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Es curioso venir últimamente a la Facultad, es quizá lo más parecido a lo que el etnólogo Marc Augé llamó un no-lugar. Sales y lo encuentras todo desierto; limpio, pulcro y cristalino, pero desierto. Dan ganas, quizá ya a estas horas tardías en que el efecto ausencia se deja sentir con mayor profundidad, de salir desnudo, gritar sin vacilación o, rozando el colmo de lo inaceptable, pintar en alguna pared que hay alguien aquí que sigue latiendo, que pugna por hacer avanzar, sea mínimamente, quizá en un pequeño corner de las mates tan irrelevante como lo ininteligible, el conocimiento humano. Qué paradoja –o qué buena palmadita en la espalda para mi sociabilidad- haber hablado con tres personas nada más entrar en la facultad: la que quizá se alegró de verme (un agradable compañero red-headed), la de la indiferencia (lleva la sucursal del banco de Santander y nos tomó por alumnos al intentar ofrecernos propaganda) y finalmente, el que me sufrió un rato después en un examen individual tornado en crucifixión por su poco conocimiento de las cadenas de Markov. Todo se guarda en la memoria, y es todo paradójico, un negativo del nadie que habita – y es sólo el primer día de Julio- el Edificio Miguel de Unamuno. La soledad. No sé si celebrarlo o angustiarme.
En el tren del olvido
Roto el raíl, la ventana estallando,
Caminando entre cuerpos desvencijados que sonríen a la muerte húmeda
Vaga mi alma, pobre receptáculo
Inmenso y desolado baúl de sentimientos, gris profundidad,
Donde las flores sangran la puñalada del otoño,
Y su savia,
Su sangre borboteante,
Emborracha a las abejas de la avaricia, al zángano de la desidia
Y a una avispa sensible y silenciosa
Que no logra sonreír en la orgía multitudinaria,
Y que ebria
Me dedica una sonrisa atravesada
Antes de clavarse el aguijón
Gritar y morir,
Por dentro y por fuera.
He visto esta mañana una frase en un periódico que me ha llamado la atención: “Micheletti dice que dimitirá si Zelaya no vuelve a Honduras”, o algo así. Aunque me estoy informando a diario de la situación en Centroamérica, que me parece tan paradójica como peligrosa, esta entrada va más por el lado lingüístico. En efecto, lo que me llama la atención es que la frase, siendo completamente correcta, puede dar la impresión –y de hecho, a mí me la dio en un primer momento- de que quiere decir exactamente lo contrario de lo que dice. Porque normalmente, cuando alguien dice que va a dimitir (y se usa casi siempre como la expresión cuasi-análoga “amenaza con dimitir”) es una medida de presión para que no ocurra lo otro que se cita en la proposición. En este caso, una interpretación razonable a primera vista de la frase sería “Como no vuelva Zelaya, dimito”. Lo divertido es que en este caso, lo positivo –casi percibido como tal por el propio Micheletti- es la dimisión, y lo que provoca la dimisión es exactamente la no-realización de la acción que condiciona. Pero está claro que, si no estás bien informado del asunto, la frase mueve a confusión. ¿Algún lingüista en la sala que nombre esta figura?
PD: Cirugía LASEK me impedirá conectarme a Internet en los próximos días. Espero al menos saludar pasados ellos para dar algunos detalles escabrosos de la operación. Abrazos
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