca gente de mí y aun menos recuerda, es que muchas veces que voy andando solo por la calle voy entre pensativo y atontado, ejecutando autismos, ejercitando memoria, imaginando historias de los viandantes y, en definitiva, fuera del mundo. Nada preocupante, pues estas cosas me acompañan desde hace veintinueve años, y aquí he llegado. Sin embargo, he de reconocer que últimamente las cosas están llegando a ejemplos preocupantes, y no sé si me estaré volviendo un poco tarumba.
Por ejemplo, el otro día, cuando voy a salir de la Uni, vi a una chica con el pelo largo, camisa blanca y pantalón malva; y mirando dos metros más allá, otra había con las mismas características. Y yo pensé, claro: “debe de haber un espejo en el medio”. Pero un momento después, cuando cada una empezó a moverse de modo diferente de la otra, mi pensamiento no fue “Ah son dos chicas distintas”, sino “Qué espejo tan extraño, antes no funcionaban así”, y en esa ensoñación estuve hasta que entró la racionalidad varios segundos después.
Más; salgo del concierto de Calamaro del que hablé ayer, y en el pasillo de Metro Goya (inolvidables las reproducciones de aguafuertes que lo adornan, por cierto) veo delante de mí a un tipo bastante alto y grandote, con el pelo corto, andando junto a un compinche. Cuando giró la cabeza en un típico gesto de asentimiento y pude entrever su piel morena y sus rasgos toscos, me dije: “anda, si soy yo que voy ahí delante”. Y otra vez tardé un buen reparar “coño, pero si ese es yo, quién soy yo?”. Y uno, que tiene la cabeza llena de Hombres Duplicados, Cómo ser John Malkovich y dobles de Borges, o descansó hasta ponerse a la altura del sujeto y confirmar lo, por otra parte, evidente: era otro.
Y el día siguiente estuvo a punto de ser el colmo, pero me salvó la campana. Volviendo a casa del cine con Rosa, vemos en una calle desierta a un chico andando en nuestra dirección. Cuando se acerca y nosotros vamos a girar, miro la cara y me parece alguien que había conocido el día anterior. Le llamé por su nombre, y en el escaso tiempo que tardó en girarse se me pasó por la cabeza “pero cómo es posible esto, es probabilísticamente imposible que en todo un Madrid me cruce otra vez con él, Dios mío qué me ocurre, veo visiones, ducha fría ya!”.
Pero, cosas de la vida, era él. Los loqueros tendrán que esperar.
El sábado pasado estuve en el concierto de que dio Calamaro en el Palacio de los Deportes. Algunos que me conocen realmente bien saben lo que ha significado este artista para mí, sobre todo en algunos momentos oscuros de mi vida; de hecho, escuchando su discazo Honestidad Brutal me parecía en ocasiones que el pibe me estuviera leyendo el alma de arriba abajo. Por ello, era uno de los pocos escogidos en mi lista mental de “gente a la que tengo que ir a un concierto suyo antes de morirme para que mi vida esté realmente completa”; lista en la que por cierto, aún están Morrissey y Leonard Cohen como presencias más relevantes (este último será difícil ya, por cuestión de edad), y ya fueron tachados en su momento Springsteen, Sabina, Coldplay y los Planetas.
El concierto fue majestuoso. Andrés, mucho menos puesto que de costumbre –o eso parecía- fue desgranando un repertorio esencialmente tranquilo, fundamentado en su última y maravillosa etapa en solitario. Aunque su cálida voz dota de una cierta uniformidad a todas sus interpretaciones, al terminar uno repasaba y se daba cuenta de que había escuchado blues, tango (inolvidable el clásico Por una cabeza con los dedos superdotados del niño Josele a la española, bossa nova, y, por supuesto, rock. Manejando los tiempos como se supone en un artista de su veteranía, comenzó moviendo a su público con la fuerza de “El cantante” y la crecida de “El salmón”, para adentrarse luego en territorios más íntimos y recónditos. Inolvidable la sincopada y dylaniana “Clonazepán y circo”, la balada “Libertad”, dedicada a todos los presos de España y Argentina, o la ya inmortal Flaca, cuyo pegadizo ritmo de organillo, cantado por todo el pabellón puesto en pie, puso fin a la “sección oficial” del concierto. Comenzaron los bises con una sucísima versión de “Alta suciedad”, luego otra canción más, para concluir haciendo un guiño a sus fans más veteranos con dos clásicos de los Rodríguez, “Mi enfermedad” y “Sin documentos”, bien conocidas en España. Aunque la gente esperó en vano un ratito más, las voces de Gainsbourg y Jane Birkin por megafonía cantando Je t’aime (ma non plus) nos avisaban de que había llegado la hora de irse.
Por cierto, de la “otra canción” de los bises no he dicho el título porque quería comentarla un poquitín. Fue la fenomenal “Paloma”, y con el comienzo de sus acordes se me formó un nudo en la garganta que no me soltaría hasta el final, y que no me impidió cantarla como si me fuera la vida en ello. Comprendo que Andrés tenía que acabar con sus clásicos y se debe a su audiencia, pero a mí las dos últimas me sobraron. Hubiera preferido irme a casa aún rumiando infinita nostalgia concreta:
“No te preocupes paloma
pero otras dos han venido...”