Esta es la gruta de la sabiduría, el palacio del Sueño, entre lo simple y lo complejo, entre el espíritu y la barbarie.

Temas

Enlaces

Archivos

El musolari errante

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

Píos deseos al empezar el año

Está arraigada la costumbre de comenzar el año con buenos propósitos y deseos. Sin embargo, no ha sido en general esta una tónica en mi vida; primero, porque sé de mi inconstancia para supuestos cambios de conducta, máxime si estos han de estar determinados por un motivo tan débil como una fecha; y segundo, porque los pocos deseos que tengo –sé que eso es una medida positiva de cómo funciona mi vida-  hay que mirarlos siempre como una construcción antes que un golpe de suerte, más un camino que un relámpago.

 

Sin embargo, a modo de aproximación, os dejo aquí unos viejos versos de mi adoradísimo y nearly alter ego fundamentalmente mental Jaime Gil (baste decir que tengo el propósito de visitar su tumba para rendirle cálido homenaje) que desde luego, vienen muy a cuento. Feliz año!!!

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
—o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

01/01/2007 20:23 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 4 comentarios.

En el barro

... de estas veces que uno se obsesiona con un problema y no es capaz de quitárselo de encima. Y quiero escribir los correos, y seguir leyendo los crímenes de Oxford, que me está enganchando (aunque no tanto como el perro a medianoche), y ver alguna peli, que por fin pude disfrutar entera larga y sin cortes de Batman begins el otro día, y acabar el post que tengo a medio escribir sobre songuitas 3 y otro para el blog de fútbol sobre el Arsenal, pero no puedo, siento que mientras no esté seguro de que puedo levantar mi funtor desde las categorías de fusión al linking system voy a ser un inútil total para la vida social e interior. Y ahora voy a apagar el ordenador, porque son las dos de la mañana y ya va siendo hora de acostarse, y si consigo vencer la atracción del folio me acostaré boca arriba y sólo veré espacios de aplicaciones y Mor y Hom por todas partes y que tengo que elegir una manera de levantar y que no encuentro manera canónica de hacerlo (pero tiene que haberla!!!!). Y cuando haya pasado el tiempo y me haya cansado de sentirme inútil, o bien haya encontrado una solución que mañana por la mañana será falsa –es curioso como la desesperación se impone en ocasiones a la lógica-, o simplemente sea tan tarde que me resulte pornográfico estar despierto, me daré la vuelta, boca abajo con la cabeza hacia un lado como no duermo aunque no me imaginen haciéndolo así, y dormiré rápido, porque al final siempre me ocurre, un sueño sin sueños cuando me acuesto tan tarde.Y despertaré y seguiré con lo mismo, me será difícil desmarcarme en el autobús (le debo un post a mi asiento, no es broma, por cierto) a pesar de que sentarme en él actúa como el mayor de los narcóticos, y seguiré y seguiré y la casa derribaré y espero que Broto me haya escrito confirmándome mi intuición para que la vida me sea más fácil. Pero es improbable, tiene mucho trabajo, y yo seguiré dándole vueltas creyendo siempre que no hay salida, y si la hay tiene que pasar por ese epsilon subP,P de A que no acabo de entender correctamente, ni qué tiene que ver con E(P), ver que ocurre en el problema análogo de fibrados o sucesiones exactas sería interesante e instructivo. Pero no es la primera vez que me pasa, uno acaba saliendo del agujero y seguro que las cosas son así, como yo pienso aunque no haya sido capaz de probarlo, es muy bonita esta categoría L’/C para no cumplir lo que deseo. Y cuando por fin lo resuelva y me ponga a escribir de verdad con la sonrisa en el rostro me pondré aquí y diré que me salió y hala, listos de papeles let’s publish que diría girona y cerrado problema de cinco años, desde que mi topic en el msn era aprendiendo a celularizar, veía personas diferentes de las que veo ahora y pensaba cosas menos maduras que no alcanzaban a resolver ni casos sencillos, siendo el susodicho problema global mucho más difícil de lo que yo pensaba. Cuando creí haberlo resuelto diez veces y hubo cuatro semanas que recuerdo de reflexión furiosa y túnel y al final resultado nulo pero que me curtió con el fin de la tesis ya a la vuelta.

 Bueno, basta, basta, “guarda en ti la Musa que arde, pastelero”. Mein Herz brennt.
11/01/2007 01:55 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Mates Hay 5 comentarios.

Sencillamente canciones (III)

20070118020429-muneka.jpg

Se ha hecho esperar esta entrega, pero bueno... Realmente hoy sólo traigo aquí una canción, pero en el disco incluye tres “introducciones” de las cuales tengo dos en el lápiz. Me trae muy buenos recuerdos, porque es una canción a dos voces que la cantaba (o mejor, la berreaba) con Javi cuando íbamos al Pryca en coche a hacer la compra de la semana, y no nos interrumpían las carcajadas. La música es aceptable, rockera estándar, y la letra... bueno, pues mejor transcribirla, porque no tiene desperdicio. Algunas de las frases me sirven de comodín habitualmente, como sabréis alguno de vosotros. Y el título del disco no tiene desperdicio: “Demasiao perro pa trabajá, demasiao carvo pa rocanró”. Ahí va la letra; si podéis encontrar la canción no lo dudéis, porque las dulces voces de los dos individuos son imponentes. Me faltan dos o tres palabras que no entiende ni Cristo. Con la M abrevio “Mateo”, y con la O abrevio “Otro”.

 

Intro 1: Ring, ring...

- Sí. dígame?
- Está Mateo?
- Sí, soy yo. Que quién es?
- Illo, soy yo otra vez tío. Illo me vas a dejar eso o no?
- Qué pesao eres tío! Illo déjame que eres mu pesao tío!
- Illo párate párate párate! Illo párate! Shhhh Párate, párate.
- Qué quieres?
- Que me dejes la muñeca to la noche, tío!
- Que no tío que no te dejo la muñeca, que la muñeca es mía, tío, que te compres
una! Mira, a chuparla!
- Illo! Illo haz el favor, t..! Illo, haz el favor tío! Illo, illo, illo, illl..! Grrrr ya te cogeré!!!
 
 
Intro 2:
Piiiiiiiiiiiiiii...
- Illo quién es? Que son las cuatro de la mañana para dar por culo con el puto timbre!
- Illo! Está Mateo? Está Mateo?
- Sí, soy yo. Quién carajo eres?
- Illo, illo haz el favor, me vas a dejar eso o no???
- Qué pesao eres tío! Eres más pesao que el que mató un cochino a besos! Déjame tranquilo tío!
- Illo, déjame la muñeca to la noche tío!
- Qué pesao eres tío!
- Favor, favor!
- Mira, al carajo!
- Illo, illoillo... ya te cogeré!

 

Intro 3:

 
- Mateooooooooooooo!!!! Illo, sal al balcón! Mateooooooooooooo!!! Eeeeeeeh!!!!
- Qué pasa tío, con esas voces!!!
- Mateooooooooooo!! Déjame la muñeca, tío!!!!!!!!
- Te voy a dejar un mojón, te voy a dejar!!! Vete ya tío, déjame intranquilo tío!!!
- Ya te cogeré, ya te cogeré.
- Illo además, como llamo a la policía..
- Mateooooooooooooooo!!!! P´acá!!!!!!!!!!!!!! Muñeca!!!!!!!!!!!!!
- Al carajo otra vez!
- Sí, ya te cogeré, ya te cogeré, gachón!

La canción:

M:Yo tengo en mi casa lo menos cinco muñecas hinchables
y mira que me las pide la gente
pero yo no se las dejo a nadie
Y en la fábrica tengo un amigo mío
que me las pide todos los días diez o doce veces
¡Mira que es pesao el tío!
Y a mí me duelen de hacerle cortes de mangas los brazos
porque ese tío es una jartá de pesao
¡ese tío es un coñazoooo!
¡Ojú, que miedo, por ahí viene, ojú por ahí viene el tío!
O: Illo, illo, illo, ven p'acá, ven p'acá, ven p'acá
¡¡¡¡¡Ayyyyyyyyy Aaaaaaaah que me la dejeeeeeeees!!!!!!!
O: ¡Illo déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un carajo!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un mojón!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Anda y vete a tomar por culo!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Dios mío, qué pesao...
O: Aaay, que tengo mucho poblema. ¡Que no paro de hacerme pajillas!
O: ¡Ay, por Dios te lo pido!
M: Como si me lo pides por la Virgen.
O: ¡Ay, me dejas la muñeca to la noche!
M: No me sale de los cojones.
O: ¡Ay por tus muertos tooooos!
M: ¡Ay, ni por mis vivos!
O: ¡Sisplaaaaaaaaaau!
M: Ponte de rodillas, ponte de rodillas.
O: ¡Y una leche! ¡Que me la dejes aaaah!
O: ¡Illo déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un...!
O: Que me dejes la muñeca to la noche
M: Ay que no me da la gana.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Ya puedes llorar sangre si quieres.
O: ¡Ay que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaaah!
O: ¡Ay que me gusta el olor a goma! ¡Sisplau!
M: ¡Pues cómprate un flotador!
O: ¡Ay que me la dejes! ¡Ayyyy Auuuu!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te voy a dejar un cipote.
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: No me sale del huevo izquierdo.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Te voy a dejar un mojón!
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaah! ¡Por favor te lo pido!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Cómprate un tigre y aráñate la cara!
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: ¡Cómprate un heavy y peléate con él!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te vas a comer lo que se comió Clavijo.
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! Sisplau y no te hagas el remolón aaah!
O: ¡Ven aquí por favor ahhhh!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Te vas a comer lo que se comió Mahoma.
O: Que me dejes la muñeca to la noche.
M: No me sale de los cojones.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Tío déjame tranquilo!
O: ¡Que me dejes la muñeca to la noche! ¡Aaaaah!
O: ¿Es que no me estás viendo? ¿Cómo sudo?
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: ¡Aaaay no me da la gana dejarte ná!
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Anda y vete a pegarle peos a una vaca.
O: ¡Déjame la muñeca to la noche!
M: Illo anda que ??? de calor.
O: ¡Que te compro un piso en Valderrama!
M: ¡A mí me da lo mismo que me compres lo que me quieras comprar, quillo!
O: ¡Con vistas al mar!
M: ¡Como si son con vistas a una ventana que hay una tía todas las mañanas cambiándose los sujetadores de tres en tres! ¡Déjame tranquilo tío, que eres una jartá de pesao, que eres más pesao que un collar de melones, que eres más pesao que mi suegra!
P.D: La canción no está en Internet, así que hago algo por la vida.

18/01/2007 02:04 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Música Hay 1 comentario.

Cannibal corpse

Quería haber escrito algo ahora, pero la verdad es que no me siento demasiado inspirado, así que os dejo con un fragmento que me dejó buena huella cuando lo leí, hace pocos años. Procede de “la narración de Arthur Gordon Pym”, la única novela que escribió Poe, y que os recomiendo fervientemente. Uno de los más extraños finales que jamás haya encontrado, sugerente y a la vez aterrador. La novela completa está aquí, aunque es demasiado larga para leerla por Internet.

 

En el momento en que sucede el fragmento, el protagonista está con otros tres en la cubierta de un barco a la deriva, llevan varios días sin comer, y uno de ellos acaba de proponer que “uno tiene que morir para que se salven los demás”.

CAPÍTULO XII


 

Desde hacía algún tiempo, yo ya había sospechado que tendríamos que llegar a este último y terrible extremo, y había resuelto interiormente aceptar la muerte en cualquier forma y bajo cualesquiera circunstancias antes que echar mano de tal recurso. Mi resolución no se había debilitado en modo alguno bajo la presente intensidad del hambre que padecía. La proposición no fue oída por Peters ni por Augustus. Por ello, llevé a Parker a un lado y, pidiéndole mentalmente a Dios poder bastante para disuadirle del horrible propósito que abrigaba, disputé con él durante largo rato, rogándole en nombre de todo lo que él tuviera por sagrado, y aduciéndole todos los argumentos que lo extremado del caso requería, para que abandonase la idea y no la mencionase a ninguno de los otros dos.
Escuchó todo lo que le dije sin intentar rebatir ninguno de mis argumentos, y yo empezaba a creer que lo había convencido. Pero cuando dejé de hablar, me espetó que sabía muy bien que todo lo que yo había dicho era verdad, que recurrir a tal extremo era la alternativa más horrible que podía concebir la mente humana, pero que él había soportado hasta donde la naturaleza humana puede resistir, y que era innecesario que pereciesen todos, cuando con la muerte de uno era posible, e incluso probable, que al fin se salvasen los demás. Añadió que yo podía evitarme el trabajo de amonestarle por tal propósito, pues ya lo había resuelto en su mente aun antes de la aparición del barco, y que sólo el barco que tuvo a la vista le había impedido hablar del asunto más prontamente.
Le rogué entonces que ya que no quería abandonar su propósito, lo difiriese al menos para otro día, para ver si entre tanto aparecía algún otro barco que pudiera salvarnos, aduciendo de nuevo cuantos argumentos se me ocurrieron como más adecuados para conmover la dureza de su naturaleza. Pero me contestó que no había hablado con nadie hasta ver llegado el último momento posible, que no podía vivir por más tiempo sin tomar sustento de cualquier clase, y que por eso otro día más sería demasiado tarde, pues al día siguiente se habría  muerto.
Viendo que no podía conmoverle con nada de lo que le decía en tono suave, cambié de actitud y le dije que tuviese presente que yo era el que menos había sufrido de todos a consecuencia de nuestras calamidades; que, por consiguiente, mi salud y mis fuerzas se habían conservado hasta el momento mucho mejor que las de Augustus o Peters y que las suyas propias; en una palabra, que estaba en condiciones de imponerle mi voluntad por la fuerza si era necesario, y que si trataba de dar a conocer a los demás de algún modo su designio sanguinario y caníbal, no vacilaría en arrojarlo al mar. Al oír estas palabras, se arrojó inmediatamente a mi garganta y, sacando una navaja, hizo varios esfuerzos infructuosos para clavármela en el estómago, atrocidad que sólo su excesiva debilidad le impidió cometer. Mientras tanto, yo, en el más alto grado de ira, le iba empujando hacia el costado del barco, con la clara intención de arrojarlo por la borda. Pero se salvó de este fin por la intervención de Peters, que se acercó y nos separó, preguntándonos la causa de nuestra desavenencia, cosa que le explicó Parker antes de que yo tuviera medio de impedírselo.
El efecto de estas palabras fue aún más terrible de lo que me había figurado. Tanto Augustus como Peters, quienes al parecer habían venido meditando desde hacía tiempo la misma espantosa idea que Parker había sido sencillamente el primero en expresar, se unieron a su propósito, insistiendo en que se llevase a cabo inmediatamente. Yo había calculado que por lo menos uno de los dos primeros conservaría la suficiente fuerza de voluntad para ponerse a mi lado y resistir cualquier tentativa de realizar tan espantoso designio; y, con la ayuda de uno de ellos, no tenía miedo de ser capaz de impedir su consumación. Al resultar fallidas mis esperanzas, me vi obligado a atender a mi propia seguridad, pues una mayor resistencia por mi parte podía ser considerada por aquellos hombres hambrientos causa suficiente para prescindir de jugar limpio en la tragedia que sin duda se desarrollaría rápidamente.
Les dije que estaba dispuesto a someterme a la proposición, rogándoles simplemente que la aplazasen por una hora, a fin de que hubiese una oportunidad de que la niebla que se había adensado en torno nuestro desapareciese, y ver si era posible volver a divisar el barco que habíamos visto. Con grandes dificultades obtuve de ellos la promesa de aguardar durante este tiempo, y, como había calculado (pues una brisa se aproximaba rápidamente), la niebla se disipó antes de que hubiese expirado la hora; mas, como no aparecía ningún barco a la vista, nos dispusimos a echar suertes.
Con la mayor repugnancia me detengo a relatar la espantosa escena que siguió, escena que, en sus más minuciosos detalles, ningún acontecimiento posterior ha podido borrar de mi memoria en lo más mínimo, y cuyo horrendo recuerdo amargará todos los momentos futuros de mi existencia. Pasaré, pues, por esta parte de mi relato con la mayor presteza que la índole de los acontecimientos de que tengo que hablar lo permita. El único medio que ideamos para la terrorífica lotería, en la que íbamos a tomar parte, consistió en echar pajas. Hicimos unas astillitas, y se acordó que fuera yo el que las sostuviese. Me retiré a un extremo del barco, mientras mis pobres compañeros silenciosamente se situaron en el opuesto, vueltos de espaldas hacia mí. La ansiedad más amarga que experimenté durante este drama horrible fue la del rato que estuve ocupado en la colocación de las astillas. Son pocas las ocasiones en que el hombre deja de sentir el más profundo interés por la conservación de su vida, y este interés aumenta momentáneamente con la fragilidad del asidero al que se agarra la vida. Pero ahora que el silencioso, definitivo y grave asunto en que estaba comprometido (tan distinto de los tumultuosos peligros de la tempestad de los gradualmente próximos horrores del hambre) me permitió reflexionar sobre las pocas probabilidades que tenía de librarme de la más espantosa de las muertes, una muerte para el más espantoso de los fines, todas las partículas que podían constituir mi energía volaron como plumas llevadas por el viento, dejándome desamparado y presa del más abyecto y lastimoso terror. Al principio no tuve ni fuerzas suficientes para reunir las pequeñas astillas de madera, pues mis dedos se negaban por completo a cumplir su oficio y las rodillas me entrechocaban con violencia. Por mi cerebro pasaron rápidamente miles de proyectos absurdos para evitar tener que participar en la terrible lotería. Pensé dejarme caer de rodillas ante mis compañeros, suplicándoles que me permitiesen librarme de aquella exigencia; lanzarme de repente sobre ellos y, matando a uno, hacer inútil la decisión mediante la suerte; en una palabra, hacer todo lo que fuera preciso menos seguir adelante con lo que tenía en las manos. Por último, después de esperar mucho tiempo en esta actitud estúpida, me volvió a la realidad la voz de Parker, quien me apremiaba para que les sacase a ellos de la terrible ansiedad que estaban sufriendo. Ni aun entonces acertaba a colocar las astillas en mi mano, pues sólo pensaba en toda clase de astucias para que a cualquiera de mis amigos le tocase la paja corta, pues se había acordado que quien sacase la más corta de las cuatro pajas de mi mano muriese para la salvación de los demás. Antes de que alguien intente condenarme por esta aparente crueldad, debe colocarse en una situación semejante a la mía.
Por fin ya no era posible más dilación y, con el corazón casi saltándome del pecho, avancé hacia la parte del castillo de proa, donde me estaban aguardando mis compañeros. Tendí la mano con las astillas, y Peters sacó inmediatamente una de ellas. Se había salvado...; al menos, su astilla no era la más corta, y ahora había otra posibilidad más en contra mía. Reuní todas mis fuerzas y le ofrecí las astillas a Augustus. También sacó inmediatamente una, y también se salvó; y ahora tenía las mismas probabilidades de morir o vivir. En aquel momento se apoderó de mi alma toda la fiereza del tigre, me dirigí hacia mi pobre compañero Parker, con el odio más intenso y diabólico. Pero este sentimiento no duró mucho y, al fin, con un convulsivo estremecimiento y cerrando los ojos, le tendí las dos astillas restantes. Transcurrieron más de cinco minutos antes de que se resolviese a sacar su suerte, y durante este tiempo de inquietud que partía el corazón no abrí ni una sola vez los ojos. Por fin, una de las dos astillas fue rápidamente arrancada de mi mano. La decisión estaba tomada, pero yo no sabía si era en favor o en contra mía. No hablaba nadie, y yo no me atrevía a mirar la astilla que tenía en la mano. Peters me cogió del brazo y me obligó a abrir los ojos, viendo inmediatamente en el semblante de Parker que me había salvado y que él era el condenado. Falto de aliento, caí sin sentido sobre la cubierta.
Me recobré de mi desmayo a tiempo aún para ver la consumación de la tragedia en la muerte de quien había sido el instrumento principal de que se cumpliese. Sin embargo, no opuso resistencia, y cayó muerto en el acto de una cuchillada en la espalda por Peters. No debo detenerme a relatar la horrible comida que siguió inmediatamente; estas cosas han de imaginarse, pues no hay palabras con poder suficiente para impresionar el espíritu con el tremendo horror de su realidad. Baste decir que, habiendo apaciguado en cierta medida la rabiosa sed que nos consumía gracias a la sangre de la víctima, y habiendo desechado, por común asentimiento, las manos, los pies y la cabeza y arrojándolas junto con las entrañas al mar, devoramos el resto del cuerpo, en pedazos, durante los cuatro eternamente memorables días del diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de aquel mes.
22/01/2007 01:36 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

Shakespeare vía Marías

Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo.
Mañana en la batalla piensa en mí,
cuando fui mortal, y caiga herrumbrosa tu lanza,
pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla,
Mañana en la batalla piensa en mí,
desespera y muere. ¡Muere!

24/01/2007 00:22 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

Seis pelis inolvidables

 Últimamente ando con mi (escasa) creatividad al servicio del problema de levantamientos de que he hablado en un post anterior, lo cual repercute en mis apariciones en el blog –de hecho, está repercutiendo en mi sociabilidad exterior e interior mucho más de lo que quisiera-. Sin embargo, hoy se me ha venido a la cabeza que podía hacer una pequeña aportación a Internet, en forma de las respuestas estándar que uno puede dar a preguntas del tipo ¿qué película has visto hoy? y que he ido recopilando a lo largo de los años. Los que me conocen y estén leyendo esto seguro que ya tienen alguna respuesta en la cabeza ;)  He mirado en el Google a ver si alguien había escrito algo sobre el particular, y sólo he encontrado un artículo en la Frikipedia que por un lado es incomprensible, y por otro olvida algunas y ofrece unas nuevas que no están a la altura.  Ah, bueno, y otro motivo para ponerlas aquí es que no se me olviden, que el otro día intenté recordar las seis míticas y se me había olvidado una. Afortunadamente, la concentración y la ayuda inolvidable de Rosa me ha permitido recuperar la lista completa. Ahí va, a cual más estimulante: 

- Las lágrimas de un chorizo

- Dos pistolas para un manco

- Detrás del último no va nadie

- La patata viajera

- La bala que requetevolvió la esquina

- La maté con un mollete.

28/01/2007 23:20 Autor: musolari. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 21 comentarios.

Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]