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El musolari errante

Cuántica literaria

Cada vez estoy más convencido de que el porcentaje de realidad y ficción que hay en un libro de Vila-Matas es constante en todas sus obras, pero a la vez completamente desconocido, y colindante con fifty fifty y 80%-20%. Tuve esa sensación tan incómoda como estimulante cuando leí Doctor Pasavento (medio libro creyendo que Robert Walser era una invención del autor hasta que encontré en Google su foto –que he sabido después que era famosa, al menos en ciertos círculos – muerto sobre la nieve) y se me ha repetido con Bartleby y compañía. Querría pasarme una tarde con wikipedia para examinar uno a uno los nombres que aparecen en su excéntrica lista de autores que dejaron de escribir más o menos voluntariamente y motivos por los que lo hicieron, y aproximarme a la cifra. Por cierto, hasta hace poco no me he dado cuenta del valor de wikipedia para diferenciar lo real de lo imaginario; es una especie de bonafide de lo auténtico, siempre sin movernos del reino de lo relevante, claro. Lo he vuelto a comprobar hace poco para saber la existencia o no en los territorios de lo tangible de Frank Kalman, protagonista de una escalofriante historia inserta en esa caja de cajas de música (Noches Árticas à Nacho Vegas) que es la novela de los crímenes de Oxford. Afortunadamente para él, la respuesta salió negativa, sólo ha habido algún waterpolista llamativo que tuviera ese nombre. Mejor, mejor.

1 comentario

Irene Adler -

Yo me acabo de terminar Bartleby y Compañía, un libro, que, por cierto, me ha afectado bastante. Pero sí que me ha pasado lo mismo que a tí. Empecé creyendo que todo era cierto y luego ya no sabía qué era verdad y qué no lo era.

Frank Kalman... mmmm un waterpolista... seguro que es monísimo.