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Anteanoche me terminé un libro que me ha causado una impresión fuera de lo común, más allá de su calidad literaria, que es normal, ni de su ¿trama? que es nimia. Se trata de “Fiebre en las gradas”, de Nick Hornby, y describe su vida como aficionado del Arsenal y maniaco del fútbol en general. A este tipo lo conocí como autor de la novela en la que se basa la fresquísima peli “Alta fidelidad”, y no pensaba que alguien que le hubiera dedicado tanto tiempo a la música pudiera tener otra afición que, según propia confesión, es al menos tan absorbente (de hecho mucho más). Lo que me ha marcado del libro es la cantidad de veces que me he sentido identificado con el autor relatando sus cuitas y alegrías con el júrgol, cosas tan extrañas, a veces tan maravillosas, otras tan patéticamente pueriles, que difícilmente hubiera conseguido confesarme sinceramente ni a mí mismo si no las hubiera visto escritas por otra persona.
Ya se conoce el nombre de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2004: se trata de la escritora austriaca Elfriede Jelinek. La verdad es que hoy ha salido la conversación y nos (me) he(mos) estado cachondeando un poco de la tendencia de los miembros del jurado a premiar a gente que no la conoce ni su padre. Cuando he visto a quién le habían dado el premio, cosa que ha ocurrido después de la charla, he pensado exactamente ese tipo de cosas. Pero luego, cuando he buscado un poco por la Güeb y he visto que es la autora de la novela en que se basa la peli "La pianista" y que es colaboradora del cineasta Michael Haneke, me he tranquilizado un poco. Al menos, esa película (aparte de su temática, que como mínimo es desagradable) tiene un sustrato ético-moral cuando menos sólido y complejo.
Quería escribir algo sobre Valentino Rossi (el "Doctor" casi por antonomasia, y que me perdonen los fans de "La jungla de asfalto")y su impresionante victoria en el mundial de motociclismo, que entre otras cosas ha conseguido que yo siga el motociclismo y, lo que es más increíble, que haya llegado incluso a emocionarme con él. Sin embargo, el impulso iniciar de escribir ha sido arrinconado por un problema de Mates y un ataque de burocracia que me ha hecho imposible explayarme como es debido sobre el tema. Sin embargo, el otro día encontré la solución, sin buscarla: un artículo de Sebastián Álvaro que consigue relatar la hazaña dándole el tono épico, casi heroico, que requería. Os dejo con él, definido como una pluma ilustre (además de aventurero loco, por algo dirige "Al filo de lo imposible") por algún habitual de este blog.
Hace unos días me llevé una desagradable sorpresa cuando comprobé que algunos CD’s de datos, que yo tenía guardados en la correspondiente funda con el fin de que no se deterioraran, habían sufrido el azote implacable del Tiempo, que los había prácticamente inutilizado. En particular, uno de ellos, que contenía gran cantidad de información con valor tanto objetivo como sentimental (y a menudo de los dos tipos) era absolutamente ilegible tanto en mi ordenador de sobremesa como en éste portátil desde el que escribo ahora mismo. Así, como último y desesperado recurso, decidí llevármelo a la Facultad e intentarlo allí. Más concretamente, el razonamiento fue del tipo: “Este CD está hecho polvo; el ordenata de mi despacho también. A lo mejor se llevan bien uno con otro, menos por menos más y todas esas cosas” Y dicho y hecho, hice la prueba y voilà! Increíbles, insondables las leyes de la informática me han permitido recuperar todos mis datos, que casi para siempre creía ya perdidos.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/