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Un meme para empezar el año, y que lo haga quien quiera. Las elecciones no representan lo que más me gustan, sino lo que más se me asemeja en mi opinión. Ni de lejos es lo mismo.
Si fuera un mes: Diciembre
Si fuera un día de la semana: viernes.
Si fuera un planeta: Plutón.
Si fuera una hora del día: las 4 de la mañana.
Si fuera una bebida: Bloody Mary algo pasado de pimienta.
Si fuera un instrumento musical: la viola eléctrica de John Cale.
Si fuera una fruta: una naranja no del todo dulce.
Si fuera un sabor: el del arroz con liebre, denso y rudo.
Si fuera un postre: tiramisú no demasiado bueno.
Si fuera una comida: pimientos rellenos picantes.
Si fuera una parte del cuerpo: las yemas de los dedos de Warren Beatty
(gracias Woody)
Si fuera un CD: The Queen
is dead (the Smiths)
Si fuera una canción: la Copa de Europa (los Planetas)
Si fuera una asignatura: Topología III en Sevilla (1998)
Si fuera un deporte: fútbol sobre el barro del estadio Charlety
Si fuera un número: el 43.
Si fuera una edad: 25 años.
Si fuera un color: el del cielo al anochecer, beige átono casi carne, algo
amenazador.
Si fuera una ciudad: una mezcla de Amsterdam y Londres.
Si fuera un invento: Internet.
Si fuera una película: el bueno, el feo y el malo.
Si fuera un actor/actriz: Griffin Dunne en After Hours.
Si fuera una carrera profesional: matemáticas/mus.
Si fuera un país: Rusia.
Si fuera un sentimiento: el ansia.
Si fuera una virtud: la curiosidad
Si fuera un defecto: la intrascendencia
Si fuera un personaje histórico: Auguste Rodin.
Si fuera un artista: Alan Moore.
Si fuera una obra de arte: cualquier cuadro de Bacon.
Si fuera un libro: el cuarteto de Alejandría.
He visto la noticia que pego abajo y no he podido evitar morirme de envidia, porque es algo que me encantaría hacer y no puedo por razones geográficas. Reunirme con tres, cuatro o cinco bigardos que conozco, escogidos entre lo peor de cada casa, y de vez en cuando o mejor, con periodicidad, realizar una tertulia sobre algún tema escogido, peregrino pero interesante, que dé lugar a debate, brillantez intelectual y, si es necesario, alguna mala palabra. Como los afortunados que se reúnen en la saga/fuga o los tertulianos de la Taberna del Ciervo Blanco. Temas para tratar, así a primera vista:
-Añadir preguntas adicionales al test Voight-Kampff de reconocimiento de replicantes.
-Debatir si el final de Watchmen está a la altura del resto de la obra.
-Intentar discernir la relación entre arte, mérito, dificultad, novedad y timo.
-Discutir sobre la variedad de desayunos en diferentes partes de España, y clasificar ciudades en función de ello.
-Tratar de averiguar hasta qué punto la suerte influyó en el triunfo de la Comunidad del Anillo, y si podía haberse mejorado la decisión del Concilio de Elrond.
Etc. etc. etc. Son temas a la altura del noticiado: discutir sobre bases legales la argumentación de Portia en el problema de Shylock:
Nuevo juicio al Shylock de Shakespeare
Siete abogados veteranos de Nueva York reabren el caso contra el célebre prestamista de ’El mercader de Venecia’
Siete abogados veteranos se reunieron en Nueva York el mes pasado para reconsiderar el juicio a Shylock, el prestamista de El mercader de Venecia, de William Shakespeare, según informa la edición electrónica de la cadena británica BBC.
Uno de esos abogados, Anthony Julius, más conocido por representar a la Princesa Diana en su divorcio del Príncipe Carlos, explica por qué votó a favor de que el mercader Antonio se quedara con el dinero prestado por Shylock:
"En la obra (explica Julius), el joven Bassanio le pide a su amigo Antonio que le preste dinero para poder impresionar a Portia, una rica y bella heredera. Antonio le promete su aval, de manera que Bassanio acude al prestamista Shylock y pone a Antonio como avalista.
Pero Shylock no va a ceder tan fácilmente. El prestamista odia a Antonio porque le ha insultado y la ha recriminado que sea judío, así que impone una condición crucial: si Antonio no logra devolver el préstamo en la fecha fijada, Shylock tendrá derecho a obtener una libra de carne de Antonio. El mercader no cumple el pago y Shylock lo lleva a los tribunales.
Porcia se disfraza y declara ante el tribunal que el préstamo es ejecutable y que Shylock tiene derecho a su pedazo de carne humana. Porcia, sin embargo, le pide que sea compasivo y acepte dinero a cambio. "’No, el tiempo del pago ha pasado; quiero la penalización’, señala Shylock. La situación parece insalvable para Antonio y ya echa mano al cuchillo cuando todo da un giro", escribe Julius.
Pasos de la alegación
"Porcia ofrece una ingeniosa relectura del acuerdo. "Corta la carne", señala, "pero no la sangre". La sangre no consta en el trato, de manera que no puede ser extraída. Este es el primer paso de la derrota de Shylock. No puede cortar la carne sin la sangre, así que es su acción resulta bloqueada. Esta primera acción de Shylock y la respuesta de Porcia, con la que toma ventaja, constituyen el llamado primer paso de la argumentación de Porcia", escribe Julius.
"El acuerdo supone un atentado contra la vida de un ciudadano veneciano, lo que está tipificado como un delito capital. Así que Shylock no sólo pierde el derecho al cuerdo, sino el derecho a la vida. Esta fase es conocida como el segundo paso de la argumentación de Porcia. El tribunal, mostrando una compasión hacia Shylock que él no ha tenido con Antonio, conmuta la condena, aunque en unas condiciones algo humillantes."
La ley literaria
"De los siete jueces que escucharon la apelación de Shylock en Nueva York, cinco la apoyaron y la mantuvieron. Sólo dos se opusieron, y yo fui uno de ellos. La mayoría de jueces consideraron que Shylock debería obtener algo por el préstamo impagado; por lo menos la devolución. Además sostuvieron que no era culpable del delito capital." "Pensé" -añade Julius- "que estas decisiones eran sentimentales y que no derivaban de ningún análisis legal estricto del asunto. Tenían buena intención. Pensaron que estaban ante un judío perseguido y quisieron acudir en su ayuda."
"Pero esto es lo que se podría llamar un error de categoría. Supone que Shylock tiene una vida independiente de la obra de teatro, y que la lógica de la obra puede ser apartada. Pero no puede serlo; no, al menos, sin violentar el tejido de la obra. Es en consonancia con la lógica de la obra que Shylock resulta condenado. Lo que significa, entre otras cosas, que es acorde con la ley en la obra."
Cuestión de personaje
"El caso contra la demanda de Shylock se desarrolla así. Primero, tenemos que dejar de tener en cuenta el primer paso de la argumentación de Porcia. Está claro que sus dos alegaciones sobre la ejecutabilidad del trato son erróneos. Empieza diciendo que el trato es ejecutable, pero sólo puede sostenerlo si suprime la existencia del delito capital."
"Ningún tribunal admitiría como ejecutable un contrato que implica cometer un acto criminal. Luego Porcia añade que el acuerdo sólo puede ser ejecutable si Shylock no extrae la sangre, pero se equivoca también en esto. Cualquier tribunal permitiría extraer la sangre junto con la carne. Fuera lo que fuese lo que ocurriese durante le ejecución del acuerdo sería permitido como parte de su cumplimiento."
"A continuación" -prosigue Julius- "viene el segundo paso de la argumentación de Porcia, que debería haberse esgrimido desde el principio. Lo único que necesitaba decir, tan pronto como entró en el tribunal, era ’el delito capital lo prohíbe’. Y ahí habría acabado el juicio. Pero eso también habría sido el fin del suspense y del drama."
"La mayoría de jueces necesitó reescribir la obra para respaldar a Shylock. Pero reescribir la obra significa perder a su Shylock. Los jueces lo destruyeron como personaje al respaldar su alegación, y eso sí que no es compasivo", concluye el abogado Julius.

La dirigió Terence Malick a principio de los 70, y ha alcanzado una cierta aureola mística, algo así como la concreción del sueño juvenil de huida y libertad. Realmente eso es lo que cuenta e intenta fabricar, pero se pierde en más de una ocasión por el esquematismo de los secundarios, el exceso de pose de Martin Sheen y un cierto absurdo rodeando al de Sissy Spacek. Además, un exceso de off –marca del cineasta- lastra en exceso el filme, que en más de una ocasión deviene excesivamente pedante y autoconsciente. Con todo, la poesía de algunas tomas en medio de la nada, la actuación de un Warren Oates cuyo papel es demasiado corto y la ambigüedad moral hacen que merezca la pena echarle un vistazo. Malick, nunca demasiado cuerdo, se pasó más de veinte años sin volver a filmar, y cuando lo hizo volvió con La delgada línea roja, película que no he visto y de la cual he leído opiniones que cubren todo el espectro. Como anécdota, el visionado casual del filme fue el punto de partida para que Springsteen grabara su álbum Nebraska, uno de los más celebrados a nivel crítico de su trayectoria y sin duda alguna el más tenebroso. La canción homónima relata en particular la historia real que da base a la película, los asesinatos indiscriminados perpetrados por Charles Starkweather y Caril Fugate en 1957. El argumento de Asesinos natos también procede de este asunto, aunque la película de Stone se queda muy cerca de lo deleznable.
Pues pongo el video porque me apetece, porque la canción es preciosa y porque, en Colmenarejo,mi vida es una sucesión de gente que dice adiós. Y lo hemos comentado en la comida, y joder, molesta, uno se encariña con la gente cuando trabaja junto a montañas llenas de nieve. Diego ha sido el último.
Sólo una (auto)minijustificación de por qué no he actualizado el blog últimamente: un artículo en su fase final, otro casi completamente pensado que tengo que escribir -aún no he empezado-, un informe de referee que me ha llevado dos semanas acabar, otro que tres cuartos de lo mismo pero todavía no he acabado, un problemita en la cabeza, el blog de fútbol (que tambíen lo tenía medio dejado por lo mismo), viaje de cinco días a Barcelona con desconexión consiguiente, elección de mi nuevo portátil... Tantas cosas... Pero volveré y muy pronto, espero que mañana, con alguna cosita guay. Entretanto quien lea esto y quiera entretenerse, que se lea el "Rime of the ancient mariner" de Coleridge. En Internet está el original y la traducción, y es una pasada.
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