
La dirigió Terence Malick a principio de los 70, y ha alcanzado una cierta aureola mística, algo así como la concreción del sueño juvenil de huida y libertad. Realmente eso es lo que cuenta e intenta fabricar, pero se pierde en más de una ocasión por el esquematismo de los secundarios, el exceso de pose de Martin Sheen y un cierto absurdo rodeando al de Sissy Spacek. Además, un exceso de off –marca del cineasta- lastra en exceso el filme, que en más de una ocasión deviene excesivamente pedante y autoconsciente. Con todo, la poesía de algunas tomas en medio de la nada, la actuación de un Warren Oates cuyo papel es demasiado corto y la ambigüedad moral hacen que merezca la pena echarle un vistazo. Malick, nunca demasiado cuerdo, se pasó más de veinte años sin volver a filmar, y cuando lo hizo volvió con La delgada línea roja, película que no he visto y de la cual he leído opiniones que cubren todo el espectro. Como anécdota, el visionado casual del filme fue el punto de partida para que Springsteen grabara su álbum Nebraska, uno de los más celebrados a nivel crítico de su trayectoria y sin duda alguna el más tenebroso. La canción homónima relata en particular la historia real que da base a la película, los asesinatos indiscriminados perpetrados por Charles Starkweather y Caril Fugate en 1957. El argumento de Asesinos natos también procede de este asunto, aunque la película de Stone se queda muy cerca de lo deleznable.
Autor: Alberto
Fecha: 13/01/2009 10:08.
Autor: Alberto
Fecha: 15/01/2009 11:04.
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Autor: Alberto
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