Las diez reglas que regulan los casos de homicidio:
Es un pequeño lugar en el Oceano Pacífico. ¿Sabes lo que dicen los mexicanos del Pacífico? Que no tiene memoria. Allí quiero vivir por el resto de mi vida. Un sitio cálido que no tenga memoria. Abrir un pequeño hotel en la playa. Comprar un barco antiguo y dejarlo como nuevo. Sacar de paseo a mis huéspedes para ir de pesca... Sabes, en un sitio como ese, necesitaría a un hombre que sepa como conseguir cosas. Hay un gran campo cerca de Buxton, uno en particular. Tiene una pared larga de piedra con un roble enorme al final. Parece algo sacado de un poema de Robert Frost. Allí fue donde le pedí a mi esposa que se casara conmigo. Fuimos allí de picnic e hicimos el amor bajo ese roble, le pregunté y me dijo que sí. Prométeme Red que si algún día sales de aquí buscarás ese lugar. En la base de la pared encontrarás una piedra que no tiene nada que hacer en un campo de Maine. Un pedazo de piedra volcánica negra. Hay algo allí enterrado que quiero que tengas. Querido Red, Si estás leyendo esto es porque has salido. Y si has venido tan lejos, tal vez estés dispuesto a ir aún más lejos. Recuerdas el nombre del pueblo ¿no? Me haría bien contar con un buen hombre que me ayude a echar a andar mi proyecto. Estaré a la espera de tu llegada con un tablero de ajedrez preparado. Recuerda Red, la esperanza es algo bueno, tal vez lo mejor que hay y las cosas buenas nunca mueren. Espero que esta carta te encuentre y te encuentre bien. Tu amigo, Andy.
Imponente artículo y video sobre los huéspedes que pueblan el organismo:
http://noticias.lainformacion.com/ciencia-y-tecnologia/ciencias-general/que-nos-come-por-dentro_SmFvxfd4wguIWZd2KdACc4/
Comentario aparecido en Menéame sobre el artículo de Bardem a propósito de la Ley Sinde:
Javier Bardem quiere «comprar un tomate fresco». Para usar el paralelismo con la industria cultural, Javier debería acudir a una tienda en la que tras pasar por sucesivas manos, el tomate ha incrementado su valor de manera artificial, repercutiendo en el horticultor en menos del 0,1 % de su valor de venta. Son otros, los intermediarios, los que han cobrado más, en muchos casos tan solo por cambiar la pegatina que viene puesta en el tomate. Algo que, por desgracia, no dista mucho de la realidad del mercado de la agricultura --y de la pesca, y de la ganadería...--.
Pero ahora viene la gracia. Javier Bardem no puede compartir ese tomate que acaba de comprar con nadie más, pues de lo contrario la Sociedad General de Agricultores y Especuladores se cabreará con él y lo llamará ladrón: «¡Quien quiera un tomate que se lo compre! ¿Qué es eso de compartir?».
Tampoco puede alterarlo en cualquier forma que no haya sido expresamente autorizada por el horticultor. De hecho, su intención de usarlo para hacer gazpacho se considera un uso no autorizado, y la Sociedad General de Agricultores y Especuladores la condena, llegando a denunciar al comprador si se hace pública la manipulación no autorizada: «El gazpacho, como resultado de la manipulación del tomate entre otros productos, es algo que sólo nosotros, como creadores del tomate original podemos realizar, ya que ese derecho es nuestro. Cualquier manipulación realizada por terceros sin nuestra autorización es una violación de nuestros derechos, y debe ser castigada».
Para colmo, Javier Bardem tampoco puede comerciar con el tomate que acaba de comprar. Si fuera el caso de que tuviera un restaurante donde sirviera ensaladas de tomate --plato que debería contar con la autorización de la Sociedad General de Agricultores y Especuladores--, debería pagar otra vez al horticultor por el lucro cesante que le supone que los clientes de su restaurante vayan a comer un tomate allí, en lugar de comprar otro para ellos. Incluso si el horticultor acuerda no cobrar por este uso, la Sociedad General de Agricultores y Especuladores le cobrará una compensación por tal uso no autorizado.
Por si esto fuera poco, al día siguiente Javier Bardem descubre que tiene que seguir pagando por el tomate que compró ayer, pues los derechos que reconocen el esfuerzo del horticulor estipulan que hay que pagarle por este trabajo hasta más allá de su muerte. Al fin y al cabo él trabajó para producir ese tomate, él plantó la semilla, y día tras día cuidó del crecimiento de la planta, alimentándola cuando lo necesitaba, protegiéndola cuando se debía, hasta el momento de poder recoger su fruto: el tomate. Y ese trabajo debe ser recompensado toda la vida, porque al fin y al cabo, una vez que Javier Bardem ha consumido ese tomate, su organismo se ha beneficiado de él, y ese beneficio para Javier Bardem puede durar años.
Por supuesto este pago Javier Bardem no lo tiene que realizar directamente. No es un impuesto, sino un cobro de derechos, en lo que todo aquello que esté relacionado con el tomate que compró ayer incluirá el pago al horticultor.
De hecho, para proteger el trabajo del horticultor, se ha prohibido que cualquiera pueda producir tomates iguales o razonablemente parecidos a los que compró al horticultor. Por eso no se venden semillas de tomates de ese tipo. Y como aun así es posible que Javier Bardem las obtenga del propio tomate, para reducir el perjuicio ocasionado al horticultor, la Sociedad General de Agricultores y Especuladores ha logrado que se apruebe la inclusión de un canon compensatorio en todos aquellos productos que pudieran facilitar que cualquiera produjera tomates similares a título privado. Este canon se puede encontrar en el abono, el agua, las mangueras, las regaderas, los maceteros, los tiestos, los sistemas de aspersión, las palas, los rastrillos, las carretillas, las azadas y en general cualquier herramienta de agricultura y jardinería, los plásticos y estructuras de posible uso para la construcción de invernaderos, etc.
Por suerte para Javier Barden hay un grupo de personas que consideran que esta situación es un abuso, y han creado sus propias huertas, donde venden los tomates sin todas las restricciones que se han citado, permitiendo su uso y consumo como mejor le parezca al comprador, y destinando prácticamente todo el dinero cobrado al propio horticultor.
Otras personas han creado huertas públicas, donde el cuidado y el mantenimiento de los productos de la huerta es responsabilidad solidaria de todos, y todos pueden disfrutar libremente de los resultados.
En algunos casos las tomateras son el producto de las semillas de los tomates obtenidos a través de la compra a los horticultores tradicionales, y eso ha cabreado a la Sociedad General de Agricultores y Especuladores, porque dicen que eso es piratería, que se están aprovechando del trabajo de sus horticultores, e incluso están en algunos casos obteniendo beneficios por ello.
Así, la Sociedad General de Agricultores Y Especuladores, junto con otros colectivos afectados como Proagripescae, han denunciado en varias ocasiones a los que mantienen dichas huertas. En algunos casos incluso han tratado de crear la idea de que su actividad es más delictiva si cabe porque cobran por otros servicios a quienes acceden a sus huertos a por los productos que allí se disponen gratuitamente.
Por fortuna los jueces, que aun tienen algo de sentido común, siempre han sentenciado a favor de las personas encargadas de las huertas. Esto ha molestado a las sociedades mencionadas, que han movilizado a los horticultores para que protesten y presionen con el objetivo de aprobar una ley que permita cerrar esas huertas sin necesidad de que lo ordene un juez.
¿Qué piensa Javier Bardem de que un colectivo que es parte del conflicto pueda decidir si cierra o no una huerta pública sin requerir la acción de un juez?
¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era...
Miradme.
Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe como fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.
Y, sin embargo, yo era...
Miradme.
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
Juan Ramón Jiménez
Salí de capitán Haya y comencé a bajar paralelo a la Castellana, enviando un mensaje a la vez que me cruzaba con bastante gente y grupitos de amigos que subían a Avenida del Brasil. Así llegué hasta la avenida del general Perón, donde hice un giro a la derecha y admiré el extraño decorado de soportales, edificios colocados casi al azar y luces invitando para sospechosos lugares subterráneos. Durante unos minutos iba una chica delante de mí que afortunadamente no se asustó. Turn left ahora para andar un rato por Orense, pasando por la puerta de un restaurante griego en el que creo que estuve hace mucho tiempo y una discoteca latina con la puerta llena de gente cuya existencia desconocía. Pasaban muchos taxis, lo cual es siempre un seguro de vida, y también me crucé con una pareja de sudamericanos, cogidos de la mano, que me llamaron la atención por lo pequeñitos. Al terminar Orense continué un poquito por Modesto Lafuente, donde iban por la acera opuesta un par de chicas que parecían de recogida, y giré a la derecha en Maudes, justo en la puerta de un discopub. Primera a la izquierda Alonso Cano, tan desierta como llena de gente la he visto en ocasiones, y nuevo giro en María de Guzmán. Allí vi a una chica gordezuela que salía de una casa con cara de felicidad –no quiero pensar que vendría de hacer, o quizá sí quiero pensarlo- y no me metí por Robledillo porque no se veía salida al frente. En su lugar, giré a la izquierda en Ponzano, y volví a preguntarme por qué en esos lugares tan llenos de bares de día no meten alguno de noche. En esta calle sí hice un buen tramo, y me acojoné un poco cuando un individuo alto y estilizado, negro, de movimientos algo arbitrarios y silueta imponente se dio la vuelta donde yo estaba. Mientras yo seguía adelante por el centro de la calzada, él se metía en un portal. En Bretón de los Herreros volví a girar a la derecha, y otra vez izquierda por Santa Engracia hasta José Abascal, territorio más familiar ya. Ahí giro derecha, termino la calle, veo una parejita que me llama la atención –vaya lugares para ponerse a dialogar- y continúo por Cea hasta llegar a Vallehermoso. Giro izquierda, número 80, arriba y a acostarme. Las 4:20, no estuvo mal.
Os dejo un texto que me ha dejado impresionado del sensacional libro "Una breve historia de casi todo", que acabo de terminar y que debería ser de lectura obligatoria.
El bipedismo es una estrategia exigente y arriesgada. Significa modificar la pelvis, convirtiéndola en un instrumento capaz de soportar toda la carga. Para preservar la fuerza necesaria, el canal de nacimiento de la hembra ha de ser relativamente estrecho. Eso tiene dos consecuencias inmediatas, muy importantes, y una a largo plazo. Significa en primer lugar mucho dolor para cualquier madre que dé a luz y un peligro mucho mayor de muerte, tanto para la madre como para el niño. Además para que la cabeza del bebé pueda pasar por un espacio tan pequeño tiene que nacer cuando el cerebro es aún pequeño, y por tanto, mientras el bebé es aún un ser desvalido. Eso significa que hay que cuidarlo durante mucho tiempo, lo que exige a su vez un sólido vínculo varón-hembra.
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