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Hace casi quince años que la escuché por primera vez, y hasta hoy no la había visto nunca interpretada en directo. Sencillamente, la mejor canción del mundo.
El otro día le recomendé a un compañero de la facultad “La música de Erich Zann”, de Lovecraft, uno de los cuentos más terroríficos que he leído en mi vida. Trata de un tipo que vive en una calle de París (que luego es incapaz de volver a encontrar) que escuchando a través de la pared descubre una música extraña que toca un violinista que es mudo. Consigue conocerlo, y poco a poco va descubriendo que esa música está mucho más allá de ser simplemente extraña...
El protagonista está aterrorizado, pero por lo menos la delgadez de la pared le lleva, por un lado, a una poderosa experiencia de intensidad, y por otro a la gloria literaria de la mano del prodigioso y tarado cerebro del genio de la Arkham ficticia. Es un poco de suerte eso; donde yo vivo, sólo compartimos dos paredes. En una vive un mujer de noventa años, sorda como una tapia, a la que cuida una mujer rumana de unos cuarenta y tantos que es un encanto, aunque tiene pinta de haber sido fuertemente golpeada por los ir y venir de la vida. De ese lado escucho la tele cuando voy tarde a la facultad (y a veces el Más Deporte (!!!) si me quedo a comer en casa), la voz de plañidera de la vieja salmodiando “Elena, Elena” en un tono de voz cada vez más elevado, la respuesta de la susodicha “qué quiere, Abbbela?” y tertulias vespertinas con otras mujeres que aparecen con frecuencia, y que según fuentes fidedignas son descendientes de la mujer, probablemente en grado superior al quinto.
En el otro lado, la pared opuesta es en la que se apoya la cabecera de nuestra doble cama. Ahí sé de buena tinta que vive un matrimonio que, por el tono y la textura de las voces, debe frisar los cuarenta y tantos. De estos sé bastante poco, y de hecho no conozco ni sus rostros (debido a que no entran por el mismo portal que nosotros). Sin embargo, he colegido que al menos en algunos momentos de su vida, la pareja no debe llevarse demasiado mal, a juzgar por cómo gemían en algunos momentos en que yo, a unos dos metros de ellos y bajo la ardiente canícula veraniega, intentaba infructuosamente dormir la siesta. Uno de estos días, el sueño voló de mi lado a la vez que escuchaba la perentoria frase “Qué bien lo haces, cabrón!!!”
Mejor leer libros de Lovecraft, realmente,
Me he levantado a las ocho, después de concederme una hora de crédito respecto a mi despertador. Lo primero del día ha sido hacer una crónica del partido del Madrid de anoche, que ha estado basada en la idea de la contradicción. Me ha llevado bastante rato, aunque creo que al final ha merecido la pena (“Un buen día” --> Los Planetas). Me he dado una ducha que me ha hecho sentir bastante frío –Noviembre ya se nota en Madrid, mucho más en Colmenarejo-. Cuando me disponía a irme, los compañeros de la lista de Diarios de Fútbol (cómo me gusta esa lista!!!) habían disparado sobre puntos calientes de mi post, como la posible resignación del Bernabéu, las debilidades del Madrid y la aportación de Robinho. La contestación me llevó otro buen ratito.
Acabados estos “deberes”, me fui camino de la Uni. Para ir aprovechando el tiempo, estuve repasando en el metro las partes de la demostración del artículo de Bob y Joana sobre categorías de transporte que debía adaptar para la propia prueba que yo tengo entre manos. Ya me avisó de nuevo la soñera a la altura de Ciudad Universitaria, así que cuando tomé el bus en Moncloa ya sabía lo que iba a pasar. Debí dormirme antes de partir, y volví a la consciencia en Torrelodones, como media hora después. Fue fácil salir del túnel, retomé mi artículo y... voilà! ¡Realmente si nos quedamos sólo con los céntricos que contienen al strongly closed nos queda un linking system (en sentido un poco amplio)! Esto suena a galimatías, pero simplifica extraordinariamente lo que tengo que escribir.
Eufórico subí al despacho, saludé a Pablo y me puse a comprobar los detalles. Sin duda, sin duda. Magnífico. Un buen rato verificando, y a comer. Faltaban hoy parte de los informáticos porque había una presentación de Microsoft, pero aun así nos juntamos un número decente de personas. Durante la comida –spaghetti y patatas con carne en mi caso, decentes- fijamos el paddle para mañana. Laura no estará, pero parece ser que se confirma su interés; necesitamos gente así. Tras el café reglamentario, vuelta al zulo, donde estuve solo casi toda la tarde. Un momento para dar noticia del sorteo de Octavos de Final de Copa, y a comenzar a escribir a mano la prueba de mi resultado, cosa que me llevó todo el resto de la tarde. Justo antes de irme, miré un pequeño video de goles de Ronaldo en el Barcelona (se me caen los lagrimones cada vez que lo hago) y contesté un par de mails que me pedía el cuerpo contestar.
A la vuelta, repetición de la historia, con fase REM en el bus y despertar bastante más duro que en la ida. En el metro retomé “El poder y la gloria”, el libro que estoy leyendo ahora, y que me ha motivado más esta vez. Habla del marxismo en México. Justo antes de llegar, entré en el seudoOpencor a la mandarina que hay aquí cerca, y compré unos Doritos para hacer con los chiles (por si tenía que cenar solo), una pizza (por si estaba Rosa) y chocolate, que es poco menos que imprescindible en este piso. Cuando llegué a casa, albricias ya estaba Rosa. Estuvimos charlando un buen rato mientras desaparecían los Doritos, y viendo el partido del Barsa hasta que éste marcó el primer gol. Después me pasé al Multichampions.
En el descanso, cena a base de pizza, con el detalle peculiar de que, por el mal funcionamiento de los encendedores del piso, tengo antes que prenderle fuego a un palo de los chinos en la hornilla para a continuación meterlo en el horno y que salte la chispa. A continuación, estuve haciendo un poco de limpieza de periódicos, pues con la suscripción que me regaló la Madrina se me acumulan de mala manera. Bendito problema, de todos modos. Cuando terminé esta parte, Rosa ya estaba en Territorio Morfeo, y a mí me correspondía cambio de sillón para que ella pudiese estirarse. En este desde el que escribo, he visto el séptimo capítulo de la tercera temporada de House, que está remontando tras un pequeño bache al principio. El capítulo de hoy estupendo, con un suicidio inducido, House contando por qué se dedica a la medicina y John Larroquette (el fiscal de Juzgado de Guardia, para quien tenga memoria), gordo como un trullo, haciendo un secondary role estelar. Cuando ha terminado, un poquitín de charla en el msn mientras Rosa, sorprendentemente despierta de nuevo, se dedica a contarse su vida por móvil con su amiga del alma. Acaba de meterse en la piltra, y yo la seguiré en breve, porque va a dar la una. Un día bien aprovechado.

Hoy he recordado un momento que me encanta, que es ya parte de la Historia de la Música. De muchos es sabido que Beethoven (mi compositor favorito, by the way) ha sido el gran impulsor, a través de sus maravillosas obras, de sentimientos que son básicos en lo que la Humanidad tiene, precisamente, de humana: la libertad, la alegría, el heroísmo... No es tan conocido, en cambio, cómo terminó su vida siendo bastante enemigo de todo modo de religión organizada.
A pesar de esto, cerca ya del final y en plena etapa cumbre de su creatividad –la última de las tres en las que normalmente se divide su evolución musical- compuso una de sus obras cumbre: la Missa Solemnis, segunda composición de este estilo abordada por el compositor tras la misa en Do de muchos años antes. Es imposible explicar aquí la magnificiencia de la Solemne: sus descomunales proporciones, que la hacen inviable para la liturgia; el comienzo del Gloria, con escalas ascendentes que semejan ángeles remontándose en el firmamento; o el maravilloso solo de violín que da comienzo al Benedictus, quizá el momento más célebre, por sutil y delicado, de toda la partitura.
Yo quería referirme aquí a un momento concreto que siempre me ha llamado mucho la atención. En el cuarto número del Credo, se escucha nítidamente a los cantantes la presentación de la Tercera Persona: “Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur, qui locutus est per prophetas.” A partir aproximadamente de la mitad de la frase, el volumen de la música va ascendiendo, mientras el coro grita, cada vez con más fervor, “Credo, credo”. Y cuando uno espera la afirmación de fe en la Santa Iglesia, Católica y Apostólica, el mar de fondo es tan descomunal (especialmente con los vientos lanzados a toda máquina) que se hace imposible entender nada. Sólo vuelve el mensaje cuando súbitamente se callan los trombones y se oye “Creo en el perdón de las pecados”, que dará paso, unos segundos después, a la monumental fuga “Et vitam venturi saeculi”.
Sólo un genio como Beethoven podía realizar tamaña profesión de fe mediante un silencio. Quizá porque entonces su vida ya lo era. Cuánto lo admiro.
Bueno, va siendo hora de revitalizar un poco la alicaída sección de sexo de este blog. Y para ello, nada mejor que enviar al personal a un fantástico test que he encontrado hace un rato, y que está aquí. Me lo he pasado de maravilla haciéndolo, los que lo han propuesto no tenían mucho freno. Y no estoy descontento con mi resultado. Eso sí, en inglés.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/