Esta es la gruta de la sabiduría, el palacio del Sueño, entre lo simple y lo complejo, entre el espíritu y la barbarie.

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El musolari errante

Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.

Un Gigante de las letras

carpentier.jpgÚltimamente he roto mi regla de no leer muy seguidos dos libros del mismo autor (que no tengan ilación, claro) con dos obras de Alejo Carpentier: la primera, “Los pasos perdidos”, viaje iniciático a las fuentes del Orinoco que se transforma en una cuenta atrás telúrica hacia los orígenes del lenguaje, me sorprendió por su densidad y, sobre todo, me arrolló con el poderío de una prosa tan barroca como inimitable.

Ahora, tras una pequeña pausa llenada por Coraghessan Boyle y algún otro, me he metido de lleno en “El siglo de las luces”, comenzada en el ámbito tan querido por Carpentier de lo real maravilloso, y lanzada después a la epopeya de la Revolución francesa en un original contexto caribeño. Equidistante de la crónica social y la novela de viajes, sin temer lo escabroso, sin retroceder ante lo injustificable, la prosa de la novela semeja orquesta titánico ante el cual el lector no puede sino huir, o rendirse. Esta última fue mi opción, y la recompensa, aún unas setenta páginas de grandeza por visitar. Os dejo con un fragmento, no os asustéis, esta gran obra se disfruta, no se consume; se traga, pero antes se paladea, bouquet centroamericano…

“Pero nada era comparable, en alegría, en euritmia, en gracia de impulsos, a los juegos de las toninas, lanzadas fuera del agua, por dos, por tres, por veinte, o definiendo el arabesco de la ola al subrayarlo con la forma disparada. Por dos, por tres, por veinte, las toninas, en giro concertado, se integraban en la existencia de la ola, viviendo sus movimientos, con tal identidad de descansos, saltos, caídas, aplacamientos que parecían llevarla sobre sus cuerpos, imprimiéndole un tiempo y una medida, un compás y una secuencia. Y era luego un perderse y un esfumarse, en busca de nuevas aventuras, hasta que el encuentro con un barco volviera a alborotar aquellos danzantes del mar, que sólo parecían saber de piruetas y tritonadas, en ilustración de sus propios mitos… Alguna vez se hacía un gran silencio sobre las aguas, presentíase el Acontecimiento y aparecía, enorme, tardo, desusado, un pez de otras épocas, de cara mal ubicada en un extremo de la masa, encerrado en un eterno miedo de su propia lentitud, con el pellejo cubierto de vegetaciones y parásitos, como casco sin carenar, que sacaba el vasto lomo en un hervor de rémoras, con solemnidad de galeón rescatado, de patriarca abisal, de Leviatán traído a la luz, largando espuma a mares en una salida a flote que acaso fuera la segunda desde que el astrolabio llegara a estos parajes. Abría el monstruo sus ojillos de paquidermo, y, al saber que cerca le bogaba un desclavado cayuco sardinero, se hundía nuevamente, angustiado y medroso, hacia la soledad de sus trasfondos, a esperar algún otro siglo para regresar a un mundo colmado de peligros. Terminado el Acontecimiento, volvía el mar a sus quehaceres. Encallaban los hipocampos en las arenas cubiertas de erizos vaciados, despojados de sus púas, que al secarse se transformaban en pomas geométricas de una tan admirable ordenación que hubiesen podido inscribirse en alguna Melancolía de Durero; encendíanse las luminarias del pez-loro, en tanto que el pez-ángel y el pez-diablo, el pez-gallo y el pez-de-San-Pedro, sumaban sus entidades de auto sacramental al Gran Teatro de la Universal Decoración, donde todos eran comidos por todos, consustanciados, imbricados de antemano, dentro de la unicidad de lo fluido… Como las islas, a veces, eran angostas, Esteban, para olvidarse de la época, marchaba solo, a la otra banda, donde se sentía dueño de todo: suyas eran las caracolas y sus músicas de pleamar; suyos los careyes, acorazados de topacios, que ocultaban sus huevos en agujeros que luego rellenaban y barrían con las escamosas patas; suyas las esplendorosas piedras azules que rebrillaban sobre la arena virgen de la restinga jamás hollada por una planta humana. Suyos eran también los alcatraces, poco temerosos del hombre por conocerlo poco, que volaban en el regazo de las olas con engreído empaque de mejillas y papada, antes de elevarse de pronto para caer casi verticalmente, con el pico impulsado por todo el peso del cuerpo, de alas apretadas para caer más pronto. Alzaba el ave su cabeza en triunfante alarde, pasábale por el cuello el bulto de la presa, y era entonces un alegre sacudimiento de las plumas caudales, en testimonio de satisfacción, de acción de gracia, antes de alzar un vuelo bajo y ondulante, tan paralelo al movimiento del mar como lo era, bajo la superficie, el vertiginoso nadar de las toninas. Echado sobre una arena tan leve que el menor insecto dibujaba en ella la huella de sus pasos, Esteban, desnudo, solo en el mundo, miraba las nubes, luminosas, inmóviles, tan lentas en cambiar de forma que no les bastaba el día entero, a veces, para desdibujar un arco de triunfo o una cabeza de profeta. Dicha total, sin ubicación ni época. Tedéum… O bien con la barbilla reclinada en el frescor de una hoja de uvero, abismábase en la contemplación de un caracol —de uno solo— erguido como monumento que le tapara el horizonte, a la altura del entrecejo. El caracol era el Mediador entre lo evanescente, lo escurrido, la fluidez sin ley ni medida y la tierra de las cristalizaciones, estructuras y aternancias, donde todo era asible y ponderable. De la Mar sometida a ciclos lunares, tornadiza, abierta o furiosa, ovillada o destejida, por siempre ajena al módulo, el teorema y la ecuación , surgían esos sorprendentes carapachos, símbolos en cifras y proporciones de lo que precisamente faltaba a la Madre. Fijación de desarrollos lineales, volutas legisladas, arquitecturas cónicas de una maravillosa precisión, equilibrios de volúmenes, arabescos tangibles que intuían todos los barroquismos por venir. Contemplando un caracol —uno solo— pensaba Esteban en la presencia de la Espiral durante milenios y milenios, ante la cotidiana mirada de pueblos pescadores, aún incapaces de entenderla ni de percibir, siquiera, la realidad de su presencia. Meditaba acerca de la poma del erizo, la hélice del muergo, las estrías de la venera jacobita, asombrándose ante aquella Ciencia de las Formas desplegada durante tantísimo tiempo frente a una humanidad aún sin ojos para pensarla. ¿Qué habrá en torno mío que esté ya definido, inscrito, presente, y que aún no pueda entender? ¿Qué signo, qué mensaje, qué advertencia, en los rizos de la achicoria, el alfabeto de los musgos, la geometría de la pomarrosa? Mirar un caracol. Uno solo. Tedéum.”
03/05/2005 20:22 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

Homenaje en la Caída

lampard.jpgCuando estando ayer reunido con mis compañeros de la facultad en un encantador restaurante minimalista de Barcelona llamado “Smooth” recibí un mensaje donde se nos informaba de que el Liverpool había eliminado al Chelsea, la noticia se difundió por el corro como un reguero de pólvora, provocando una alegre algarabía que dice mucho de la escasa simpatía que entre los aficionados al fútbol suscita la filosofía de Abramovich y los modales de Mourinho.

Por supuesto, mi corazón estaba con ellos, y por una variedad de razones: todos somos un poco You’ll never walk alone, no me gusta el modelo que representa el Chelsea ni en lo puramente futbolístico ni en lo económico, es agradable que los culés no puedan decir que les ha eliminado el campeón, se verá casi con total seguridad en la final un duelo entre dos de mis tres medios centros creativos favoritos, Pirlo vs. Xabi, os dejo que adivinéis el tercero…

Sin embargo, en lo más profundo de mi corazoncito fan había una diminuta razón para el desagrado: la eliminación de la Champions significará probablemente el Balón de Oro para Sheva –excepcional punta de lanza, por otra parte- en detrimento del jugador que creo realmente lo merece este año, Frank Lampard. El mediocampista británico es para mí junto con Deco la aparición más importante en el fútbol mundial de los últimos tres-cuatro años, y dejo a mi pluma deportiva favorita, Su Santidad Segurola, la alabanza de sus virtudes. Ahí va:

“Frank Lampard se ha consagrado como el jugador más importante de Inglaterra, aunque sus colegas se resistan a admitirlo. En la votación efectuada por los jugadores de la Liga, su compañero el central John Terry fue elegido futbolista del año. Cualquiera que sea la valoración sobre Terry, cuya gran temporada es incuestionable, el rendimiento de Lampard ha sido superior porque ha afectado a todas las zonas del campo. De lo que se ha visto hasta ahora en Europa, no será fácil discutirle el Balón de Oro al centrocampista del Chelsea, que quizá sólo encuentre la oposición de Shevchenko, otra vez decisivo en la cabalgada final del Milan.

Lampard ha despegado esta temporada, pero su categoría se anunciaba hace tiempo. Hijo de Frank Lampard, uno de los futbolistas más carismáticos que ha dado el West Ham, su destino pasaba irremediablemente por jugar en el equipo de Upton Park. Toda la familia era hammer. Su tío, Harry Redknapp, también había sido una estrella de aquel equipo que dio gloria al fútbol inglés en los años 60. Tres de sus jugadores, y no tres jugadores cualquiera, formaron parte de la selección inglesa que ganó el Mundial 66. Eran Bobby Moore, Martin Peters y Geoff Hurst. O sea, el capitán de la selección inglesa, y los autores de los cuatro goles que sirvieron para derrotar a Alemania en la final.

Pero el joven Lampard llegó a un West Ham diferente, a un equipo que perdió la posibilidad de reeditar sus mejores días por las penurias económicas que ha atravesado en los últimos años. No se comprende cómo el West Ham descendió de Primera con un equipo que tenía a las mejores promesas de Inglaterra: Lampard, Glenn Johnson, Joe Cole, Jermaine Defoe y Matthew Carrick. La crisis en el club era tan profunda que el descenso se hizo inevitable y todas sus jóvenes estrellas fueron traspasadas. Lampard, Johnson y Cole terminaron en el Chelsea, donde han desarrollado todo su potencial.

A la cabeza de todos está Frank Lampard, 26 años, centrocampista integral, jugador que tiene todo el temperamento que se supone a los futbolistas ingleses y que añade cualidades impagables. Situado junto a Makelele en el eje del equipo, Lampard ha sido este año el centrocampista total. Fuerte, agresivo, con un físico compacto -1,83 metros y 80 kilos de peso- va a la guerra como el primero. Juega con una intensidad abrumadora allá donde se encuentra. Ayuda a los defensas con energía, se implica en el juego de medio campo con un fútbol inteligente y sencillo que combina pases de seguridad con una capacidad sorprendente para filtrar pases de gol al primer toque en los contragolpes del Chelsea. Y cuando le llega la hora, es temible en los remates de media distancia, tanto con la derecha como con la zurda, y en sus astutas llegadas al área, casi siempre por el segundo palo.

Lampard coronó su gran temporada el sábado, en el partido que dio el título al Chelsea. Marcó los dos tantos de la victoria frente al Bolton, el segundo tras recoger el balón en su área y recorrer 80 metros. Eran los últimos minutos y el desgaste había sido descomunal. Lampard recorrió el campo y sorteó al portero con toda naturalidad. En la siguiente jugada apareció como un tiro para ayudar a su lateral izquierdo e interceptar un ataque del Bolton. Así es Lampard. No ha sido elegido jugador del año en Inglaterra. Debería ser elegido jugador del año en Europa y llevarse el Balón de Oro”.

PD: Alguien sabe por qué Segurola ha dejado de ir a los chats de El País???
04/05/2005 09:08 Enlace permanente. Tema: Fútbol Hay 5 comentarios.

Sitios para perderse.

Otra vez mis ocupaciones me mantienen lejos de la blogosfera más de lo que yo desearía, pero para una semana que en que la docencia deja asomar la cabeza a la investigación tengo que aprovecharla. Un aspecto de mi ausencia en el que no había reparado hasta hoy es en que disminuye el número de visitas a los blogs que más me gustan y a los que soy más o menos fiel. Voy a intentar remediar esto parcialmente haciendo un poco de propaganda, al menos de los que tengo puestos en los links.

Comenzamos con el Lolaberinto, que tras la catástrofe de Blogalia (cuando las barbas de tu vecino veas pelar, haz un backup) ha sido abandonado; yo aún no lo he quitado con la remota esperanza de que su dueña algún día decida revivir el lugar más popular de nueva hornada. Alguna vez hemos reparado en la capacidad de Lola para aglutinar gente a su alrededor, y el ciberspacio no podía ser una excepción. De todos modos, a través de ella sé de la existencia del mundo cantautoril donde gente como Tiza o Miguel Domingo tienen unos foros cojonudos y son gratis.

En “Death shall have no dominion” (Dylan Thomas dixit) Irene se prodiga poco pero le sale la pasión literaria por todas partes, y otro tanto podemos decir de la soledad de Quitratúe, guarida de tigres, reducto de vates. Si lo que queréis es ilustraros, ese aprender deleitando que no por manido deja de ser deseable, daos un paseo por el Museo que es la Divina Comedia –Vailima, Beatriz…-, o por la Academia de Platón donde Tio Petros no sólo nos sorprende haciendo accesible lo inhumano sino incluso intentando hermanar al personal en el amor a las Mates, o por el Cuchitril Literario en sus dos versiones, donde Palimp comentará con acierto en las próximas semanas los quince o veinte libros que le quedan por leer, o, en fin, por Potsdam, donde Carl Philip convierte la brisa en música.

De los demás, pues los posts del caracol cada vez son más brillantes, alcanzando está el 3er dan de bloguero ya, mi compañero de despacho; y el post sobre Oliver Rodés en Reductio ab absurdum es quizá mi favorito; y el Lobo Rayado os lleva a las estrellas… Ahora bien, si queréis terminar con una sonrisa y el corazón en la mano, nada mejor que un post breve del Cuaderno, suave como terciopelo y rotundo como un disparo. Y de posdata, si tanta tempestad lírica puede con vosotros, echadle una ojeada al gemelo libreto azul, donde Inma nos devuelve al mundo donde, al fin, me gusta vivir: el del relativismo.

Saludos a todos.

Citando el ánimo

Bueno, iba a poner un test muy chulo que hay en el blog La otra cara de Barbie, pero se me ha borrado el comentario, así que lo dejo para otra ocasión. En otro blog de la misma calidad (magnífica), el de Emma, leí un post muy interesante sobre el msn, en el cual decía -en un tono ciertamente satírico- que los topics retratan a los individuos. A mí me ha parecido muy cierto, así que os dejo aquí una selección de topics que me he puesto últimamente, para que veáis cómo he andado estos meses:

- Nada está terminado hasta que termina bien
- Me giro y veo los campos en llamas
- Running scared
- Puta vida!!!!
- ...brilla el sol en el fondo de mi alma
- Dance me to the end of love
- Getting better
- Ni miedo ni esperanza
- Envejecer, morir... es el único argumento de la obra
- No sé distinguir lo complicado de lo simple

Por cierto, el actual es de una novela de Agatha Christie. "Nunca olvido", ni lo malo ni, sobre todo, lo bueno.

¿Vuestros mejores topics pleaze? :D

Hora de clase!

Vorágine interna

Recién llegado, hoy sólo pienso en un dolor como de hielo que baja mis pantorrillas hasta perderse, inmundo, en el sumidero inexplicable que son mis pies. Y mi espalda también grita, clamando, recordando a fuego y piedra la noche que, como últimas despedidas en Madrid, no fue más que extraña amalgama de oscuridad y surrealista lucidez con un toque onírico del cual sólo me sacó, dos, tres, cuatro veces, amenaza de desbordamiento úrico (hoy he leído que el alma está en la vejiga, porque es lo único que puede testificar, días después, la muerte de la oveja).

Y tampoco mi cabeza está donde le correspondería estar, estos dolores musculares, que en sí son esos temblores que me manifiestan los años ya pasados, son también prefacio-espero que espurio- de noche envuelto en el tormento de los delirios, como aquel inolvidable y asesino, terrible y veraniego, en que mientras mi cuerpo mortal era una y otra vez derrotado por una abrasadora madrugada, y mi piel se anegaba hora tras hora en un océano de sal, una montaña me desafiaba una y otra vez ; y yo, pobre insecto, cabalgando sin cesar durante horas un caballo de acero, de esos que nunca domé bien, para pedalear hasta lo más parecido a la cumbre de la consunción.

Espero que sean sólo falsas alarmas lo que me han llevado hoy a la letra impresa que veía tan inalcanzable hoy. Y si no, fever!!!!
17/05/2005 20:33 Enlace permanente. Hay 9 comentarios.

Strange days

Bueno, el malestar generalizado de ayer se me ha transformado en una de esas diarreas guerreras y puntuales que de vez en cuando convierten mi vida en una ruta turística por los watercloses del mundo. Pero aquí me tenéis, al pie del cañón, aunque duraré poco, porque mis obligaciones diletanteras me llevan a mi casa para seguir acumulando información futbolística, afortunadamente aparte ya del tristísimo y por todos conocido desenlace del título de Liga. En efecto, como aperitivo de la ¿Gran? Final de la Champiñons de la próxima semana, hoy se juegan la devaluada Uefa dos equipos de los que casi todos sabemos muy poco: por un lado el Sporting de Lisboa -al que la fortuna le ha deparado disputar el trofeo en su feudo, el José Alvalade- y por otro el CSKA, uno de los cuatro o cinco equipos moscovitas cuyo nombre he escuchado. ¿Qué significará CSKA? Ni idea. En fin, la cuestión es que naïvely apoyo a los rusos de entrada, primero por Sergei, un chico que viene a jugar a fútbol-sala con nosotros, y segundo but not least, porque el entrenador del Sporting se llama Peseiro, y no me guata nada como suena ese nombre. Pero como esto no tiene importancia realmente, al final mi equipo será el que se merezca mi apoyo por su juego. Mañana crónica quizás, apretón habemus!!!
18/05/2005 20:07 Enlace permanente. Hay 8 comentarios.

Revientalibros

Hola amiguetes. Os pido un poco de disculpa por la ausencia de varios días, pero entre la enfermedad que ya mentaba por aquí y el hecho de que ha habido problemas en el servidor de blogia, ha pasado lo que ha pasado, mi inmovilidad bloguera.

Hoy, en un post breve porque me tengo que ir de la Uni en breve, quiero advertiros sobre un fenómeno deleznable que vengo observando últimamente (o quizá es que antes no me importaba tanto y ahora sí, a lo mejor no es actual): me refiero a las contraportadas asesinas de los libros. Hace poco estuve leyendo "Desgracia" de Coetzee, un libro estupendo de un autor en el que tengo que profundizar, en una traducción bastante pasable. Desde hace meses o años, he adquirido la costumbre de intentar saber lo menos posible del argumento de los libros a los que he sido llevado por un interés no necesariamente argumental; por ejemplo, a Coetzee me llevó la fama que posee este escritor, y que estalló cuando le concedieron el premio Nobel hace unos tres años. Sin embargo, hay veces que los ojos atacan antes de que el cerebro lance el impulso de freno apropiado, y leí una frase de la contraportada. Querréis creer que el tío aludía con toda naturalidad a un acontecimiento que ocurría en la página ciento y pico de la novela (tiene 250 aproximadamente)? No es una novela de misterio, pero de todos modos me parece algo absolutamente indecente. Me gustaría poder dirigirme al tipo en cuestión para decirle: "por favor lo que tenga que decir sobre el libro hágalo en páginas interiores, y no me joda". No niego que unas líneas explicativas son útiles y atraen a posibles compradores, pero creo que hay límites bastante claros que no se deben traspasar: unas notas biográficas y una idea de la temática de la novela con las alabanzas de turno me parecen más que suficientes.

Por cierto, he leído en algún lado que Coetzee es el mejor escritor vivo en lengua inglesa desde que se murió Saul Bellow. No sé si creérmelo (el libro me gustó mucho, pero no me parece que vaya a elevarse a la categoría de clásico) pero esto da un poco idea del calibre del individuo. Curiosamente, el libro se desarrolla en Johannesburgo, y justo cuando iba a empezar a leerlo conocí en un autobús a una chica que se dirigía exactamente allí. Casualidades de la vida.

Hasta mañana.
23/05/2005 21:40 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

Un poema de pánico

Dario.jpgHace tiempo que no posteo un poema decente, así que vamos a poner el contador a cero. Este de hoy es de Antonio Machado, y su estilo está lejos tanto de la poderosa lírica del olmo seco hendido por el rayo como de la sátira del mañana efímero o de las breves agudezas de proverbios y cantares. De hecho, es un poema que aprendí siendo un mico y que me sorprendió precisamente por eso, porque estaba dedicado por el genio sevillano al grandioso Rubén Darío en la triste ocasión de su muerte, y como homenaje construyó su elegía rimada en el estilo modernista que hizo famoso al (y el) seductor nicaragüense.

Es un poema que aparece frecuentemente en mi vida de forma anecdótica, porque siempre se me viene a la cabeza cuando Rosa alude a un compañero suyo de trabajo llamado Darío; hoy ha aparecido en una conversación con mi compañero de despacho a propósito de Pan y el pánico (terror pánico), que por cierto también aparece en otro verso de Darío "Mientras Pan lleva el ritmo con la egregia siringa".

Buf, como me enrollo... A los que hayáis llegado hasta aquí, ahí va vuestra recompensa:

Si era toda en tu verso la armonía del mundo,
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?
Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,
corazón asombrado de la música astral,

¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno
y con las nuevas rosas triunfantes volverás?
¿Te han herido buscando la soñada Florida,
la fuente de la eterna juventud, capitán?

Que en esta lengua madre la clara historia quede;
corazones de todas las Españas, llorad.
Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,
esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.
24/05/2005 20:18 Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 9 comentarios.

Los pelos como escarpias

304831_MEDIUMLANDSCAPE.jpgSon las 12:30 de la mañana, llevo cuatro horas en la Facultad y todavía no se me va de la cabeza lo que tuve la fortuna de vivir anoche delante del televisor. Cuando uno ve un partido como el de ayer, cuando es testigo de cosas como las que ocurrieron anoche en el estadio Atatürk de Estambul, puede decirse que nada de lo demás tiene importancia. A uno puede gustarle su trabajo, llevar una vida gris, interesante, feliz, triste, tener unas relaciones personales quizá satisfactorias, otras veces deleznables, a menudo las dos cosas a la vez. Pero cuando uno se encuentra con cosas como la de anoche, con esas ocasiones únicas en que el fútbol se eleva sobre todo lo demás y se convierte en algo mucho, muchísimo más grande que la misma vida, sólo se puede sentir como todas las convicciones se tambalean, el espacio-tiempo se retuerce como Einstein jamás lo soñó, y cualquier estado mental se ve sustituido por otro que llena todos los rincones: la empatía.

¿Cómo pueden vivirse tantas novelas, tantas películas, tantos SUEÑOS, en un periodo tan limitado de 90 minutos., en un rectángulo esperanza de 90x120 metros como mucho, en una ciudad que la que nunca he estado, llevado en volandas por 22 individuos a los que no conozco y con los que jamás intercambiaré ni una palabra?

Querría contar todas las historias que allí se vieron… Las interpretaciones más obvias, la opulencia del rico contra la humildad del pobre, una squadra a cuyo mando está el Presidente de la República, y un equipo cuya masa social es obrera, rota por el desempleo y la falta de horizontes.. Aunque como siempre, aparezcan los matices: de acuerdo que el Milán tiene mucha pasta, pero la ha gastado bien, con criterio, y manteniendo durante años a un entrenador de la casa; y ese entrenador, a su vez, apostando por llenar el equipo de peloteros y tratar de practicar un buen fútbol. La prueba es ese fútbol preciosista, de encaje y tiralíneas, que se puede personalizar sin problema en el tercer gol de la final: pase homérico del cirujano Kaká, toque sutil, indefendible y letal del Valdanito, el futbolista que está para hacer exactamente eso.

Y enfrente, ese Liverpool no tan opulento, no tan poderoso, pero tampoco ningún don nadie desde un punto de vista económico: consiguió, con algo de antelación, al mejor goleador de la Eurocopa, Baros (que de momento no está respondiendo a las expectativas), al incisivo Cissé, en el dique seco casi toda la temporada, o al prodigioso Xabi Alonso. Pero sí es cierto que en el drama representó el pobre a la mesa, el convidado de piedra. Este equipo, tetracampeón a finales de los años 70 y principios de los 80, fue perdiendo jugadores, prestigio y dinero por su negativa a plegarse a la mercadotecnia que preside el fútbol actual; a cambio, pudo disfrutar en todos estos años de la mejor afición de Inglaterra, el Red Army, que desde la mítica grada de The Kop ha acompañado a los rojos en lo que ha sido una durísima travesía del desierto, sólo rota por el fogonazo de la Copa de la UEFA hace dos años, en la que derrotaron al Alavés en la mejor final vista por el que esto escribe (5-4!!!!).

Un titular decía hoy “Todos somos el Liverpool”. Despojando a la frase de lo que de doloroso debe de tener para los hinchas milanistas, o sea contextualizándola, se me ocurren un montón de razones que la hacen hoy más cierta que nunca. Casi todas tienen que ver con hechos, sentimientos y vivencias más o menos ajenos al fútbol, que en noches como ésta están contenidos en él (por eso quizá es el mayor fenómeno moderno a nivel planetario). En primer lugar, ese sentimiento tan humano, tan instintivo, de ponerse siempre en el lugar del débil, así comienza el afecto, con el silbido inicial. Después, durante la contemplación del primer tiempo en que el Milán arrolla apoyado en un juego tan preciosista como matemático, recordamos que todos nos hemos sentido alguna vez apabullados –síndrome de Stendhal- por la perfección, pero rara vez puede uno identificarse con ella, más fácil es hacerlo con los pobres futbolistas scouses que desde la hierba son espectadores privilegiados de las maravillas de Kaká y compañía. Y después, por supuesto, la épica de la remontada, nada es comparable a ello, David contra Goliat, devolviendo golpe por golpe; y sacándolo del corazón, del coraje, algo a lo que en principio todos podemos aspirar. Y como en las malas películas, que lo son porque no reflejan una vida que casi nunca es así, asistíamos con el corazón encogido al acoso rossonero de la prórroga, y a la certeza de que el gol llegaría en cualquier momento, cerrando así, con la lógica del poderoso, una ilusión que cada vez veíamos más imposible. Pero no, Shevchenko había fallado lo imposible, había terminado la agonía y todos estábamos allí, aún vivos. Y como Indiana Jones a las puertas del Grial, como Frodo en el monte del Destino, estábamos frente a frente al enemigo. Supervivientes, heridos y sabios, mirando a los ojos a quien no nos había aplastado, y jugándonos el título de igual a igual.

Todos esos sentimientos se mezclan con los recuerdos, y nuestro corazón se llena de algo muy humano de lo que el Liverpool va sobrado, y que aunque no se vea ni se toque, es realmente lo que les ha mantenido de pie: la Mística, enraizada en los mismos fundamentos, ahora ya no tanto de la vida como del fútbol o el deporte en general: recordamos cosas como que el vestuario del Liverpool es mucho más pequeño que el del equipo visitante, como señal de respeto y hospitalidad, pero que a la vez dichos visitantes se encuentran un intimidatorio This is Anfield! antes de saltar al césped; recordamos al autor de la frase, Bill Shankly, inmortal en granito en la puerta del campo y constructor destacado de todos estos sueños; tenemos presente la longevidad de los entrenadores, signo inequívoco de que aquí, como decía Kipling, se considera a la derrota y la victoria como los impostores que realmente son; en fin, aunque nos duela reconocerlo, nos caiga mejor o peor la pérfida Albión, ellos fueron los inventores de la maravilla.

Y así llega la tanda de los penaltis, la suerte o la confianza. Y cuando el bailarín Dudek detiene el último vemos, quizá por primera vez en nuestra vida, como una historia hermosa e imposible, quizá hermosa por imposible o más probablemente imposible por hermosa, acaba como la mejor de las historias de Disney. Y ganan los buenos, saliendo vencedores y llevándose a la más hermosa de las chicas (miradla en la foto, con sus orejas) mientras los malos, que en realidad no lo son tanto sino que han adquirido, como tantas veces en la vida, ese papel, yacen en la hierba, resignación y rabia, mientras reflexionan sobre el fatum que en el mar de éxitos pasados y futuros les ha señalado con una pequeña isla de horror sin fin que no pueden quitarse de encima: el presente.

Y también el bosque nos deja ver los árboles: Rafa y Xabi, ya nunca profetas en su tierra, y leyendas vivas para la que ya siempre será su gente; Jerzy Dudek, en su canto del cisne, de espantajo a titán en un segundo, la portería es un estado de ánimo; Kaká y Pirlo, gente señalada por los hados para la excelencia, cristal de bohemia primero, juguetes rotos después; Gerrard, Capitán con mayúsculas, dejándose para, al final, haber sido digno del brazalete glorioso que que portaba o, en fin, Sheva, grande entre los grandes, demostrando que nunca hay que volver a donde se fue feliz, y que en punto de penal, en la suerte suprema, sabe ya lo que es beber el néctar que convierte en dios, y también apurar el cáliz de hiel que envía a las tinieblas.

Ya está todo escrito, filmado, comentado… Mirad crónicas, Trueba y Segurola han vuelto a merecerse su fama. Como dije arriba, espacio y tiempo vivos, mutantes: el césped de Constantinopla terreno mágico, enorme y acotado donde tantas cosas se dilucidaron, siete minutos un mundo, y sin embargo la Historia escrita más rápido que nunca, tanto que lo vemos, como si pudiéramos apreciar el movimiento en las saetas de un carillón. No hay nada más que decir.

Bueno sí, que nunca andarán (o andaremos) solos, ni los reds –permanentes o, como yo, fugaces- , ni los que amamos tanto este bendito deporte, ni los que siempre le pedimos un poco más a la vida. Bien pensado, creo que somos los mismos.
26/05/2005 16:05 Enlace permanente. Tema: Fútbol Hay 6 comentarios.

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