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Es muy grande nueva York, y pasan muchas cosas, como…
…estar parado enfrente del Madison Square Garden, que lleguen un montón de tipos, raperos hasta los ojos, en coches del más rancio sabor americano, y que los pongan a dos ruedas sobre un lateral entre el estrépito de las cajas de ritmo a toda pastilla, los gestos chulescos de los artífices y el entusiasmo anonadado de la concurrencia.
…que único taxista de la ciudad nacido a más de mil kilómetros de Nueva Delhi sea cubano, te cuente su vida en veinte minutos, establezca la hipótesis de que Nueva Yol=Manhattan y el resto no existe, o te relate con en su calmado y tranquilo español cómo en el Bronx le partieron la noche anterior la cara a su hijo. Literalmente.
…que salgas de la ciudad, camino de Brooklyn, en busca de un filete concreto, que no puedas comértelo porque la lista de espera llegaba hasta 2030, y que te veas de pronto de noche, andando bajo un puente infinito en un lugar tan miserable como aterrador, sintiéndote desgraciado protagonista de todas las pelis de guerra de bandas que en el mundo han sido.
… andar y andar, horas y horas por Central Park, parecerte sucesivamente que estás en Versalles, en una selva o en los bosques de Sherwood, seguir hasta que se te rompen las piernas, encontrar un estanque que aquí y se llamaría pantano, una boda con toda la gente de luto y hasta el camino a un zoo, para acabar mirando el mapa y no dar crédito: no recorrimos ni la mitad del parque.
...caminar por Broadway y creer por un momento que has llegado a donde no se puede pasar, pues una muralla de rascacielos y luces bloquea el horizonte hasta donde la vista alcanza, y detrás. Y desear a la vez, sintiéndote tan pequeño, una Biblia, un piolet y unas alas, sin tener claro qué te será más útil para ir más allá.
…en otra esquina, sumergirte en el típico remolino de personal –cien tipos mínimo- al son de una música embriagadora, para ver a un tipo idéntico a House pero en negro, vestido con el traje brucelero de Uma Thurman en Kill Bill, tocando el saxo como los ángeles y acompañado por un bajista con expresión de estar en el salón de su casa. ¡Y no pedían dinero!
La punta del iceberg.

Una historia tonta y verídica que escuché y que me hizo bastante gracia. A la salida de Madrid por la carretera de la Coruña (y supongo que en muchos otros lugares) hay un carril que se llama BUS-VAO, y que está reservado para autobuses y para vehículos que lleven al menos a dos personas –Alta Ocupación, de ahí las siglas-. En realidad, el carril es un monumento a la envidia, porque si ya es chungo verse metido dentro de un atasco, mucho más lo es ver como la gente te adelanta por ahí como quien lava. Uno siempre se los imagina sacándote la lengua, y cómo duele eso.
Resulta pues comprensible que la gente intente colarse y meterse por él aunque vaya sola en el utilitario; sin embargo, hay que andarse con ojo, porque al final están esperando los picoletos y te pueden meter un puro considerable. En cualquier caso, llama la atención la solución que están empleando algunos tipos ingeniosos y atrevidos: ¡sentar una muñeca al lado! Parece ser que ya han trincado a más de uno, pero desde luego, yo guardia civil, le doy una palmadita al tipo, un beso a la Dolly, y les abro la barrera al grito de ole vuestros cojonazos.
Este video sería divertidísimo, si no fuera terrorífico. La señora que sale es ministra en el Gobierno español. Las palabras sobran.
He encontrado el tesoro, véase también aquí líneas dos y tres en concreto. Aleluya. Subidón. Éxtasis. ¡Toma ya! Siiiiiiiiiiiiiii. Me voy de boda, hay prisa, volveré sobre ello. Levantado el velo que cubre la realidad, aunque sea en una esquinita. Abrazos a todos, diesen Küss der ganzen Welt! Hala, a seguir escuchando a Robert Sinclair, este es mi sentimiento ahora. What a good one!!!
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