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Hoy robo. Magnífico texto de Boyero sobre los finales de algunas películas:
Connery cantando su himno antes de ser despeñado del puente, ante la conmovida y orgullosa mirada de Caine en El hombre que pudo reinar. El jocoso e irrebatible "nadie es perfecto" de Con faldas y a lo loco. La despedida entre el Gordo y Eddie Felson, la negativa suicida de éste a pagar la lacerante deuda a su socio capitalista, la seguridad de que ya no es un perdedor aunque le espere el destierro y la ruina en El buscavidas. La puerta que se va cerrando y que deja sin causa y en definitiva soledad a Wayne en Centauros del desierto. Bacall despidiéndose del pianista, del brazo de Bogart y con Brennan llevándoles las maletas en Tener o no tener. La enloquecida Gloria Swanson bajando por las escaleras mientras que Stroheim grita "acción" en El crepúsculo de los dioses. El desolado Nino Manfredi diciéndole a José Isbert que nunca volverá a matar a un reo y éste respondiéndole con escepticismo: "Eso dije yo la primera vez" en El verdugo. Viridiana, su primo y la criada jugando a las cartas en Viridiana. Paco Rabal aceptando la manzana mientras que empiezan a sonar los tambores de Calanda en Nazarín. Diane Keaton observando el tributo de los soldados al marido que le ha mentido, al nuevo rey, en El Padrino. La mirada rota de Pacino, sentado en un jardín invernal, recordando con dolor, en la segunda parte de El Padrino. Cable Hogue, el superviviente a ese desierto en el que encontró agua milagrosa, aplastado por el primer coche que ha visto en su vida en La balada de Cable Hogue. El dolorido relato que le hace a su estupefacto marido Anjelica Huston, en una noche nevada, sobre el perdido y verdadero amor de su vida en Dublineses. El paseo de Pike Bishop y su banda hacia el baño de sangre propia y ajena, reclamando a su amigo y sabiendo que van a morir en Grupo salvaje. La transformación de la llorosa cara de Mia Farrow viendo bailar en la pantalla a Fred Astaire y Gingers Rogers en La rosa púrpura de El Cairo. El desesperado Brando persiguiendo por la calle a su último y asustado tren vital en Último tango en París. Romy Schneider pronunciando el temido "te amo" al apaleado Fabio Testi en Lo importante es amar. Y el más grandioso y lírico que se ha inventado el cine. Ocurre en un aeropuerto con niebla, en una ciudad llamada Casablanca.
Anoche terminamos los Soprano. Está al nivel del Padrino, con lo que queda dicho todo.
Para excitar la curiosidad de algún profano que encontré el sábado por la noche, y para que los iniciados se refocilen en el recuerdo, dejo aquí el famoso test Voight-Kampff de Blade Runner. Para los primeros, recordar que se trata de una prueba para ver si el que contesta es un hombre o un robot (replicante, en el argot de la pinícula). Deckard es el testador, Rachel la testada, y Tyrrell el constructor de los replicantes.
[ Deckard ajusta la máquina de Voight Kampff ]
Deckard: Eso no afectará al test. Bien, le voy a hacer una serie de preguntas. Relájese y contéstelas lo más sencillamente que pueda. Es su cumpleaños y le regalan una cartera de piel...
Rachael: No la aceptaría. Y, además, denunciaría a la policía a la persona que me la regalara.
Deckard: Tiene un hijo. Éste le enseña su colección de mariposas y un frasco de arsénico.
Rachael: Le llevaría al médico.
Deckard: Está viendo la televisión. De repente, se da cuenta de que una avispa le sube por el brazo.
Rachael: La mataría.
Deckard: Está leyendo una revista y se encuentra con la fotografía de una mujer desnuda.
Rachael: ¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?
Deckard: Conteste a las preguntas, por favor. Se la enseña usted a su marido y a éste le gusta tanto que la pone en la pared de su dormitorio. ¿Se enfadaría?
Rachael: No le dejaría.
Deckard: No le dejaría. ¿Por qué no?
Rachael: Debo ser suficiente para él.
[ El tiempo discurre en el despacho de Tyrell ]
Deckard: Una pregunta más. Está viendo una obra de teatro. Tiene lugar un banquete en el que los invitados se deleitan con un aperitivo de ostras vivas. El primer plato consiste en perro cocido.
[ La máquina de Voight Kampff emite una señal visual que sólo Deckard parece advertir ]
Tyrell: ¿Quiere usted salir un momento, Rachael? Gracias.
[ Rachael sale del despacho ]
Deckard: Ella es una replicante, ¿no es así?
Tyrell: Estoy impresionado. ¿Cuántas preguntas son las normales para detectar a uno?
Deckard: No le comprendo, Tyrell.
Tyrell: ¿Cuántas... preguntas?
Deckard: Veinte, treinta..., según el tipo.
Tyrell: Le ha costado más de cien con Rachael, ¿no es así?
Deckard: ¿Ella no lo sabe?
Tyrell: Está empezando a sospechar, creo.
Deckard: ¿Sospechar? ¿Cómo puede no saber lo que es?
Tyrell: El comercio es nuestro objetivo aquí, en la Tyrell. Y nuestro lema, «más humanos que los humanos». Rachael es un experimento, nada más. Empezamos a percibir en ellos extrañas obsesiones; después de todo, son inexpertos emocionalmente, con unos años para almacenar las experiencias que usted y yo damos por supuesto. Si les obsequiamos con un pasado, creamos un apoyo para sus emociones y, consecuentemente, podemos controlarlos mejor.
Deckard: Recuerdos, usted habla de recuerdos.

Anteanoche estaba viendo en el portátil uno de los capítulos de House que todavía no ha estrenado Foz, concretamente “One day one room”, el primero tras la resolución del asunto Tritter. Los episodios los veo en inglés con subtítulos en castellano, y de acuerdo con mis posibilidades, en las escenas no-médicas intento escuchar lo que dicen más que leer en la pantalla (las otras no se entienden ni en español). Pues estaba comenzando la historia, y aunque uno no se fije demasiado en ello, durante los primeros minutos salen un sinfín de títulos de crédito en los que uno no suele fijarse porque suele estar atento a la trama. Así que esta era la situación mientras se desarrollaba la primera discusión entre House y Cuddy, cuando de repente mi inconsciente registró algo extraño, chirriante, como si hubiera ocurrido algo absurdo. No sabía decir qué fue, pero el clac! en mi cerebro fue diáfano. Intrigado, rebobiné un poco, y en los títulos de crédito estaba la –para mí- incongruencia: Directed by Juan J. Campanella.
Para los que no lo conozcan, Juan José Campanella es el director de la trilogía urbano-sentimental de Argentina “El mismo amor, la misma lluvia”, “El hijo de la novia” y “Luna de Avellaneda”, tres buenas películas, alguna excelente, pero que en mi ordenamiento cerebral se encuentran a catorce mil kilómetros del Hospital Plainsboro y el genial cojo cabrón. Anonadado, me fui de cabeza al Imdb, a ver si es que se había dado la coincidencia de que hubiera otro director afincado en Hollywood cuyo apellido coincidiera. Pero no, ahí aparecía el director, orondo y calvete con su perilla, y acreditado el capítulo correspondiente, junto con otros de “Ley y orden”, “Six degrees”, “30 Rock” y “The Puncher”. Vivir para ver.
Sin embargo, y esto es lo bueno, el capítulo de House tenía la impronta del argentino. Era interesante, bastante emocional y con una estructura diferente a la mayoría de los capítulos de la serie. Muy recomendable.
Últimamente ando con mi (escasa) creatividad al servicio del problema de levantamientos de que he hablado en un post anterior, lo cual repercute en mis apariciones en el blog –de hecho, está repercutiendo en mi sociabilidad exterior e interior mucho más de lo que quisiera-. Sin embargo, hoy se me ha venido a la cabeza que podía hacer una pequeña aportación a Internet, en forma de las respuestas estándar que uno puede dar a preguntas del tipo ¿qué película has visto hoy? y que he ido recopilando a lo largo de los años. Los que me conocen y estén leyendo esto seguro que ya tienen alguna respuesta en la cabeza ;) He mirado en el Google a ver si alguien había escrito algo sobre el particular, y sólo he encontrado un artículo en la Frikipedia que por un lado es incomprensible, y por otro olvida algunas y ofrece unas nuevas que no están a la altura. Ah, bueno, y otro motivo para ponerlas aquí es que no se me olviden, que el otro día intenté recordar las seis míticas y se me había olvidado una. Afortunadamente, la concentración y la ayuda inolvidable de Rosa me ha permitido recuperar la lista completa. Ahí va, a cual más estimulante:
- Las lágrimas de un chorizo
- Dos pistolas para un manco
- Detrás del último no va nadie
- La patata viajera
- La bala que requetevolvió la esquina
- La maté con un mollete.
Acabo de terminar de ver Sabrina, y como cada vez que contemplo a Audrey Hepburn, he pensado que el hecho de que ella haya podido desaparecer es una señal inequívoca de que este mundo está mal hecho.
El otro día estaba en Manresa charlando con un amigo, y la conversación derivó hacia el cine, como por otro lado es bastante habitual. De pronto, recordé como en otra charla previa, otro colega y yo habíamos coincidido de forma inmediata en que nuestra película favorita de los últimos 20 años era Memento (de la cual ya he hablado aquí hace tiempo). Mi interlocutor en ese momento me dijo que no estaba para nada de acuerdo, y que veía al menos dos que estaban por encima: LA Confidential y Sospechosos Habituales. Así que decidí hacer una micromacroencuesta vía SMS para conocer la opinión de bastantes amiguetes sobre el tema.
La verdad es que me sorprendió la elección de Pulp Fiction, no porque opine que sea mala (de hecho, me parece de lo más rompedor que he visto y, además, luego ha demostrado su brutal influencia en el cine posterior) sino por la unanimidad de mis amiguetes. La ventaja que le sacó a la segunda, El Señor de los Anillos –unos la votaron entera, otros sólo alguna parte- fue sustancial, y la distancia entre éstas y cualquiera de las demás también fue sideral. Quería poner la lista de las que recibieron al menos un voto o fueron mencionadas, pero creo que la he perdido. Seguro estaban Solas, Esencia de mujer, Amélie, El paciente inglés, Requiem por un sueño, Dogville, Cyrano, Chasing Amy, Un lugar en el mundo, Sin perdón (esta tuvo varios votos), Fargo, La lista de Schindler, Matrix, Reservoir dogs, Bailando en la oscuridad, Gosford Park...
¿¿Alguna más??

Hacía alrededor de cinco años que no los veía, y hoy ha llegado el momento. Otra vez ese amanecer en el burdel, silencios y miradas. Y ese “Vamos a por él”, a rescatar al amigo torturado, su cuerpo exánime y sangrante. La convicción en los ojos de todos de que ese viaje era de no retorno, una lotería a vida o muerte sin boletos, asumida con la misma despreocupación con la que habían vivido. La despedida de esas putas que ya vieron la negrura en la mirada de los cuatro.
Dos insoportables minutos en que las cámaras les siguen bajo ese sol abrasador, en un pueblo anónimo, en una frontera que podría ser cualquiera. Toda la desolación del mundo está reflejada en la extraña apostura de estos caminantes decididos, representantes de un mundo que ya no existe, solos ellos con su libertad. Nunca vista tanta promesa de violencia como en esos fusiles sostenidos con aire desgarbado, pero firme; nunca salió tanto olor a matanza de una postal aparentemente tan pacífica.
Y lo más sorprendente es que cuando finalmente Pike, Dutch, Lyle y Tector llegan a la presencia de Mapache y ven delante de sí cómo su camarada es apuñalado cobardemente en la garganta, la orgía de sangre y muerte que se desencadena consigue superar la más siniestra de nuestras expectativas. Nada ahorra Peckinpah en estos cinco minutos para la historia del gran cine: ni el asesinato en masa, ni las mujeres usadas como escudos humanos, ni la agonía cruel de nuestros cuatro hombres, filmada con detalle escalofriante. Nadie ha retratado la violencia como él en ese final inolvidable: ese montaje frenético (cortesía también de Lou Lombardo) a las alturas de Marienbad o Memento, las subhistorias dentro de la propia masacre, la alternancia jamás igualada de cámara normal y lenta, la deconstrucción de la secuencia y consiguiente dilatación del tiempo fílmico hasta niveles inimaginables... Muchos lo han intentado después, pero el legado del maestro de Fresno continúa incólume. Como el recuerdo en mi cabeza de cuatro valientes.
¿Que no os creéis que sea para tanto? Pues echad un vistazo aquí.
Hacía mucho tiempo que quería saber cómo Orson Welles había sido capaz de rodar Ciudadano Kane (que a mí me parece LA obra cumbre del Arte del siglo XX, y nótese el artículo determinado) con 25 años. Quiero decir, cómo a esa edad, en que para la mayoría de las personas la vida aún está empezando, consiguió acumular tanto el bagaje técnico como vital para realizar una empresa de tamaña envergadura.
A tal efecto, saqué de la Biblioteca hace unos días una biografía del autor, obra de un tal Santos Zunzunegui, que se centra especialmente (aunque no siempre) en su forma de hacer cine. Aunque por momentos se vuelve demasiado teórico, el libro es muy interesante; lo estoy leyendo a salto de mata, de metro en metro, y hoy debo devolverlo, pero antes quería dejaros aquí algunas cosillas que figuran en él y que me han llamado bastante la atención.
Para empezar, dos pistas que nos aproximan a la solución al problema. Por una parte, el genio innato de Welles, pues en el Madison Journal del 26 de Febrero de 1926 aparece la siguiente nota, referida al maestro de Kenosha “Dibujante, actor, poeta… y sólo tiene diez años”. Por otra, la especial formación que recibió, pues se educó en la Todd School, una institución donde se estimulaba desde el comienzo la creatividad de los chicos, y donde el teatro gozaba de un papel preponderante. Así pudo obtener los necesarios conocimentos de puesta en escena, actuación, escritura, etc., que luego aplicaría con sin igual fortuna. Consta que participó en su primera obra a los doce años (¡¡¡y ya colaboraba con un periódico!!!), dirigía un montaje shakesperiano a los quince, y a los veinte montaba un Macbeth con actores negros en Broadway que le ponía en el punto de mira de la vida cultural americana. Esto y su famosa retransmisión por radio de una supuesta invasión marciana, que aterrorizó al personal, le convirtieron en un personaje famoso, y todo influyó para que la RKO le diera prácticamente carta blanca para rodar su primera película. Ciudadano Kane.
Me ha resultado también muy interesante la descripción del encuentro de Welles con dos de los personajes clave de la cultura del siglo pasado, D.W. Griffith y Ernest Hemingway. Dejemos que el propio Welles cuente el primero:
“Me encontré con Griffith una sola vez, y no fue un encuentro feliz. Fue en una cocktail party […] El cine, que él había virtualmente inventado, se había convertido en un producto […], y en la cadena sin fin de las mastodónticas fábricas cinematográficas no había sitio para él. Era un exiliado en su propia ciudad, un profeta sin honores, un artesano sin herramientas, un artista sin trabajo. No me extraña que me odiara. Yo, que nada sabía sobre el cine, había conseguido la mayor libertad jamás otorgada en un contrato de Hollywood. Era el contrato que él se merecía […]
Estuvimos de pie mirándonos como a través de un abismo sin esperanza. Yo le amaba y le veneraba, pero él no necesitaba un discípulo, necesitaba un trabajo. Nunca he odiado realmente a Hollywood a no ser por el trato que dio a Griffith. Ninguna ciudad, ninguna industria, ninguna profesión ni forma de arte deben tanto a un solo hombre. Todo director que le ha seguido no ha hecho más que eso: seguirle. […] Pero fue más que un padre fundador y un pionero, pues sus obras perduran […] Las películas de Griffith están hoy mucho menos viejas de lo que estaban hace un cuarto de siglo, cuando fracasé tan rotundamente en expresarle lo que significaba para mí, para todos nosotros. He vuelto a fracasar ahora. Está más allá del tributo.”
El encuentro con Hemingway, sin embargo, fue incluso cómico. Cuando se encontraron, Welles debía rodar algo sobre texto del escritor, que como de costumbre estaba medio borracho. Como no se ponían de acuerdo, Hemingway llamó marica a Welles, y este le respondió haciéndole gestos afeminados. Con el material de Welles ya rodado sobre la guerra civil pasando al fondo, ambos se liaron en una pelea colosal, sillas en ristre. Al final, acabaron abrazados y bebiéndose otra botella de whisky a medias. Tremendo.
Y nada, como ya se está haciendo algo largo este post, os dejo con algunas brillantes opiniones de Welles que vienen al final del libro. Antes, sólo recomendaros que veáis sus películas. Aparte del Ciudadano, Sed de mal, El tercer hombre, El proceso, los Ambersons… Fue el número uno.
“Un director ha de tener el rigor de tirar al cesto sus planos más hermosos. Muchas películas se estropean porque el director no soporta la idea de prescindir de algo que sólo es bello. Y esa no es una buena razón para conservarlo en la película. Hay que ser implacables con el propio material. Una película se hace tanto con lo que se tira como con lo que se queda.”
“Creo que a la gente se le debería enseñar cualquier cosa excepto cine. Lo que a un estudiante de dirección debería enseñársele es tanta de nuestra cultura como fuera capaz de sintetizar. Síntesis, no especialización. A la hora de hacer un filme para el mundo actual, debemos empeñarnos en comprender de la mejor manera posible los avances humanos en los últimos veinte años. Me vuelvo loco pensando en las cosas que deberían enseñarse en vez de seminarios sobre Howard Hawks, Orson Welles o cualquier otro.”
“Un maverick [solitario, esencialmente] puede seguir su propio camino, pero no piensa que sea el único, no pretende que sea el mejor-excepto para sí mismo. Y no imaginéis que este canalla bohemio pretende ser libre. Simplemente, algunas de las necesidades de las que soy esclavo son diferentes de las vuestras.
Como realizador, por ejemplo, me financio con mis trabajos de actor. Utilizo mi propio trabajo para subvencionar mi trabajo. En otras palabras, estoy loco. Pero no lo bastante loco para pretender ser libre. Es un hecho que muchos de los filmes que habéis visto no habrían podido hacerse de orto modo. O si se hubiesen hecho de otro modo quizás serían mejores. Pero no habrían sido míos.”
“El público cinematográfico no existe. Está formado por doscientos bereberes del otro lado del Atlas. Por un grupo de intelectuales de la cinemateca de Atenas. Por setecientos burgueses que han votado por Nixon. Por una única persona que mira la televisión. El público no existe. Y mi fragmento de celuloide yo lo escribo para la posteridad, en la que habrá otras combinaciones de públicos que no se pueden prever. […] El público del cine es inimaginable; el sesenta por ciento, por ejemplo, no escuchará jamás nuestras palabras porque la película se doblará. Quizás diez millones la vean más tarde, cuando todos estemos muertos”. Son pobres, son ricos, son mayores, son jóvenes. No sabemos lo que es el público del cine, y no podemos hacer, por tanto, más que aquello en lo que creemos.”
He visto esta mañana un curioso post de Lola en el cual os invita a decir pelis de las cuales borraríais los últimos cinco minutos, pues la estropean. A mí se me ha ocurrido el problema inverso, en cierto modo: buscar películas cuya última frase sea inolvidable. Alguien se anima? Aquí dejo unas pocas, las que se me han ocurrido…
- Nadie es perfecto (Con faldas y a los loco).
- No me salía la cuenta (La muerte tenía un precio).
- Francamente, querida, me importa un bledo (Lo que el viento se llevó).
- Queda detenido en nombre de la Ley (M, el vampiro de Düsseldorf).
- Me tomaré una copa (Los Intocables de Elliot Ness)
- Tiene que convencerles de que sólo ha sido un juego (La huella)
- Me queda una cosa que me llevo. Cuando entre en el casa de Dios brillará intensamente mientras diga mi adiós. Algo que, inmaculado, meteré en un arrullo y me llevaré para siempre. Y es… mi orgullo (Cyrano de Bergerac).
- Esto es el comienzo de una bella amistad (Casablanca).
- Señor Rusk, no lleva usted corbata (Frenesí).
- Y así… desaparece (Sospechosos habituales).

Todos los clientes se han ido. Las luces del local están
apagadas.
Rick está sentado a una mesa. Tiene enfrente una botella de
bourbon y un vaso medio lleno. De igual modo hay otro vaso
vacío frente a una silla también vacía.
Llena el vaso y se lo bebe de un trago.
Rick se limita a estar sentado, sin mirar a ninguna parte.
Su rostro no muestra la más mínima expresión. La luz del
faro del aeropuerto barre continuamente el salón, lo que
crea una sensación de ambiente irreal.
Sam entra en el salón y se queda de pie junto a él, sin
atreverse a hablar.
SAM
Jefe.
Rick sigue bebiendo, sin hacerle caso.
SAM
¡Jefe!
RICK
¿Qué?
SAM
¿No se va a la cama?
RICK
No, ahora no.
Sam se da cuenta de que Rick está de muy mal humor.
SAM
(con intención de animarle)
¿Y no piensa hacerlo en un futuro
próximo?
RICK
No.
SAM
¿No piensa acostarse nunca?
RICK
No.
SAM
Pues yo tampoco tengo sueño.
RICK
Ven, anda, echa un trago.
SAM
No. No quiero, vámonos.
RICK
Bien, pues quédate sin echar un
trago.
SAM
Jefe, tiene que salir de aquí.
RICK
(enfático)
No, señor. Estoy esperando a una
dama.
SAM
(muy serio)
Vámonos, jefe. No debe meterse en
líos.
RICK
Ella va a venir. Sé que va a venir.
SAM
Podemos coger el coche, irnos a la
aventura. Emborracharnos. Ir de
pesca hasta que ella se haya ido.
RICK
cállate y vete a casa, ¿quieres?
SAM
(obstinado)
No, señor. Yo me quedo aquí.
Sam se sienta al piano y empieza a improvisar un tema lento.
RICK
Se llevan a Ugarte y aparece ella.
Unos van y otros vienen. ¿Sam?
SAM
¿Sí, jefe?
RICK
Sam, si es diciembre de 1941 aquí
en Casablanca, ¿qué hora es allí
en Nueva York?
SAM
Eh, se me paró el reloj.
RICK
Deben de dormir en Nueva York.
Deben de dormir en toda América.
De repente da un puñetazo en la mesa y entierra la cabeza en
los brazos. Al momento la levanta y procura controlarse.
RICK
De todos los tugurios de todas la
ciudades del mundo, tuvo que venir
justo al mío.
Se coge la cabeza con la mano.
RICK
¿Qué estás tocando?
SAM
Una canción que he compuesto.
RICK
Para. Ya sabes lo que quiero
escuchar.
SAM
No lo sé.
RICK
La tocaste para ella, tócala para
mí.
SAM
Bueno, es que no la recuerdo.
RICK
Si ella la resistió yo también.
¡Tócala!
SAM
Sí jefe.
Sam empieza a tocar "El tiempo pasará"

Me voy a Sevilla a una boda en breve, pero antes os dejo tres recomendaciones de pelis que vi la semana pasada y que me gustaron mucho:
-Una historia de violencia. Cine negro de clase suprema pasado por el tamiz estilizado y carnal de Cronenberg.
- Cinco condiciones. Lars von Trier sometiendo a su admirado Jorgen Leth a un juego fáustico donde una gran parte de los niveles conceptuales y técnicos del cine son analizados, subvertidos y, en ocasiones, deconstruidos. Ojo al corto que es el origen del debate.
- Batman begins. Aproximación negrísima a los orígenes del superhéroe, con una mirada notablemente adulta. Nolan vuelve a erigirse en el demiurgo de la neurosis en esta revisión del comic que debe tanto a Frank Miller como a la herencia del noir. Casting espectacular.

Ayer ponía Garci Memento, volví a ver la película y trasnoché bien trasnochado a ver si decían algo interesante en el coloquio. No sólo me decepcionó, sino que todavía me dura el cabreo. Estaban de contertulios Giménez Rico, Torres Dulce y Oti Rguez. Marchante. El último era el único que se notaba que había visto la peli las veces que hacen falta para entenderla completamente (seis o siete); para Torres Dulce, según propia confesión, era la tercera, y esperaba enterarse más que las dos anteriores; y para Giménez, era una película "curiosa" con una buena atmósfera y poco más. Los comentarios elogiosos, excepto los de Oti, se limitaban a decir que era buen cine negro (de los múltiples niveles en que se lee el filme, supongo que el más accesible a esta gente), el montaje sensacional y otros alardes de índole técnica, que parecían impresionar mucho esencialmente a Garci. Entre los peros, hubo uno que me repateó especialmente: decían que si ordenas la película se convierte en una historia vulgar, sin darse cuenta de que la esencia de la película es precisamente la deconstrucción del tiempo fílmico desde el triple punto de vista del protagonista, el director y el espectador. Y también pusieron mucho énfasis en la artificiosidad de muchas cosas, cuando es una película en la que todo tiene sentido: el blanco y negro relatando lo que está en la mente de Leonard y lo que vemos en sentido cronológico; la primera escena marcha atrás como indicación de lo que va a ocurrir; ni mención a la maravillosa escena en que se colorea tanto la foto como la mano, y que representa el nexo de unión temporal entre ambas porciones de la película. Y no mencionaron, ni por supuesto trataron de explicar -porque los pasaron por alto- los aparentes desajustes narrativos respecto a la naturaleza de la enfermedad de Leonard, ni los sutiles cambio de punto de vista, ni el extraordinario monólogo interior final, que lo explica prácticamente todo cuando uno conoce ya bien los resortes de Nolan, ni, en fin, el hecho de que es una película construida sobre lo que no vemos, en un doble nivel: primero, la historia que aparece pero de la que nosotros sólo conocemos lo equivalente a Leonard, y la subyacente de detrás, abierta en un principio a interpretaciones, pero con solución prácticamente única.
En fin, demasiada película para gente que esencialmente se quedó en los 70, ya que de hecho acabaron hablando de Marienbad, que por cierto es lo contrario de Memento. Marienbad es el azar, Memento es el determinismo del modo más férreo que haya concebido el cine, la soldadura perfecta a nivel cinematográfico, narrativo, conceptual y visual, como nunca antes se haya visto. Casi lo único que acertaron sin saberlo, fue hablando del cine experimental: Giménez Rico dijo que normalmente este tipo de alardes sorprenden y luego se olvidan (supongo que pensará que sus películas sí que van a sobrevivir para la posteridad XD), excepto cosas tipo Ciudadano Kane. Yo apuesto a que las generaciones futuras verán Memento como el Ciudadano Kane de los últimos 25 años.
Ya que ha salido el tema de la lucha en el post anterior, no está de más recordar las reglas, ya clásicas:
Hay dos tipos de cargos que me gustaría saber cómo se llega a ellos, porque en ambos se los tiene que pasar genial quien los desempeñe: uno es directivo de la FIFA, y el otro, del que me voy a ocupar ahora, es de los que traducen los títulos de las películas en castellano. Me viene esto a colación de que ayer me propusieron ir a ver una película de Jim Carrey a la biblioteca que se titula en castellano "Olvídate de mí"; en principio no me resultaba nada atractiva, porque necesito motivación extra para ir a ver cualquier cosa que haya hecho el muecas ese. Pero luego, surfeando por la web, vi que esta película estaba la 32 de mejores pelis de la Historia en la base de datos IMDB, y pensé que algo tendría. Pero claro, tuve problemas para encontrarla porque, tonto de mí, no sabía que el título mencionado anteriormente se traduce fielmente por... "Eternal sunshine of the spotless mind". Y yo me pregunto, ¿qúé criterio arbitrario siguen los dobladores, para dejar unas pelis en inglés, otras traducirlas mal, y otras sencillamente poner lo que les sale de ahí? Por ejemplo, si uno escucha "Un romance muy peligroso", parece que va a ser una comedia de pacotilla, y luego (al menos según Alberto, de cuyo gusto cinematográfico me fío en general) es una peli seria que está muy bien, cuyo título original es "Out of sight"; o destripan alegremente el final de "Rosemary's baby" llamándola "La semilla del diablo", o... En fin, os dejo aquí algunos ejemplos más de traducciones gloriosas, y os animo a que vosotros pongáis más. Por cierto, la pinícula de anoche os la recomiendo, a pesar de que me dormí diez minutos en la proyecciao (sueño rules).
Este fin de semana quedamos en casa de un amiguete para hacer una maratón de cine, y la primera de las pelis que vimos, no por coincidencia, fue el Padrino. Y cuando terminó, y todo el mundo quedó impresionado (tanto los que ya la habíamas visto como los que no) yo me quedé pensando qué tiene este magnífico film para gustarle tanto a todo el mundo.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/